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Las 'fintech' no sustituyen a la banca, la obligan a cambiar

El mercado español no se encamina hacia la sustitución de la banca por las 'fintech', sino hacia un modelo híbrido

La inversión mundial en las 'fintech' volvió a situarse por encima de los 100.000 millones de dólares en 2025 | iStock
La inversión mundial en las 'fintech' volvió a situarse por encima de los 100.000 millones de dólares en 2025 | iStock
Santiago Tiana | VIA Empresa
Consultor sénior independiente de estrategia y operaciones
Barcelona
07 de Marzo de 2026 - 04:55

Durante años se ha repetido que las fintech venían a sustituir a la banca tradicional y a disputar su posición dominante. El relato era sencillo y atractivo: agilidad frente a burocracia, tecnología frente a legado, juventud frente a estructuras centenarias. Sin embargo, una década después, la realidad es menos épica y más interesante. Más que una sustitución o una amenaza existencial, lo que ha emergido es una competencia asimétrica entre modelos profundamente distintos.

 

A nivel global, el fenómeno fintech ha dejado de ser una promesa para convertirse en una industria madura. Tras el ajuste inversor de 2024, la inversión mundial volvió a situarse por encima de los 100.000 millones de dólares en 2025, según KPMG. Pero el cambio relevante no es la cifra, sino el criterio: ya no se financia crecimiento sin rentabilidad, sino modelos sostenibles. La euforia ha dejado paso a una fase de mayor disciplina y consolidación.

Tras el ajuste inversor de 2024, la inversión mundial volvió a situarse por encima de los 100.000 millones de dólares en 2025

La pregunta ya no es si las fintech pueden competir con los bancos, sino dónde y en qué condiciones lo hacen.

 

1. Especialización frente a plataforma

Las fintech nacen como especialistas. Identifican un problema muy concreto, como pagos digitales, scoring alternativo, inversión automatizada o financiación a corto plazo, y lo resuelven con mayor rapidez y foco. Su ventaja no es el balance, sino la especialización. No intentan cubrir todas las necesidades financieras de un cliente, sino optimizar una parte del proceso.

La banca, por el contrario, opera como plataforma universal. Gestiona depósitos, concede crédito, intermedia pagos, financia empresas, opera en mercados mayoristas y sostiene la arquitectura del sistema financiero. Su propuesta no es únicamente tecnológica; es integral y sistémica. Su fortaleza es la amplitud y la estabilidad.

Esta diferencia explica la asimetría competitiva. Una fintech difícilmente puede sustituir a un banco sistémico. Pero un banco tampoco puede aspirar a ser el mejor proveedor en cada microproducto en el que compite una fintech. Para lograrlo debería ofrecer simultáneamente el mejor precio y la mejor experiencia en cada nicho, algo económicamente inviable cuando se soporta una estructura regulatoria, de capital y de gestión del riesgo mucho más compleja.

El ejemplo más visible está en pagos. Según las estadísticas del Banco Central Europeo, en el primer semestre de 2025 los pagos con tarjeta representaron el 57% del total de transacciones no en efectivo en la zona euro, mientras que el dinero electrónico, segmento donde operan muchas fintech, apenas alcanzó el 6%, aunque con crecimientos interanuales significativos. La infraestructura de pagos sigue siendo, por tanto, mayoritariamente bancaria. Lo que ha cambiado no es la arquitectura del sistema, sino la capa de experiencia, integración tecnológica y explotación de datos que se superpone a ella. No estamos ante un reemplazo del sistema financiero, sino ante una reasignación progresiva de los márgenes dentro del mismo sistema.

2. El caso español: un ecosistema que ya es estructural

Entre 2018 y 2023, los activos agregados del sector crecieron un 249%, hasta alcanzar 3.505 millones de euros | iStock
Entre 2018 y 2023, los activos agregados del sector crecieron un 249%, hasta alcanzar 3.505 millones de euros | iStock

Si aterrizamos el análisis en España, el fenómeno deja de ser una tendencia abstracta. Según el Observatorio de la Industria Fintech No Bancaria del Banco de España, en mayo de 2025 operaban 427 fintech residentes, frente a 291 en 2020. En apenas cinco años, el número de actores ha aumentado de forma significativa.

Entre 2018 y 2023, los activos agregados del sector crecieron un 249%, hasta alcanzar 3.505 millones de euros, mientras que el empleo aumentó un 85%. Estas cifras confirman que la fintech española ya no es marginal: forma parte estructural del ecosistema financiero.

Entre 2018 y 2023, los activos agregados del sector crecieron un 249%, hasta alcanzar 3.505 millones de euros

Sin embargo, la concentración por verticales es evidente. La mayoría de estas compañías se especializan en pagos, financiación alternativa, inversión digital, infraestructuras tecnológicas o servicios de cumplimiento normativo. No compiten con los grandes bancos en financiación sindicada, banca corporativa global o gestión integral de grandes patrimonios. Compiten producto a producto, segmento a segmento.

La competencia es real, pero fragmentada.

3. La respuesta bancaria

La banca española no ha permanecido inmóvil. En comparación con otros sistemas europeos, ha avanzado con rapidez en digitalización, automatización y experiencia de cliente. Pero, además, ha entendido que no puede ni necesita, ganar en todos los nichos.

La respuesta ha seguido tres vías complementarias: desarrollo interno de capacidades digitales, colaboración mediante modelos de open banking y adquisición selectiva de tecnología o equipos especializados. La integración de soluciones fintech dentro de estructuras bancarias tradicionales forma ya parte del modelo competitivo europeo.

Este movimiento revela una conclusión relevante: la competencia no siempre termina en expulsión; a menudo deriva en integración. El banco mantiene la relación principal con el cliente mientras incorpora soluciones especializadas que refuerzan su propuesta de valor.

4. La batalla por la vinculación

Las 'fintech' no solo compiten con la banca, sino también entre sí | iStock
Las 'fintech' no solo compiten con la banca, sino también entre sí | iStock

Más allá del debate tecnológico, la verdadera competencia entre banca y fintech se libra en un terreno menos visible: la vinculación del cliente a largo plazo.

Las fintech suelen destacar en experiencias concretas. Facilitan un pago, agilizan una transferencia, automatizan una inversión o simplifican una financiación puntual. Son eficaces en momentos específicos del ciclo financiero del cliente. Sin embargo, la estabilidad de una entidad no se construye sobre transacciones aisladas, sino sobre relaciones prolongadas en el tiempo.

Además, esa especialización tiene un efecto colateral: cuanto menor es la vinculación estructural con el cliente, mayor es la sustituibilidad. Una aplicación puede reemplazar a otra con relativa facilidad si su propuesta de valor se limita a una función concreta. En ese entorno, las fintech no solo compiten con la banca, sino también entre sí, en una dinámica que puede derivar en cierta canibalización y en presión constante sobre márgenes y captación de usuarios.

Una hipoteca no es solo un préstamo; es una relación de décadas

En el negocio bancario, los productos que realmente generan estabilidad son aquellos que implican compromiso y recurrencia: la nómina domiciliada, la hipoteca a 20 o 30 años, los seguros vinculados, los planes de pensiones o la financiación empresarial estructural. Son productos menos visibles desde el punto de vista mediático, pero constituyen el núcleo económico de la relación financiera.

Una hipoteca no es solo un préstamo; es una relación de décadas. Una cuenta operativa donde se domicilian ingresos y pagos recurrentes no es solo un instrumento transaccional; es el centro del flujo financiero del cliente. Esa centralidad otorga a la banca una posición difícil de replicar. La fidelización, en este contexto, no se construye únicamente a través de una mejor interfaz digital, sino a través de la integración financiera. Cuantos más productos estructurales concentra una entidad, mayor es el coste de cambio para el cliente y mayor la estabilidad de sus ingresos.

Para las fintech, el reto es evidente: si quieren consolidarse como actores estructurales, deben evolucionar desde la especialización hacia la profundidad de relación. Y esa transición exige capital, regulación, confianza y tiempo.

5. Crecer implica parecerse

Muchas fintech nacieron con vocación de especialización. Sin embargo, en los últimos años han iniciado procesos de ampliación: más productos, más geografías, más servicios financieros integrales. Y ahí aparece la paradoja. A medida que una fintech crece, incorpora complejidad. Necesita más capital, más controles de riesgo, mayor cumplimiento normativo y una estructura operativa más robusta. Empieza a parecerse, estructuralmente, a aquello que pretendía sustituir. La agilidad inicial se diluye cuando la escala exige gobernanza.

El mercado ya no financia únicamente crecimiento; exige rentabilidad. La especialización fue una ventaja competitiva. La expansión puede convertirse en vulnerabilidad si no se gestiona con disciplina financiera.

6. Regulación, confianza y protección del cliente

Europa ha reforzado de forma significativa su marco regulatorio financiero. Las nuevas exigencias de resiliencia digital, la regulación específica de criptoactivos y la reforma del marco de pagos buscan reducir riesgos y homogeneizar la competencia.

Un elemento diferencial que a menudo pasa desapercibido es el Fondo de Garantía de Depósitos. En España, las entidades de crédito adheridas garantizan hasta 100.000 euros por titular y entidad en caso de insolvencia. Esta cobertura protege a millones de depositantes y constituye uno de los pilares de la estabilidad financiera. No todas las fintech están bajo este paraguas: solo aquellas que operan como bancos o que canalizan depósitos a través de entidades adheridas. Para el cliente, la diferencia no es menor. No es lo mismo utilizar un servicio financiero que mantener depósitos protegidos por el sistema de garantía.

En España, las entidades de crédito adheridas garantizan hasta 100.000 euros por titular y entidad en caso de insolvencia

La regulación, con todos sus costes, actúa como mecanismo de protección sistémica. La innovación financiera puede mejorar la experiencia, pero no elimina la necesidad de garantías estructurales.

Conclusión

El mercado español no se encamina hacia la sustitución de la banca por la fintech, sino hacia un modelo híbrido. La banca mantiene el núcleo del sistema: balance, depósitos, financiación estructural y supervisión intensiva. La fintech captura eficiencia, experiencia de usuario y especialización tecnológica.

La competencia es real, pero no frontal. Es selectiva, segmentada y, en muchos casos, complementaria. La cuestión no es quién sustituirá a quién, sino qué modelo será capaz de combinar mejor tres factores: confianza, eficiencia operativa y experiencia digital. La banca parte con ventaja en el primero; la fintech en el tercero. El segundo será el verdadero campo de batalla.

La etapa romántica de la disrupción ha terminado. Empieza la etapa de la consolidación. Y en esa fase, la competencia asimétrica entre banca y fintech no destruye el sistema financiero español: lo obliga a evolucionar. El sistema financiero no se sustituye; se reconfigura. Y quien controle la relación financiera, controlará el valor.