El Garraf quiere dar un empuje a los datos de ocupación turística y de paro que este verano han consolidado la tendencia general positiva de los últimos tiempos, aunque con un pequeño paso atrás. La receta es doble: alargar la temporada estival como ya está sucediendo y, a la vez, liberarse de la playa dependencia para extender el atractivo del territorio al resto del año y reducir así la tasa de temporalidad del 48%, muy disparada respecto del 12% de media en Catalunya.
Este año, los establecimientos hoteleros de la comarca han tenido una ocupación del 72% durante los dos primeros meses de verano, un poco por debajo del 75% del año pasado. Se han registrado 671.000 pernoctaciones, unas 10.000 menos que en 2025, con una estancia media de cinco noches por persona, según datos de LabTurisme de la Diputación de Barcelona y el consorcio de desarrollo económico Node Garraf. A pesar de tratarse del momento álgido de la campaña vacacional, la tasa de paro correspondiente a julio y agosto ha crecido casi un 0,4% y se han inscrito menos contratos laborales que los meses anteriores, rompiendo la tónica positiva del conjunto de la primavera y situando el índice de parados en un 9%, con un total de 7.167 personas.
La clave para rebajar la tasa de temporalidad del 48% pasa, según la patronal FEGP, por “atraer visitantes curiosos interesados en servicios de calidad que requieran profesionales con contratos de trabajo más amplios y estables”
“Este repunte no es preocupante porque nos encontramos en unos mínimos históricos de desocupación, casi residual, similares a los que había antes de la crisis de 2008 y con una cifra muy buena de afiliación. Partiendo de tan abajo es normal que haya una ligera subida; se trata de un fenómeno calcado al de años anteriores”, explica Neus Lloveras, presidenta de la patronal FEGP, que incluye un empresariado del Garraf moderadamente satisfecho por el volumen turístico de este 2026: “A finales de septiembre todavía se palpa mucha actividad y una presencia de visitantes bastante notable. La sensación es buena, con las cifras de este último mes todavía pendientes de computar”.
Según Lloveras, la clave para romper la estacionalidad laboral veraniega de la comarca debe ser “ofrecer servicios de nivel que requieran profesionales con contratos de trabajo estables y más amplios”. “La temporalidad juega en contra de la calidad de la oferta turística. Todo el mundo que se dedica al sector está intentando priorizar la calidad por encima de la cantidad. Hemos tenido demasiados ejemplos del desastre del turismo masivo que, además, realiza poco gasto. Hay que atraer visitantes que estén interesados en la cultura, el patrimonio, la naturaleza o el enoturismo. El Garraf tiene mucha capacidad de seducir a este viajero curioso, con espíritu crítico y ganas de descubrir el país y la esencia de cada territorio para vivir experiencias más allá del sol y playa”, señala.
“Morir de éxito” para cambiar el modelo

Los visitantes estatales han copado, un verano más, el mayor número de pernoctaciones en el Garraf rozando el 60%, seguidos de los ciudadanos franceses (un 8%), los británicos, norteamericanos, alemanes y neerlandeses, por este orden. El Informe de Reputación Turística Online que acaba de publicar la Diputación puntúa con un 8,41 las opiniones recogidas en la red de los viajeros en referencia a los alojamientos, los restaurantes y a los atractivos de las poblaciones de la comarca en general.
Lloveras: "Las administraciones han apostado por cambiar el modelo turístico y la estrategia empieza a dar frutos. Parte del mérito también es de los operadores, que han sabido ofrecer el Garraf de otra manera”
“Hace unos cuantos años nos dimos cuenta de que el fenómeno se nos había escapado de las manos y estábamos muriendo de éxito. Sitges, por ejemplo, se había desnaturalizado y todavía ahora sigue un poco colapsado, pero poco a poco las administraciones han apostado por cambiar el modelo turístico y la estrategia empieza a dar sus frutos. Buena parte del mérito también es de los operadores, que han sabido ofrecer el país en general, y también el Garraf, de otra manera”, matiza Lloveras, que minimiza la afectación que puede haber tenido el complicado funcionamiento de los trenes de Rodalies en la zona del Garraf, repetido también durante todo este verano: “Puede haber mermado los visitantes que vienen únicamente a pasar el día, pero el impacto real lo sufren los trabajadores que se desplazan habitualmente desde otros lugares para asistir a su puesto de trabajo en las empresas locales de cualquier ramo, más allá de la hostelería. El viajero de ocio que recibimos suele venir en coche y lo ha acusado menos”.
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