Ariadna Font Llitjós (Barcelona, 1974) ha vivido en primera persona la desaparición de Twitter, lo que pretendía ser “la plaza pública del mundo”. Licenciada en traducción e interpretación por la Universitat Pompeu Fabra, Font lideró, en 2019, un equipo de un centenar de ingenieros para crear el área de ética algorítmica de la plataforma. Pero a Elon Musk, cuando adquirió Twitter en octubre de 2022, no le gustó la idea. Fue entonces cuando Twitter se convirtió en X, cuando despidió a miles de personas -entre ellas, Font- y solo hay que entrar en esta popular red social para ver en qué se ha convertido; según la ingeniera catalana, “el megáfono de Musk, donde puede decir lo que quiere y donde la gente le aplaude”.
Hace cuestión de minutos, ha expuesto cómo acercarnos hacia una inteligencia artificial general de manera responsable. Si el actual propietario de X hubiera asistido a la ponencia probablemente le habría explotado la cabeza.
(Ríe). No, no lo creo, porque pasa de todo. Pasa también de la IA responsable y pasa de todo esto, por lo tanto, no le explotaría la cabeza, simplemente pasaría.
¿Por qué cree que pasa?
Es difícil de entender, pero la gente de Silicon Valley está metida en una burbuja y tienen un miedo... Musk tiene miedo de la IA, pero a la vez no puede dejar de querer ser el primero. Aunque sea destruir el mundo, pero quiere ser el primero. Y saben que la IA puede destruir el mundo, lo hablan y lo comentan, pero dicen, “si lo tiene que hacer alguien, al menos que sea yo”. Cuando hablo en plural es porque Musk no es el único, hay un par más que están en esta carrera desenfrenada de la que no saben cómo salir. No se sabe muy bien dónde acaban sus intereses personales y profesionales.
"Musk tiene miedo de la IA, pero a la vez no puede dejar de querer ser el primero"
¿Considera X un caso de falta de responsabilidad?
A ver, seguro que hay este componente, pero más allá de eso, considero que se trata de un cambio de objetivo. El Twitter antiguo, el original, quería ser la plaza pública del mundo, suena muy utópico, pero es que era así. Jack Dorsey, que era el fundador y consejero delegado cuando yo estaba allí, era una persona muy hippie y él consideraba que Twitter tenía que ser como la electricidad y que todo el mundo tenía que tener acceso. Y pasó de eso, a que viniera la persona más capitalista del mundo. Fue un cambio muy bestia, de un extremo al otro, y Musk consiguió lo que quería, un megáfono para poder decir lo que él quisiera, que la gente le aplaudiera, manipular el discurso también político... estaba jugando al Monopoly, y Twitter es una pieza de su imperio, entonces le importa un bledo. La IA responsable no entra en su esquema mental.

Desde que Twitter es X, muchos usuarios lamentan el aumento de noticias falsas. Por mucho que esta plataforma fuera un espacio idílico, ¿no cree que, para informarse, ya están los medios de comunicación?
A ver... una cosa que me choca bastante, de hecho, es que los medios de comunicación catalanes todavía estáis en X. ¿Qué hacéis allí? Dígamelo usted, ¿por qué continuáis allí?
Esta entrevista saldrá publicada en X, pero también en Bluesky.
Es muy fuerte, ¿no? Hay mucha gente que ha decidido irse de X, pero, en cambio, creo que para Catalunya sigue siendo un punto de encuentro, que al final es la idea original de Dorsey. Los diarios tenemos que esperar a que se publiquen, es cierto que los digitales son más rápidos, pero la gente no tiene el hábito de ir al diario cuatro o cinco veces al día, y menos los jóvenes. Ahora todo el mundo busca el segundo a segundo, y si está pasando algo en la otra punta del mundo, pues quiero tener la versión cruda, la original, de la gente que está allí. Esto es lo que se hacía en el Twitter de antes, sin filtros y sin nadie con intereses políticos de por medio. Entonces me choca que mucha gente todavía esté allí, y pienso que quizás es porque aunque lo hayan intentado destrozar, todavía queda la esencia.
¿Es por este motivo que alternativas como Bluesky no han acabado de despegar?
Pienso que ha sido por un tema que la gente no se ha querido sumar. Ustedes han sido responsables y lo han hecho, pero yo creo que hay medios que ni lo han hecho. Tiene que haber esta crítica a Musk para poder tener este efecto de flywheel, y que la gente se vaya sumando y la bola se haga grande. Twitter no nació de la nada, también hay mucha inercia, todo el mundo tiene sus contactos, sus listas... y si no dejas de publicar allí, pues no te vas a otro sitio. Para mí es decepcionante que no hayan nacido más iniciativas como Bluesky, pero yo no lo desestimaría, porque todo esto lleva tiempo y la gente tiene unos hábitos, y el día que Musk la líe gorda, toco madera para que haya un éxodo.
"Hay mucha gente que ha decidido irse de X, pero, en cambio, creo que para Catalunya sigue siendo un punto de encuentro"
¿En qué consistió exactamente su paso por Twitter?
Yo lideraba el equipo de aprendizaje automático -machine learning-, que estaba formado por unos 100 ingenieros. Concretamente, tenía siete equipos, todos en Estados Unidos, y nuestra tarea era crear la infraestructura y las herramientas para que el resto de ingenieros de Twitter pudieran usar modelos. Era como un servicio interno.

¿Llegó a dialogar con Musk?
No, nunca. Cuando llegó, empezó a hacer barbaridades, y yo pensaba, cuanto más lejos mejor. Es el típico que si te llama tienes que ir, pero si no, te escondes debajo de la mesa.
¿Barbaridades?
Lo primero que hizo al llegar fue pedir que todos los ingenieros imprimieran su código en papel, porque lo quería revisar. Entonces, primer problema, no estábamos en Silicon Valley, Twitter era muy remote first y estábamos todos repartidos. Segundo, ¿imprimir el código en papel? (ríe). Todos los ingenieros pensaban “¿pero qué dice este hombre?”. Además nos dijo que estuviéramos atentos porque nos llamaría uno a uno para revisar el código, y había gente que lo imprimió, gente que no... un caos. Y es que, además, ¡era una organización de 2.000 personas! Está como una cabra.
Teniendo en cuenta el poder que tiene, ¿considera a Musk una amenaza?
Una amenaza a la humanidad, sí. Sé que hay una cierta admiración hacia él, porque es muy bueno cogiendo proyectos que ya existen y haciéndoselos suyos, apropiándose de la propiedad intelectual de otros y venderlo como suyo... es el típico que quiere estar en el centro y, para mí, es una amenaza, porque él no se parará a pensar “ostras, un momento, ¿esto deja a medio mundo malparado?”. No, le es absolutamente igual.
Respecto a Alinia AI...
¡Gracias! (ríe). Odio hablar de Musk.
... ¿es similar a aquello que quiso impulsar en Twitter, pero en el tejido empresarial?
Alinia AI ha consistido en seguir la preocupación de hacer un buen uso de la IA. Es una herramienta, y el problema que tiene la mayoría de la gente es que no sabe usarla. En su día, en Twitter usamos un algoritmo que perjudicaba desproporcionadamente a la gente de color. Evidentemente, no lo habíamos diseñado así, pero esta era una consecuencia real, y eso es muy fácil que pase sin que tú lo quieras. Es muy fácil acabar haciéndose daño, y a partir de mi experiencia y de ver cómo estaba evolucionando todo, vi que las empresas también podían sufrir, y quise crear un marco de ayuda, y eso es lo que estamos haciendo en Alinia AI.

¿Cree realmente que existe la posibilidad de que la IA escape de nuestro control? En caso de que sí, ¿por qué se sigue desarrollando? En caso de que no, ¿por qué se crean estas alarmas?
Claro que existe esta posibilidad, de hecho, ya está pasando. El caso de OpenAI y Hugging Face es un ejemplo fascinante, y hay más ejemplos. Entonces, ¿por qué continúan desarrollando IA? Pues porque quieren ser los primeros en hacerlo. Así de claro. Después de la dimisión de Coxon, Dario Amodei vio que la situación era grave y quiso hacer un llamamiento a la desaceleración y a poner un poco de orden porque veía que la situación se nos está escapando de las manos. Ahora bien, ¿por qué lo quiso intentar, si después no ha parado? Buena pregunta.
Hasta hace no mucho, toda evolución tecnológica era una buena noticia. Desde que conocemos la IA y el ritmo al que puede evolucionar, quizás no todo es motivo de alegría.
Si se fija, con las armas nucleares, que es otra comparación que se hace, es similar. La energía nuclear nos ayuda en muchísimos ámbitos, pero, ¿podemos decir que no es peligrosa? Claramente no. Es una cuestión de gobernanza y de control. En este sentido, creo que la gran diferencia es que, por algún motivo, se vio que la energía nuclear se tenía que coordinar globalmente, y en el caso de la IA nos estamos rindiendo porque vemos imposible encontrar un acuerdo global. Estamos en un contexto geopolítico muy tenso y lo que necesitamos es una gobernanza a escala global porque no sirve de nada que unos desaceleren el desarrollo de la IA si China no se detiene, o viceversa. Creo que se podría aplicar el mismo protocolo que con la energía nuclear, no sería tan diferente, pero, nuevamente, el protocolo lo tendría Trump. No sería un escenario mucho mejor.
Según Trump, el único mecanismo de control que necesita la IA es “un presidente fuerte e inteligente”...
Es que quizás por eso no hay coordinación global, porque darle las llaves a Trump quizás es aún peor idea... así estamos.
A propósito de esto, ¿en qué posición queda Europa?
Europa nos deja en una posición en la que nos gusta mucho hablar, pero no hacemos nada. Cabe decir que el ámbito regulador pienso que lo estamos desarrollando bien, porque estamos haciendo una regulación que incide en el impacto y el uso de la tecnología. Estamos haciendo las cosas con cabeza, nos estamos asesorando bien y la AI Act tiene sentido, pero... si nos encontramos en un momento en que las fuerzas geopolíticas son muy importantes, ¿qué tenemos en Europa? Está la apuesta de Francia, que es muy fuerte, la de Alemania, pero creo que nosotros nos estamos quedando un poco atrás. Y talento y ganas hay, sin duda, pero creo que es más bien un problema de inversión, de cultura y de mentalidad.
"Europa nos deja en una posición en la que nos gusta mucho hablar, pero no hacemos nada"
¿Es la inversión la principal barrera con la que topamos?
Es un problema que siempre hemos tenido. Aquí no hay tanta inversión privada como por ejemplo en Estados Unidos, y eso nos condiciona mucho porque aquí somos unas cuantas empresas que intentamos hacer cosas, pero en un ecosistema más pobre y con menos recursos. Mistral sería la excepción europea, pero pocos proyectos más hay con esta capacidad.
Si en 2030 la vuelvo a entrevistar, ¿qué cree que le estaré preguntando?
Yo le puedo decir qué querría que me preguntara (ríe). Ojalá en 2030 estemos en una situación en la que la IA haya servido para mejorar la calidad de vida de todas las personas, en vez de cuatro ricos que están chalados. La capacidad de la IA de mejorar el mundo es muy clara, podemos tener modelos más sostenibles y más limpios, también en clave medioambiental. Imagine un mundo donde pudiéramos hacer lo que más nos gusta casi todas las horas del día, quizás tendríamos que dedicar una hora del día a revisar alguna tarea de la IA y ya. Podemos ir hacia allá, pero no iremos accidentalmente.

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