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Arquetipos de venta: redibujando el papel del humano

Según McKinsey, más del 70% de las iniciativas de transformación comercial no generan el impacto esperado, en gran parte porque se enfocan en herramientas y no en rediseñar el modelo de venta

Una pareja observa el escaparate de un centro comercial | iStock
Una pareja observa el escaparate de un centro comercial | iStock
Toni Alés | VIA Empresa
Experto en innovación y liderazgo emocional
17 de Mayo de 2026 - 04:55

Durante años hemos repetido la misma pregunta: ¿la tecnología va a sustituir a los vendedores? Y quizá el problema no es la respuesta, sino la pregunta. Porque la venta no está desapareciendo. Está cambiando de forma. Y, sobre todo, se está redistribuyendo entre humanos y máquinas. El error no está en automatizar, está en no entender qué parte de la venta pertenece a la tecnología… y cuál sigue siendo profundamente humana. Y esa confusión no es menor.

 

Según McKinsey, más del 70% de las iniciativas de transformación comercial no generan el impacto esperado, en gran parte porque se enfocan en herramientas y no en rediseñar el modelo de venta. Ahí está el punto ciego. No estamos rediseñando cómo vendemos. Estamos digitalizando lo que ya hacíamos.

Dos ejes que lo explican todo

Si observamos cómo venden hoy las empresas, desde una venta artesanal, hasta un e-commerce o una solución industrial compleja, aparece un patrón bastante claro. Podemos entender cualquier modelo de venta a partir de dos variables muy simples: la intensidad tecnológica en el momento de la decisión y la intensidad humana en ese mismo momento. No en marketing. No en operaciones. En el instante en que el cliente decide. Al cruzarlas, aparece una matriz que no es teórica. Es profundamente práctica. Y, sobre todo, es incómoda, porque rompe una idea que muchas organizaciones siguen defendiendo: que existe una “mejor forma” de vender.

 
Gráfica de la matriz de las ventas
Gráfica de la matriz de las ventas

En la parte inferior izquierda encontramos los modelos de baja tecnología y baja interacción humana. Aquí domina la eficiencia: venta transaccional, volumen, procesos optimizados. El sistema vende. Es el territorio de lo repetible, lo predecible, lo escalable. Introducir interacción humana innecesaria aquí no aporta valor; lo destruye.

En el extremo opuesto, cuando la tecnología es alta pero la interacción humana sigue siendo baja, entramos en modelos de automatización inteligente. Plataformas que recomiendan, algoritmos que anticipan, decisiones que se toman casi sin fricción. No hay relación, pero sí sofisticación. Es la lógica de la venta predictiva. Según Gartner, más del 60% de las decisiones de compra B2B ya se ven influenciadas por interacciones digitales sin contacto humano directo. La venta no desaparece: se desplaza.

Cualquier modelo de venta se entiende a partir de dos variables: la intensidad tecnológica en el momento de la decisión y la intensidad humana en ese mismo momento

Si subimos en intensidad humana pero mantenemos baja la tecnológica, aparece la relación como ventaja competitiva. Aquí la venta no escala, pero conecta. Confianza, acceso, cercanía. Es el territorio clásico de muchos negocios B2B. La relación decide. Pero también tiene un límite: lo que no escala tensiona el crecimiento.

Y, finalmente, en la esquina más exigente, encontramos los modelos de alta tecnología y alta interacción humana: venta consultiva, soluciones complejas, cocreación. Aquí el cliente no compra un producto, compra menos incertidumbre. Y para eso necesita datos… y personas. Este es el espacio donde el valor no está en la oferta, sino en la interpretación: entender el contexto y ayudar a tomar decisiones que no son evidentes. El humano reduce el riesgo.

El gran malentendido

Muchas empresas creen que pueden elegir su modelo de venta como quien elige una herramienta. Pero el modelo de venta no se decide: se deriva.

Es el reflejo de algo mucho más profundo: qué vendes (y cuán complejo es), a quién se lo vendes, qué riesgo está asumiendo el cliente y cómo entiendes tu negocio: como empresa aislada o como parte de un ecosistema. Forzar un modelo que no encaja genera fricción. Y la fricción, en ventas, nunca es neutra: erosiona márgenes, ralentiza decisiones y, muchas veces, mata oportunidades antes de que lleguen a existir.

Los tres errores que se repiten

El primero: digitalizar sin estrategia. Añadir tecnología a procesos que no la necesitan, o que aún no están preparados para absorberla, no genera eficiencia; genera complejidad.

El segundo: sobrehumanizar lo simple. Intervenir donde el cliente no busca relación, sino rapidez, autonomía y fricción cero. En estos casos, el humano no aporta valor; introduce ruido.

El tercero: no discriminar al cliente. Aplicar el mismo modelo de venta a todos, como si todos compraran igual o valoraran lo mismo. Pero vender bien implica elegir. Y discriminar. No todos los clientes requieren el mismo nivel de tecnología ni la misma intensidad humana.

Según Deloitte, el 65% de las organizaciones B2B espera que la iA transforme significativamente sus modelos comerciales en los próximos tres años

Entonces, ¿qué está cambiando realmente? No es la venta. Es el reparto de roles dentro de ella. La tecnología está absorbiendo todo aquello que es predecible, repetible y escalable. El humano, en cambio, se está quedando con lo ambiguo, lo complejo, lo que exige criterio y contexto. Y ese equilibrio no es estático. Se está desplazando, cada vez más rápido. Según Deloitte, el 65% de las organizaciones B2B espera que la inteligencia artificial transforme significativamente sus modelos comerciales en los próximos tres años. Pero transformar no es incorporar IA. Es redefinir quién hace qué en la venta.

Food for Thought

La inteligencia artificial ya está ocupando espacios que antes eran claramente humanos. Recomienda. Interpreta. Incluso conversa. Pero el punto clave no es qué puede hacer la IA. Es dónde tiene sentido aplicarla. Y eso no se decide desde la tecnología. Se decide desde el modelo de venta. Porque la IA no corrige un mal modelo. Como mucho, lo acelera y lo amplifica.

Por eso, la pregunta ya no es si debes usar IA en ventas. La pregunta es otra. Más incómoda. Más estratégica: ¿qué modelo de venta estás construyendo… y qué parte de ese modelo debería ser humana y cuál tecnológica? Porque el modelo se entiende. Pero la realidad es la que decide si funciona.