¿Te duele la rodilla, especialmente después de caminar... o de estar mucho tiempo de pie? ¿Notas un crujido o una sensación de rozamiento? ¿Te cuesta estirar o doblar totalmente la rodilla? Si estás diciendo que sí con la cabeza, tienes muchas posibilidades de tener artrosis de rodilla.
¿Qué es exactamente la artrosis de rodilla? Es una enfermedad que suele llegar con la edad y que, a pesar de ser degenerativa, se puede tratar de diferentes maneras. La característica principal es el desgaste del cartílago, el cual se encuentra en los extremos distales de los huesos, en este caso en la parte distal del fémur. El cartílago es un tejido que hace la función de amortiguación, de absorción de las fuerzas, y este desgaste provoca que los huesos empiecen a rozar, hecho que desencadena el dolor, la limitación, la rigidez, etc.
Efectivamente, el cartílago se puede regenerar, pero con el paso del tiempo, la capacidad del organismo de regenerarlo y producir uno con las mismas características y que absorba las fuerzas es imposible. Por lo tanto, este desgaste se produce por una cuestión de edad y, sobre todo, también por la actividad que se ha desarrollado, el peso que ha soportado y el impacto que ha recibido.
Aparte del envejecimiento y la edad, hay otra causa que es muy importante: las lesiones previas en la rodilla, así como las intervenciones previas. Además, el sobrepeso y la obesidad hacen que la rodilla tenga que soportar más carga y, obviamente, el deterioro es progresivo. También hay causas mecánicas, como el arqueamiento de las piernas.
La característica principal es el desgaste del cartílago, el cual se encuentra en los extremos distales de los huesos, en este caso en la parte distal del fémur
En estos casos, la distribución de las fuerzas en la rodilla no se realiza de manera homogénea, sino que la rodilla carga más en una zona o en otra y este hecho acelera el desgaste del cartílago. Para prevenirlo, la única medida preventiva demostrada con evidencia es hacer un cambio del estilo de vida: control del peso, ejercicio regular, dieta sana, evitar tóxicos...
¿La artrosis afecta más a las mujeres o a los hombres?
Está demostrado que las mujeres tienen entre dos y tres veces más riesgo de sufrir artrosis que los hombres. Y pasa por causas básicamente hormonales. Las hormonas -los estrógenos- son unos protectores del cartílago y con la menopausia se produce una disminución de estrógenos y un deterioro de estos, hecho que revierte en una protección más débil del cartílago.
¿Cuál es la señal de alarma que nos podría hacer intuir que sufrimos artrosis?
El principal síntoma es el dolor. Inicialmente, acostumbra a ser leve y se suele desencadenar -por ejemplo- después de una pequeña actividad física: una caminata, un paseo, una salida a buscar setas... Más adelante, este dolor se acostumbra a hacer más intenso y después ya hablamos de limitación de movilidad. Son rodillas que, a veces, cuesta más estirarlas, y el paciente también puede sentir crepitaciones, ruidos, inflamación; puede darse también una formación de líquido dentro de la rodilla, o bien que esta está caliente, roja...
¿Cuáles son los tratamientos actuales?
El abanico de tratamientos existentes es muy amplio: va desde la fisioterapia a la intervención quirúrgica para poner una prótesis, pero también pasando por opciones de medicación, infiltraciones, ortopedia o regeneración con células madre. Por eso, la edad, el peso, la actividad física que hacemos... afectan de manera determinante.
¿En qué consiste el tratamiento con células madre?
Este tipo de tratamiento hay que ubicarlo en el marco de las infiltraciones. Existe la opción de inyectar cortisona, ácido hialurónico, plasma rico en plaquetas o células madre. La respuesta del paciente, depende del grado de artrosis. Si está muy avanzado, por mucho líquido que le pongas, la respuesta será muy complicada. A escala estándar, los resultados en infiltraciones están alrededor de los 6-12 meses.
¿Qué herramienta de diagnóstico se emplea?
Hoy en día el diagnóstico de la artrosis se puede hacer tranquilamente con una radiografía, de hecho con un estudio mediante diferentes radiografías. No es imprescindible hacer una resonancia magnética.
Cuando te llega un paciente con mucho dolor en una rodilla, ¿qué hay que hacer?
La exploración física de ambas rodillas es obligada e imprescindible porque las rodillas son elementos simétricos. Cuando los tratamientos previos y conservadores no funcionan ni tampoco las infiltraciones, no queda ninguna otra opción que plantear la intervención de poner una prótesis. En cuanto a ventajas, implica la disminución del dolor, la ganancia de movilidad y el retorno a las actividades cotidianas sin tanta limitación. En cuanto a los inconvenientes, es una operación que implica un ingreso y un procedimiento anestésico. Todo esto a veces puede generar estrés psicológico al paciente. Y se pueden dar también las complicaciones de la intervención en términos de infecciones y a veces puede aparecer dolor después de la operación.
¿Después de pasar por quirófano el dolor desaparece?
A veces ocurre que una persona se opera de una prótesis y al cabo de un tiempo, esa rodilla -a pesar de haberse operado y de llevar una prótesis- sigue doliendo, sin una causa aparente. Y eso es muy difícil de prever. En consecuencia, hay un porcentaje bajo de pacientes que no están del todo satisfechos después de la intervención. El período más complicado suele ser los dos o tres primeros meses, cuando la rodilla todavía está un poco hinchada, rígida, inflamada o adolorida y es este período durante el cual más se trabaja en términos de rehabilitación.
¿Cómo son las prótesis?
Una prótesis es una rodilla de metal. Al final está formada por dos componentes: uno metálico que va al fémur y a la tibia -normalmente es una aleación de metales y es crómico oval- y luego hay una parte, otros implantes, que son de plástico -que es un polietileno- que permite el buen encaje de las dos piezas. Por lo tanto, la rodilla de origen no se retira, se hacen unos cortes en la parte externa del hueso -se recorta con un molde que hace que la prótesis encaje bien- y este procedimiento se lleva a cabo tanto en el fémur, como en la tibia como en la rótula.
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