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Bomberos, ganaderos y la no tan nueva economía del espacio

La sexta edición del Space Economy Congress marca objetivos y reclama ponerse las pilas a Europa para alcanzar la soberanía del sector espacial

El ecosistema empresarial señala el acceso al espacio y la captación de talento com los grandes retos del sector espacial europeo | NicoElNino (iStock)
El ecosistema empresarial señala el acceso al espacio y la captación de talento com los grandes retos del sector espacial europeo | NicoElNino (iStock)
Marc Vilajosana, periodista de VIA Empresa | Mireia Comas
Periodista
Barcelona
09 de Julio de 2026 - 05:09
Act. 09 de Julio de 2026 - 17:38

La oscuridad del apagón general de abril del año pasado. El fuego de la treintena de incendios que han asolado Catalunya los últimos días. Dos imágenes que, a pesar del contraste lumínico, comparten la ruptura de la normalidad, el peligro que arrastran y la impredictibilidad de su aparición. “La resiliencia es algo en lo que no pensamos cuando no funciona, pero sí cuando algo va mal. Y de eso van las infraestructuras críticas”, ha sintetizado la CEO y fundadora de Cosmic Bridge, Lucía Fonseca. Lo ha hecho en la sexta edición del Space Economy Congress, el encuentro organizado por la Cambra de Comerç de Barcelona dedicada a una de las tecnologías mejor posicionadas para proporcionar esta deseada resiliencia. Una economía espacial que ya no es nueva, pero que como bien ha remarcado el presidente de la Cambra, Josep Santacreu, tampoco es ya un sector reservado exclusivamente a las grandes empresas: “Es una oportunidad para nuevas compañías”.  

 

Una oportunidad que, desde Catalunya, el Govern tiene claro que quiere aprovechar. “Creemos ciegamente en este nuevo sector, disruptivo, pero que muy pronto será una cuestión imprescindible”, ha aseverado el conseller de Empresa i Treball, Miquel Sàmper, que ha pasado revista al estado actual del sector en el Principat: 83 empresas especializadas —el triple que en 2019—, una facturación de 237 millones y una ocupación de 1.800 personas “con trabajos de altísimo valor añadido”.

El sector espacial concentra 87 empresas en Catalunya, con una facturación de 237 millones y una ocupación de 1.800 trabajadores

Ha sido el mismo Sàmper quien ha introducido los incendios en la conversación, con un reconocimiento al cuerpo de Bombers que ha arrancado un espontáneo aplauso por parte del público. “Anteayer, teníamos 35 incendios simultáneos, y hemos tenido dos parques nacionales a punto de sufrir este fuego”, ha recordado. Una situación en la que, además de la labor humana de los profesionales apagafuegos, “el espacio tendrá mucho que decir”. “Dicen, desde hace muchos años, que los incendios se apagan en invierno”, ha continuado Sàmper, quien ha reconocido que “las administraciones tenemos mucho trabajo que hacer” en materia de prevención, pero también ha predicho el papel que jugará el espacio en este ámbito: “Vuestras empresas y satélites, muy pronto, captarán suficientes datos para ubicar el estrés térmico más importante de nuestros bosques y actuar con carácter preventivo”.

 

Pero la urgencia climática y los apagones repentinos no son los únicos retos para los que el espacio puede ser parte de la solución. Las tensiones geopolíticas que protagonizan titulares diarios —Sàmper las ha ejemplificado con el renovado interés de Trump por Groenlandia— potencian el mensaje de coordinación continental: “Más que nunca, Europa debe estar junta, caminar en la misma línea y no debe enfadarse”. Ha coincidido Vicenzo Colla, vicepresidente de Emilia-Romaña (región invitada al congreso de este año), quien ha dejado claro que “el espacio no tiene fronteras, pero representa poder”. Colla ha insistido en que la Unión Europea debe invertir “para tener una tecnología espacial fuerte”, porque es la única manera “para mantener nuestra democracia viva”.

Pero este trabajo de actualización no lo puede hacer cada país, ciudad o región por separado. “Los retos que tenemos todos no son locales, nacionales o europeos, son globales. Y cuando los retos son globales, las soluciones también deben serlo”, ha reivindicado la directora de ventas en Isar Aerospace, Andrea Jaime Albalat. Porque como bien ha recordado Fonseca, “una lección que el espacio siempre nos ha enseñado es que hay que colaborar”.

El papel de las administraciones

No en vano, la colaboración ha sido uno de los conceptos más citados durante la primera mañana del Space Economy Congress, a menudo acompañado de otra idea que hace tiempo que oímos: la soberanía. Tanto es así, que hasta dos mesas redondas la han incluido como temática principal de sus debates.

La primera de ellas se ha centrado en el papel de las administraciones públicas y, desde el primer momento, el oficial de asuntos científicos en la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, Jorge del Río, ha marcado el terreno semántico: “Quiero ir más allá de la soberanía; me gustaría hablar de autonomía”. ¿Y qué tipo de autonomía es la que quiere Europa? Para Del Río, una de “pacífica” que “ya está pasando” gracias a grandes programas como Copernicus —dedicado a la observación de la Tierra— o Galileo —centrado en la navegación por satélite y liderado por el barcelonés Javier Benedicto—.

A escala continental, la Agencia Espacial Europea (ESA) y los organismos de la UE son los actores que ponen la financiación y la coordinación de estos grandes proyectos, pero el impulso europeo no acaba aquí. “Al final, la innovación ocurre a escala local y regional”, ha apuntado la secretària de Polítiques Digitals del Govern, Maria Galindo, quien ha reivindicado los “actores impresionantes” que conforman el ecosistema catalán. Eso sí, para acabar de cerrar el círculo, hay que “promover que vayan más allá de sus fronteras”. Es por eso que Galindo ha defendido acuerdos de colaboración como el que Catalunya cerrará con Emilia-Romaña a principios de octubre, ya que son relaciones que permiten “aprender sobre qué hacemos, cuáles son nuestros retos y cómo nos podemos complementar entre nosotros”.

Jorge del Río: “Si no estás en la mesa, estás en el menú”

Al impulso que la iniciativa privada —las 87 empresas que citaba Sàmper al inicio del congreso— puede dar al sector, Galindo ha identificado las dos vías principales a través de las cuales los gobiernos locales pueden apoyar a las compañías: reducir el riesgo de las tecnologías avanzadas aportando financiación durante todo el proceso, y “crear la demanda” para que estas firmas tengan unos primeros clientes con los que trabajar. Y no se ha olvidado del “gran reto” que afronta la industria: “El número de compañías ha incrementado, pero todavía necesitamos que crezcan en dimensión, porque los retos que tenemos son tan grandes que necesitamos grandes empresas”. Lo ha simplificado aún más Del Río: “Si no estás en la mesa, estás en el menú”.

Acceso al espacio, comunicaciones satelitales y el talento para construirlas

El sector también tiene claro que prefiere ser comensal antes que festín, pero cuando se les pregunta por las acciones que hay que seguir, los objetivos están mucho más dirigidos. El asesor de Telespazio Ibérica, Miguel Belló, ha identificado cuatro grandes retos tecnológicos en los que Europa se tiene que poner las pilas: el acceso al espacio, los vuelos tripulados, las comunicaciones de baja órbita (LEO) y el seguimiento y vigilancia espacial (SSA) de residuos de origen humano.

La primera de ellas es “la clave de todo”, según Belló, ya que hoy por hoy, para lanzar cualquier satélite es necesario utilizar infraestructuras estadounidenses —o rusas, antes de la guerra en Ucrania—. “Sin esta tecnología, no podemos continuar”, ha dejado claro, pero lo ha hecho con un tono optimista: “Décadas atrás, en el transporte aéreo solo había dos compañías americanas. Hoy, Airbus es el líder. Estoy plenamente convencido de que, aunque lleguemos tarde, estamos a tiempo”.

Belló: “Décadas atrás, en el transporte aéreo solo había dos compañías americanas. Hoy, Airbus es el líder. Estoy plenamente convencido de que, aunque lleguemos tarde, estamos a tiempo”

Dentro de esta carrera multicarril, las comunicaciones satelitales son una de las prioridades más claras, y la apuesta de Europa para romper el actual monopolio de Starlink es la constelación IRIS². ¿Será la solución al monopolio estadounidense, como Galileo lo fue al del GPS? La responsable de los programas espaciales de la UE y de Defensa en Sener Aerospace & Defence, Sandra Mingot, la identifica como “una” de las posibles respuestas. “Starlink ha cambiado completamente el sector, es una realidad que viene para quedarse y debemos ser inteligentes en esta realidad”, ha valorado la experta. Para Mingot, la clave se encuentra en conseguir que Europa actúe “como una única voz”, ya que al otro lado “hay solo un jugador que no se detendrá”.

Pero más allá de tecnologías específicas, el gran reto que afronta el sector —tanto el aeroespacial en particular como el tecnológico en global— es, según el jefe de desarrollo de negocio en Airbus GeoTech, Pol Llorca, el talento. “Somos una industria muy guiada por el talento, y la clave es tener a la gente correcta en los lugares correctos haciendo investigación y aplicándola”, ha opinado Llorca. Y para el director de misiones de navegación en Indra Space, Carlos Álvarez, no solo importa el cuánto, sino también el cómo: “La tecnología se mueve tan rápidamente, que debemos formar gente con la mente abierta y capaces de pensar no solo en las tecnologías disruptivas de ahora, sino también en cosas totalmente diferentes”. 

El “nuevo” espacio empieza a escalar

Y dentro de toda esta vorágine, conviene recuperar un cambio sutil, perceptivo para aquellos asiduos al congreso: ya no hablamos (solo) del “new” space, la nueva economía del espacio basada en nanosatélites y comunicaciones de baja órbita que años atrás permitió la entrada de las startups en un sector dominado por grandes empresas. El cambio de denominación del evento a “Space Economy Congress”, como bien apunta este jueves Clàudia Mateo en un artículo en VIA Empresa, no es un simple “cambio cosmético”, sino “toda una declaración de intenciones” de la “plena fase de maduración” que vive el ecosistema catalán.

Así se ha querido remarcar en la última mesa redonda de la mañana, centrada específicamente en cómo estas nuevas redes no terrestres (NTN) escalan y empiezan a llegar plenamente al mercado. Uno de los pioneros de esta técnica es Sateliot, empresa barcelonesa especializada en el diseño, construcción y fabricación de satélites 5G que ofrecen servicios de telecomunicaciones espaciales. Su CEO y cofundador, Jaume Sanpera, asegura que esta tecnología “lo cambia todo”. El emprendedor ha identificado dos grandes ámbitos de actuación: por un lado, las regiones que hasta ahora no tenían acceso a conectividad, donde entran la agricultura, el cuidado por el medio ambiente o la gestión de ganado; y por el otro, las situaciones en que la conexión cambia entre terrestre y no terrestre en función de la disponibilidad.

Otro de los referentes catalanes del sector es Open Cosmos, compañía que, después de once años dedicados al desarrollo de nanosatélites, ahora está enfocada en la puesta en marcha de Open Constellation 1.0. Esta infraestructura de satélites compartida será “la red troncal” de las comunicaciones satelitales, según la ha definido el responsable de comunicaciones por satélite de la empresa, Álvaro Pons. “Tradicionalmente, ofrecíamos conectividad y observación de la tierra en programas por separado. Ahora queremos colapsarlo todo en una infraestructura única”, ha explicado Pons, un modelo de negocio especialmente atractivo para gobiernos y grandes empresas que requieran “un gran volumen de entrega de datos en tiempo real”, para aplicaciones como la gestión de desastres naturales o el control climático.

En esta transición, Open Cosmos “ya no es solo una compañía de satélites pequeños”, sino que han empezado a escalar a medida que la demanda se lo requería. “Entendemos que necesitan más potencia y resiliencia”, ha apuntado Pons. Para conseguirlo, la compañía ha desarrollado un software flexible que les permite controlar mucho mejor la distribución de servicios de esta maquinaria, de modo que su financiación —y, por lo tanto, también el uso que se hace de ella— pueda estar repartida entre varios actores. “Combinando la escalabilidad del hardware con una flexibilización del software, tendremos una constelación que no necesitará un único propietario multimillonario”, ha reafirmado.

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