Decano del Col·legi d’Enginyers Graduats i Enginyers Tècnics Industrials de Girona

El presente y el futuro de la ingeniería

25 de Julio de 2026
Jordi Fabrellas 001

Vivimos en una sociedad que afronta retos tan diversos como son la transición energética, la inteligencia artificial o la aplicación de la tecnología a las necesidades. Todos comparten un elemento en común: necesitan personas capaces de transformar el conocimiento en soluciones. Esta es, precisamente, la razón de ser de la ingeniería.

 

Escoger estudiar ingeniería es mucho más que optar por una carrera universitaria. Es decidir formarse para combinar ciencia y práctica para transformar ideas en soluciones tangibles, resolver necesidades y problemas, y participar en primera línea en la innovación y la investigación tecnológica. Los estudios de ingeniería no solo proporcionan conocimientos técnicos, te enseñan a tener una alta capacidad resolutiva, un pensamiento lógico, analítico y crítico, muy valorado en el ámbito empresarial y el de la innovación.

No es casualidad que hoy las empresas busquen más ingenieros que nunca. La transformación digital, la industria avanzada, la movilidad sostenible o las infraestructuras inteligentes generan una demanda creciente de profesionales con esta formación. En este contexto, estudiar ingeniería continúa siendo una de las apuestas con más proyección de futuro.

 

"Estudiar ingeniería es mucho más que optar por una carrera universitaria. Es decidir formarse para combinar ciencia y práctica para transformar ideas en soluciones tangibles"

Ahora bien, precisamente porque se trata de una decisión importante, conviene disponer de toda la información antes de escoger un grado universitario. Con la implantación del Plan de Bolonia, los estudios se reorganizaron en grados de cuatro años y másteres de especialización con el objetivo de unificar criterios de los estudios universitarios a escala europea. A pesar de ello, en el campo de la ingeniería esta aplicación no siempre ha alcanzado los objetivos previstos.

La oferta actual es extraordinariamente amplia. Al lado de los grados tradicionales de ingeniería mecánica, electricidad, electrónica y automática, química y textil, han aparecido nuevas titulaciones. Esta diversidad es positiva porque responde a nuevos sectores emergentes, pero también puede generar confusión si no se explican adecuadamente las diferencias entre competencias y atribuciones, ya que esto implica poder ejercer o no determinadas actividades profesionales.

Es esencial que quien quiera elegir un grado en Ingeniería conozca no solo las competencias que adquirirá, sino también las salidas profesionales y el acceso a profesiones reguladas. Una falta de coordinación entre el mundo académico y profesional genera confusión. Las nuevas titulaciones como Energía, Materiales, Biomédica o Tecnologías Industriales, entre otras, no permiten ejercer plenamente ni la profesión de la ingeniería técnica industrial ni la de ingeniería industrial, y puede ser limitante para alguna tipología de proyectos. En estos casos, para adquirir atribuciones se deben complementar con los créditos que hagan falta para obtener un grado de ingeniería habilitante, que les dará la profesión de ingeniero técnico industrial o hacer un máster en Ingeniería Industrial, que les dará la profesión de ingeniería industrial.

En definitiva, los estudios de grado en el caso de la rama industrial, que nos ocupa, dan el título de graduado en Ingeniería y, esta titulación, por el hecho de disponer de la titulación de ingeniero, da acceso al mundo del trabajo en empresas, docencia, administración, despacho profesional... y además, a poder hacer un máster de especialización si se quieren ampliar las capacidades y especialidades. El hecho de cursar un máster permite especializarse y profundizar en campos concretos de conocimiento.

Cuando un estudiante toma la decisión de escoger un grado de ingeniería lo hace utilizando la información disponible y con libertad de elección. Esto es la esencia de lo que hacen los ingenieros, estudiar cómo optimizar los recursos de la sociedad y mejorar su competitividad. Y no se debe olvidar que: no tomar decisiones es peor que cometer errores.

Mirando hacia adelante, la ingeniería continuará evolucionando. El modelo del ingeniero que trabajaba principalmente desde un despacho propio convive cada vez más con equipos multidisciplinares integrados en grandes empresas y centros tecnológicos, donde se combinan conocimientos muy diversos para afrontar desafíos globales. La transición energética, la biotecnología, la digitalización o la inteligencia artificial marcarán buena parte del futuro de la profesión.

"Ningún algoritmo puede sustituir la creatividad, el juicio técnico, ni la capacidad de valorar las implicaciones sociales, económicas y éticas de las decisiones que caracterizan la ingeniería"

La inteligencia artificial, en particular, ya está transformando la manera de diseñar, calcular y gestionar proyectos. Es una herramienta extraordinaria para acelerar procesos y analizar grandes volúmenes de información, pero sigue necesitando el criterio, la experiencia y la responsabilidad de las personas. Ningún algoritmo puede sustituir la creatividad, el juicio técnico, ni la capacidad de valorar las implicaciones sociales, económicas y éticas de las decisiones que caracterizan la ingeniería. 

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