El dolor de cabeza de los autónomos y ERTEs con empatía

El 24,5% de los autónomos todavía no ha abierto el negocio y el 37% ha reiniciado la actividad facturando la mitad que el año pasado

Una treballadora autònoma atentent un client a la Ferreteria Vera | ACN Una treballadora autònoma atentent un client a la Ferreteria Vera | ACN

La covid-19 nos ha cambiado la vida a todos, a la vez que ha cambiado las preocupaciones de los autónomos. Si hasta ahora la morosidad era su principal dolor de cabeza y motivo de cierre, ahora la falta de ingresos, la caída de las ventas, los impuestos y los alquileres la han relevado a la quinta plaza. Como consecuencia de esto, el 24,5% de los trabajadores por cuenta propia continúan sin actividad, mientras que el 37% la ha visto reducida en un 50% en relación con el año pasado. "Esto es grave", avisa el presidente de Autònoms Pimec, Miquel Camps. Pasear por el centro de Barcelona se ha convertido en un indicador de la situación puesto que todavía se ven muchas persianas bajadas fruto de la falta de turismo. A esto se suma el hecho de que tres de cada cuatro autónomos tienen problemas de tesoreria y, sin las medidas económicas necesarias para salvar los platos, muchos ya prevén que tendrán que despedir a personal.

El panorama incierto se mezcla con un horizonte poco esperanzador. "Nos da mucho miedo cuando se tengan que empezar a devolver los ICO con menos ingresos, facturación y gasto", señala Camps durante la presentación -otra vez telemática- de la encuesta Impacto económico derivado de la crisis de la covid-19 sobre los autónomos de Catalunya, motivo por el cual reclama al Gobierno alargar dos años la carencia de unos ICO que "han llegado tarde y mal", recibir ayudas a fondo perdido y no retirar ayudas a los autónomos y microempresas que despidan después de hacer un ERTE por causas de fuerza mayor. "Pedimos que las inspecciones de los ERTE se hagan con mucha empatía, se trata de ayudar", insiste.

Y es que el 52,9% de los trabajadores por cuenta propia cree que tendrá que recortar ya de forma permanente su plantilla, mientras que el 28,7% se ha planteado la posibilidad de cerrar definitivamente el negocio. A pesar de que los datos de la encuesta mejoran en relación al mes de mayo, y que un 4,2% sitúa su nivel de actividad por encima del que tenía el año pasado, un 73,2% asegura que su problema "no es la capacidad de hacer el trabajo sino la poca demanda, si la gente no tiene capacidad para consumir o tiene miedo y cuesta volver a consumir nos haremos daño", advierte.

 

Los ánimos no están para echar cohetes, pero la situación y el optimismo mejoran ligeramente. La mayoría de los autónomos continúan tildando de "mala" o "muy mala" la situación y la puntúan con un 1,75 de un total de 5 puntos. El conferenciante Víctor Küppers ya advertía a principios de mayo de que "el gran peligro que tenemos es el desaliento" y se preguntaba que "qué nos quedará si decidimos vivir desde la inercia, la apatía y el abandono". Y es que, si bien es cierto que los autónomos son uno de los colectivos más damnificados de esta crisis, también lo es que, a pesar de que las medidas que se les pueda aplicar -o no- no dependen de ellos, sí que está en sus manos la actitud que emprenden a la hora de afrontarla.

Filosofía Küppers y la gasolina de la empatía

La situación continuará siendo la misma independientemente del estado de ánimo, pero para poder salir adelante, Camps pide "la máxima empatía" con los autónomos, y más ahora que muchos de ellos han tenido que volver a bajar persianas en Lleida por el segundo confinamiento. Si la reanudación ya estaba haciéndose de forma gradual y con muchas diferencias según el sector, el retorno se ve todavía más afectado por el pago del IVA y el IRPF, el pago de las cotizaciones a la Seguridad Social y el pago de los alquileres.

Tanto el IVA como el IRPF, señala el presidente de Autònoms Pimec, están relacionados con la actividad económica desarrollada en el periodo anterior y, por lo tanto, "es poco proporcional al volumen de negocio actual". Además, las cotizaciones a la Seguridad Social no varían según el volumen de facturación y esto muchas empresas lo pagarán caro porque, en vez de condonar la deuda, las administraciones han optado por aplazar los pagos, cosa que supondrá un problema a largo plazo. "La sensación es que hasta ahora no ha habido ayudas sino aplazamientos", lamenta.

 

Precisamente por eso, ninguno de las valoraciones de las medidas aplicadas por el Gobierno llega al 3,5 sobre 5 de nota y, de hecho, la mayoría consideran que las administraciones públicas no han puesto en marcha medidas suficientes para el colectivo. Esto lo atribuyen al desconocimiento de los gobiernos, un problema que con la covid-19 se ha agravado, pero que viene de lejos.

Küppers decía que "el gran problema de hoy son los pesimistas y hay que entender que no lo controlamos todo", pero también tiene claro que "el desánimo es muy lógico". "Esto es malo, pero no es el fin del mundo, en 2023 continuaremos existiendo", añadía. Y es que si bien es cierto que "hay problemas en categoría drama", como una defunción, enfermedad o no tener dinero para llegar a final de mes, también lo es que los que no pasamos por esta situación "lo que tenemos son circunstancias a resolver": ayudar a los que sí que sufren y, en consecuencia, aprender a relativizar.

Reempezar, una segunda oportunidad

Sea como sea las medidas no son suficientes y ya hace meses que los autónomos lo gritan a los cuatro vientos. Según recuerda Pimec, las pymes y los autónomos de Catalunya solicitaron financiación por un importe medio de 195.000 euros, cosa que representa un 9,3% del volumen total de su facturación media.

Camps: "La sensación es que hasta ahora no ha habido ayudas sino aplazamientos"

La cosa no ha sido fácil porque, entre otros, el 88,8% de las pymes y los autónomos afirmaron que se les aplicó una comisión por apertura en la financiación pedida, mientras que un 80,5% apuntó que le aplicaron una comisión por amortización anticipada. Por todo ello, la patronal pide que se tenga más presente que nunca el concepto de segunda oportunidad y que, así, los autónomos tengan la opción de reempezar de nuevo en medio de la tormenta.

Y es que, como sentencia Camps, "un tejido de 550.000 autónomos no se puede quemar, no se puede perder" y, por mucho que "no elegimos las circunstancias, pero sí las formas de reaccionar a ellas" como decía el neurólogo Viktor Frankl, las administraciones tienen en sus manos contribuir con el tejido empresarial del país y no dejar que mueran negocios ni que los autónomos todavía se endeuden más.

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