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Ilusionistas de sombrero de copa en tiempos de ‘deepfakes’

La nueva generación de magos y prestidigitadores catalanes reivindica los espectáculos en vivo y la experiencia en primera persona como contrapunto del escepticismo digital

Àlex Marzo, conocido artísticamente como Alexander Main, en una actuación en Andorra | Cedida
Àlex Marzo, conocido artísticamente como Alexander Main, en una actuación en Andorra | Cedida
Marc Vilajosana, periodista de VIA Empresa | Mireia Comas
Periodista
04 de Abril de 2026 - 04:55

Todos tenemos la imagen mental en la cabeza: un teatro a oscuras, con una única figura iluminada. Vestido impecable, sombrero de copa, pañuelo en el pecho y ese magnetismo que hace que no se le puedan quitar los ojos de encima. Con la introducción, genera expectativas; paso a paso, hace ver al espectador la falta de trampas que expliquen la ilusión y, al final, bocas abiertas y un pensamiento compartido: “¡¿Cómo lo ha hecho?!”.

 

La magia, ilusionismo o prestidigitación es un arte tan antiguo como el propio ser humano. Los arqueólogos han encontrado ilustraciones y papiros que demuestran que hace más de 4.000 años, en el Antiguo Egipto, ya se hacían actuaciones de esta clase para sorprender al público con el control de lo imposible. Asociados tradicionalmente con circos, troupes y artistas ambulantes, es a partir del siglo XVIII que la magia entra en los teatros y hace de ellos su hogar natural, consolidando así la imagen tradicional que tenemos de sus artistas. La llegada de la televisión inauguró una nueva manera de sorprender al público, no siempre bien considerada por los artistas del gremio, pero esto no ha evitado que el ilusionismo continúe como un arte escénico con presencia constante en teatros (y bodas, hoteles, centros cívicos, plazas del pueblo…). Pero con el auge de las redes sociales, la popularidad de los vídeos cortos y, especialmente, la proliferación de vídeos generados con IA, los umbrales de escepticismo y sorpresa del público se han trastocado. ¿Cómo conviven con ello los prestidigitadores del siglo XXI?

Emprendimiento cultural en busca de la genuinidad

Los nuevos formatos no han evitado que Alexander Main, el nombre artístico del joven mago catalán Àlex Marzo, consiguiera hacerse un hueco dentro de la profesión. Con 27 años, Marzo acumula más de 2.500 actuaciones a sus espaldas, y el pasado mes de marzo se estrenó fuera de las fronteras estatales con la celebración en Andorra de su espectáculo La magia existe. “Soy un enamorado de cualquier clase de arte: la música, el teatro, el cine, el circo… Pero pienso que la magia me identifica mucho, porque me permite interactuar directamente con el público, romper constantemente la cuarta pared y crear la sensación de ‘guau’”, explica el artista a VIA Empresa. La manera como nos recibe ya indica que la profesión se ha tenido que adaptar a los nuevos tiempos: “No hay nada más de emprendedor que atender una videollamada desde un coworking”.

 

Así, como un “emprendedor dentro del mundo de la cultura”, es como se define Marzo además de como mago, y lo hace por varios motivos. El primero, la formación: “Empiezas con vídeos de YouTube, pasas a libros, después a otros magos que te enseñan cosas, a masterclasses… Me ha gustado mucho la capacidad de poder elegir en cada momento qué necesitaba aprender”. Pero también por las cuestiones vinculadas al negocio, como el marketing, las ventas… “Todo lo que rodea a una empresa de espectáculos”, resume Marzo, quien deja claro que existen “muchos caminos para conseguir trabajo”, que abarcan desde las actuaciones particulares hasta los espectáculos corporativos. “No es lo mismo actuar para una empresa en Barcelona o Madrid que hacerlo en una fiesta mayor de un pueblo o ciudad. Cada camino tienes que estudiarlo a fondo para saber cuáles son los pasos a seguir”, considera el ilusionista.

No le falta trabajo tampoco a Pere Rafart, uno de los magos catalanes más reconocido de la actualidad. El ilusionista de Solsona, discípulo del desaparecido mago catalán Gabi Pareras, se reivindicó dentro del gremio en 2017, con el primer puesto en el Congreso Mágico Nacional y el Premio Memorial Ascano, y en 2018, con la segunda posición en el FISM World Championship of Magic, celebrado en Busan (Corea del Sur). En 2019 se dio a conocer al público general con una puntuación perfecta del jurado del programa Got Talent de Telecinco, y desde entonces no ha parado de actuar en su especialidad, la magia de cerca. “He tenido mucha suerte”, considera Rafart, que ha confiado en el boca a boca de los asistentes a sus espectáculos para conseguir el público de los siguientes, aunque también admite que, a la hora de hacer actuaciones, “he dicho que sí a prácticamente todo”. “No he llamado nunca a puerta fría, siempre he pensado que un buen producto en las actuaciones se vende solo”, remarca.

Pere Rafart: “No he llamado nunca a puerta fría, siempre he pensado que un buen producto en las actuaciones se vende solo”

Su posición como artista se combina con la cogestión de El Rei de la Màgia, la tienda de artículos mágicos más antigua del mundo, situada en el carrer Princesa de Barcelona y fundada en 1881 por el mago Joaquim Partagàs, conocido con el sobrenombre de “Taumaturgo catalán”. Rafart empezó a trabajar con la tienda en el pequeño teatro que gestionaban hasta antes de la pandemia, donde actuó semanalmente durante dos años. Y cuando la anterior generación del negocio, formada por Josep M. Martínez y Rosa M. Llop, se jubilaron, se juntó con el hijo de estos, Pau Martínez Llop, como socio para la nueva etapa de la tienda. “Es una carrera de fondo, porque los costes operativos son muy altos, pero estamos luchándolo”, declara con confianza el ilusionista, que explica que han apostado por el aumento del producto propio y por la organización de espectáculos como vías para generar nuevos beneficios. “Hacemos formaciones, clubes, actividades, traemos magos de todo el mundo… intentamos generar una comunidad alrededor de la tienda, pero nos falta espacio”, explica Rafart.

En esta línea, una de las grandes apuestas de El Rei de la Màgia ha sido Tria una carta, un programa de televisión de ocho capítulos emitido por TV3 en 2025 y presentado por Rafart, en el que la tienda juega un papel protagonista. “Hitchcock decía en una entrevista que la magia y el insomnio son dos cosas tan imposibles que son muy difíciles de hacer en cine”, parafrasea el mago, quien tiene claro que “los formatos de magia funcionan muy bien en televisión cuando hay testigos”. Con esta idea en mente, y descartando estrategias seguidas por otros programas, como “públicos compinchados, actores o efectos visuales”, la apuesta con Tria una carta fue hacerlo con público real con el que interactuaban por primera vez durante la grabación: “Es un reto, porque puede fallar, pero es lo que intentamos hacer con todos los trucos”.

Pere Rafart, en una actuación de magia de cerca en el Rey de la Magia | Cedida
Pere Rafart, en una actuación de magia de cerca en el Rei de la Màgia | Cedida

Combatir la inmediatez con experiencias en vivo

Ambos magos coinciden en las diferencias existentes entre la magia en vivo y aquella pensada para ser experimentada desde una pantalla, y reconocen los efectos que ha tenido en las expectativas del público. Para Marzo, el escepticismo y la idea de querer descubrir el truco no son preocupaciones que se hayan intensificado notablemente, y reivindica que “la magia no es una competición; es una expresión artística para crear ilusión”. En cambio, sí que denota una exigencia más elevada del público a la hora de demandar una inmediatez en el entretenimiento: “Estamos bombardeados con información, vídeos, dopamina rápida… y si nos tenemos que plantar delante de una obra de teatro que no es muy dinámica, rápida o vistosa, cada vez cuesta más”. El ilusionista confirma que ha sentido presión para hacer actuaciones más visuales y con más energía, “porque la gente ha visto de todo… o eso es lo que ellos se piensan”.

Esta tendencia es, precisamente, la que caracteriza la magia hecha en redes sociales, especialmente en plataformas centradas en los vídeos cortos, como TikTok o Instagram. "Se caracteriza por cosas visuales, rápidas, explosivas, que llamen la atención y creen una emoción muy fuerte e instantánea", define Marzo, aunque también alerta que muchos de sus trucos, "por ángulos y funcionamiento, no se pueden hacer en la vida real". En su caso, ve estos formatos como una vía para promocionar sus espectáculos en vivo: "Es como una píldora, una pequeña muestra de lo que la gente verá cuando esté en directo". Pero tiene claro que "la interacción, la gracia y la proximidad que te da un espectáculo en vivo no te los dan las redes sociales".

Àlex Marzo: “Estamos bombardeados con información, vídeos, dopamina rápida… y si nos tenemos que plantar delante de una obra de teatro que no es muy dinámica, rápida o vistosa, cada vez cuesta más”

Por su parte, Rafart se muestra bastante optimista respecto a los efectos que el actual ecosistema digital pueden tener en los espectáculos en vivo. “Cuando se llegue al nivel de perfección [de la IA] en que todo lo que puedas ver en internet sean bots o mentiras, la gente volverá a los teatros, bares y clubes sociales”, asegura el mago de Solsona, “porque si todo es mentira, necesitas cosas de verdad”. En este sentido, desde El Rei de la Màgia apuestan fuerte para que “la tienda se convierta más en una experiencia”, una tendencia que Rafart ejemplifica con el caso de la Llibreria Sant Jordi del carrer Ferran de Barcelona: “Cerró después de la muerte del propietario, lo intentaron salvar y llegaron a la conclusión de que tenía que ser una librería-bar, con clubes de lectura, presentaciones… es lo que funciona y hacia donde tenemos que tirar”. 

En cuanto a los espectáculos, Rafart considera que “la magia en directo funciona muy bien” todavía hoy, pero que lo hace en dos nichos muy separados. “El problema que tenemos es que la gente se va al gran evento y a la cosa selecta y pequeñita. Van a ver al Mago Pop y al mago que actúa para diez personitas, pero la gama media, la obra de teatro para 400 personas, está un poco en el pozo”, analiza Rafart.

Más oferta y más consumo, pero menos gasto

Más allá de sensaciones, ¿qué hay de cierto en este efecto retorno mencionado por Rafart? Desafortunadamente, no disponemos de cifras oficiales específicas sobre el sector de la magia en Catalunya, pero sí que podemos analizar los datos del sector de las artes escénicas recogidos por el Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC). Según esta fuente, en 2022 había en Catalunya 150 compañías de artes escénicas que, en 2023, facturaron 79,8 millones de euros. Comparadas con 2010, el dato histórico más antiguo, el volumen de agrupaciones ha caído un 27,88%, pero la cifra de negocio ha crecido un 21,46%. Así pues, el ámbito más empresarial del sector ha experimentado una reducción en volumen, pero un incremento en rendimiento económico.

En cuanto a la oferta cultural, en 2023 se celebraron 5.046 espectáculos de teatro en Catalunya, un 17,21% más que el año anterior y un 52,96% más que en 2010. ¿Y los espectadores? En 2023, se contabilizaron un total de 3,89 millones en el ámbito de las artes escénicas, una cifra que supone un crecimiento del 23,26% respecto a 2022 y del 28,75% respecto a 2010. De hecho, en 2023 se registró el máximo de la serie histórica de espectadores de artes escénicas en Catalunya, una confirmación fehaciente de la recuperación postpandémica.

En 2023 se celebraron un 52,96% más de espectáculos que en 2010, mientras que el público ha aumentado un 28,75%

Por lo tanto, podemos afirmar que, en términos absolutos, hasta 2023 se ha registrado un repunte de oferta y de demanda de espectáculos de artes escénicas en Catalunya, dentro de las cuales podemos incluir el ilusionismo. En términos relativos, la Enquesta de participació cultural del Departament de Cultura recoge que un 32,1% de los catalanes que consume cultura habitualmente había asistido a un espectáculo en los últimos once meses en 2024. Se trata de una cifra que supone un retroceso respecto al 35,8% alcanzado en 2023, pero si se evalúa en términos más amplios, se observa que, después de la pandemia, ningún año se ha caído por debajo del 30%, y que todos ellos están por encima de la media prepandémica, exceptuando los picos de 2013 (34,7%) y 2015 (39,6%).

Donde no hay tan buenas noticias para el sector es en el gasto cultural. Según cifras del ICEC, en 2023 la población catalana destinó 625 euros anuales en cultura, una cifra similar a los 634 euros de 2022, pero muy por debajo de los 849 euros que se registraban en 2010 y también de los 745 euros de 2019, justo antes de la covid-19. En términos relativos, los 625 euros de 2023 representan un 4,6% del gasto total de los catalanes: nuevamente, en línea con el año anterior (4,7%), y por encima de los mínimos de 2020 (3,87%) y 2021 (4,17%), pero lejos del 5,55% de 2019 o del 6,91% de 2010.

Sea como sea, tanto Rafart como Marzo ven el futuro con buenos ojos. “Como mago de cerca tendré trabajo siempre. Es algo que no veía hace cinco años, pero que ahora tengo muy claro”, reconoce el solsonense. “La gente piensa que la IA, los móviles los ordenadores o internet harán que el mundo del entretenimiento disminuya, pero creo que pasará justo lo contrario”, asegura Marzo. Su argumento es claro: “Lo tenemos todo y lo podemos ver todo, pero siempre a través de una pantalla. Y el hecho de poder quitar el móvil de delante, apagar la pantalla y poder ver cosas sorprendentes en físico, es inigualable”.