Los dos Penedès deben resolver los respectivos desequilibrios entre población y actividad empresarial si no quieren truncar su trayectoria como áreas cada vez más fuertes económicamente. El Índice de Competitividad Comarcal que elabora anualmente la patronal local, la Federació Empresarial del Gran Penedès (FEGP), ha situado el Baix y el Alt Penedès en las posiciones decimotercera y decimoquinta del conjunto de Catalunya.
Unos datos positivos que se consolidan por tercer año consecutivo pero que, a la vez, denotan cierto “estancamiento y el agotamiento de un modelo”, según las conclusiones del informe. El Alt Penedès necesita atraer y retener talento mientras el Baix debe conseguir que el incremento de residentes en su territorio no signifique cada vez más parados y se traduzca en un número más elevado de empresas y gente trabajando.
El Índice —construido a partir de 50 indicadores socioeconómicos, ambientales, tecnológicos y de calidad de los factores productivos y de distribución— retrata el Alt Penedès como un territorio de una solidez industrial envidiable que representa casi el 39% del VAB y líder en creación de marcas comerciales, pero que acusa una falta de capacidad innovadora. El emprendimiento ha sufrido un retroceso notable y el nivel formativo de la población y los trabajadores crece, pero a menos ritmo que la media catalana.
Malas comunicaciones y vivienda escasa
“La comarca tiene una estructura económica fuerte, el peso industrial que cualquier rincón del país anhelaría y un emplazamiento geográfico óptimo. Sin embargo, no estamos reteniendo el talento. La razón principal son las comunicaciones precarias: el tren de Vilafranca a Barcelona es un viacrucis, la AP-7 está colapsada y los autobuses entre comarcas son insuficientes. Esto dificulta muchísimo que gente del entorno de Barcelona quiera venir a trabajar y es un obstáculo para nuestras empresas a la hora de captar trabajadores cualificados”, lamenta la presidenta de la FEGP, Neus Lloveras, que también apunta a la falta de vivienda como el otro factor que hace desistir a los profesionales a la hora de establecerse: “La calidad de vida en el Penedès es muy buena y con unas infraestructuras como es debido y un aumento del parque de viviendas seríamos una segunda corona de Barcelona muy atractiva para cualquiera”.
El gran predominio de la industria vitivinícola (el 36% del empleo del sector se concentra en la comarca) es otra fortaleza que, a la larga, puede convertirse en un lastre. Los autores del Índice de Competitividad invitan al sector a no conformarse con la mera producción y “vincularla con la innovación agroalimentaria y la digitalización para aumentar la capacidad de generar conocimiento y valor añadido”. Además, lanzan el reto de diversificar la actividad hacia ámbitos emergentes como la bioeconomía, que no hagan el Alt Penedès tan dependiente de los vinos y cavas.
El informe invita al sector vinícola a no conformarse con la producción y vincularla con la digitalización y los nuevos usos agroalimentarios para generar más valor añadido
“El suelo industrial está ahí, solo hace falta que se reorganice. Hay polígonos desaprovechados y espacios que quizás podrían recalificarse para pasar a desarrollar nuevos usos. Si nos limitamos únicamente al paisaje de la viña no generaremos suficiente dinamismo económico, aunque estas empresas ya empiezan a ser conscientes de que no pueden quedarse paradas y deben innovar porque está cambiando el clima y los gustos del consumidor”, explica Lloveras, quien pone como ejemplo Agromillora, la empresa referente mundial en viveros y producción y comercialización de árboles frutales y olivos.
Baix Penedès: residentes que no generan
El Baix Penedès, por su parte, combina unos datos bastante buenos con algunos indicadores bastante preocupantes que han frenado su potencial competitivo. El PIB ha crecido un 13,8% interanual (gracias, sobre todo, a los servicios de proximidad, que conforman el 76% del VAB), pero ocupa la última posición en número de empresas por habitante y es la comarca con más paro (12,1%). La zona no ha parado de incorporar población activa a un ritmo muy superior a la capacidad de generar puestos de trabajo locales.

“Han llegado muchos habitantes procedentes del Baix Llobregat que han hecho de la segunda residencia, el hogar habitual. Este incremento demográfico, a menudo de baja cualificación, no se ha trasladado a la actividad económica. La estrategia debe pasar por planes de formación que mejore la empleabilidad de esta gente”, sostiene la presidenta de la FEGP, que también pone el foco en “desestacionalizar el turismo y conseguir uno de más calidad”, hecho que ayudaría a incrementar la oferta de un mercado laboral donde la construcción y los servicios inmobiliarios tienen un peso ligeramente superior a la media del país.
Uno de los activos más importantes del Baix Penedès es Idiada, la multinacional participada por la Generalitat que se dedica al diseño, ingeniería y ensayo para la industria del automóvil. Por sí solo, el centro ubicado en Santa Oliva impulsa el territorio hasta la décima plaza en innovación, hecho que enmascara la realidad menos puntera del resto de pymes. “Debemos aprovechar la presencia de Idiada para que actúe de tractor económico a su alrededor con el surgimiento de empresas y servicios subsidiarios que creen un ecosistema vinculado a la movilidad y la electrificación”, reclama Lloveras, que equipara la situación actual de la comarca a la que tuvo el Garraf en los primeros años de publicación del Índice de Competitividad: ”Le costó arrancar y ahora ya se ha encaramado al octavo puesto. Con su ubicación privilegiada, el Baix Penedès debería seguir el mismo camino".