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Las pensiones futuras en España: ¿un reto o una ilusión? (III)

Reformar a fondo el sistema de pensiones será inevitable, aunque se deberá hacer de forma gradual en el tiempo

4,5 millones de pensionistas cobran menos que el salario mínimo interprofesional en el Estado
4,5 millones de pensionistas cobran menos que el salario mínimo interprofesional en el Estado
Francesc Raventós | VIA Empresa
Exdecano del Col·legi d’Economistes de Catalunya
16 de Octubre de 2026 - 04:55

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En dos artículos anteriores, Habrá que reformar el sistema de pensiones y El reto de las pensiones en Europa, planteaba que los grandes cambios demográficos ponen en peligro la capacidad de mantener en el futuro el poder adquisitivo de las pensiones. Hoy me centraré en las reformas que se podrían introducir en España.

 

En el año 1995, ante una profunda crisis económica y social, el parlamento español aprobó con amplio apoyo el Pacto de Toledo, que sentó las bases para garantizar la viabilidad del sistema público de pensiones.

Según el informe de la OCDE Pensions at a Glance 2025, España afronta una presión demográfica superior a la media de la UE, situándose como el segundo país donde más crecerá el porcentaje de pensionistas en los próximos 25 años. Según CaixaBank Research, la combinación de una baja natalidad y mayor longevidad transformará radicalmente la estructura social y económica. Por otro lado, la evolución de la inmigración tendrá un impacto muy directo en la sostenibilidad del sistema público de pensiones.

 

El debate sobre las futuras pensiones se prevé tenso y radicalizado. Se debatirá sobre la viabilidad de mantener el poder adquisitivo, cómo se distribuye el coste entre el sector público, el privado y los trabajadores, cómo afectará a la economía y a la competitividad del país y, sobre todo, cuál es el sistema más adecuado.

Hay dos grandes sistemas para financiar las pensiones: el de reparto, en el que los actuales trabajadores financian las pensiones de los jubilados, y el de capitalización, en el que las aportaciones de cada trabajador se acumulan y se invierten para financiar su futura pensión. El sistema de reparto es más solidario porque se basa en la ayuda mutua entre generaciones y personas con ingresos diferentes, mientras que en el sistema de capitalización, cada persona ahorra su propio dinero y la pensión depende de lo que cada uno haya ahorrado y de la rentabilidad de los fondos que le gestionen los ahorros.

¿Qué reformas se pueden introducir en el sistema de pensiones actual?

El sistema español es un sistema de reparto que necesariamente deberá reformarse gradualmente con un horizonte, por ejemplo, fijado en el año 2050. Hay muchas modificaciones posibles. Veamos algunas.

  • Alargar progresivamente la edad efectiva de jubilación hacia los 70 años y estudiar una vinculación más estrecha con la evolución de la esperanza de vida. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) calcula que en el año 2050 habrá unos diecisiete millones de pensiones, mientras ahora hay unos diez millones. El gasto actual representa cerca del 13% del PIB y aumentaría hasta el 16%.
  • Congelar total o parcialmente las pensiones altas. Aumentarían menos que la inflación. Actualmente, existe una gran brecha entre los dos millones de pensionistas, un 23% del total, que cobran 2.000 euros mensuales o más, mientras hay 4,5 millones de pensionistas, el 48%, que cobran menos que el salario mínimo interprofesional. Y no se puede olvidar que en las pensiones hay una importante brecha de género.
  • Reducir la tasa de sustitución que mide la relación entre la cantidad de la pensión de jubilación inicial y el último salario recibido por el trabajador. En España es de un 80%, una de las más altas del mundo.
  • Otras acciones posibles. Entre ellas, incentivar el alargamiento de la vida laboral, dificultar las jubilaciones anticipadas, aumentar la base reguladora y los años cotizados o perseguir el trabajo en negro.

Un cambio radical en España sería el de optar por un sistema mixto, público (de reparto) y privado (de capitalización), como utilizan muchos países. A medio plazo podría reducir la presión financiera sobre el sistema público, pero la transición sería compleja y comportaría costes importantes, porque hay que seguir pagando las pensiones de los actuales jubilados mientras una parte de las cotizaciones se destina a acumular fondos para las futuras pensiones.

Un cambio radical en España sería el de optar por un sistema mixto, público (de reparto) y privado (de capitalización), como utilizan muchos países

Pero lo que es muy importante es que las pensiones dependen de que la economía funcione bien, y por ello habrá que mejorar el capital humano, aumentar la productividad, la tasa de empleo y replantear las políticas migratorias, entre otras. La inmigración bien gestionada es imprescindible y la innovación tecnológica puede contribuir seriamente a suplir la falta de personal laboral y a mejorar la productividad.

¿Mantener el poder adquisitivo de las pensiones es un reto o una ilusión? El futuro no se puede prever, pero sí se pueden diseñar algunos escenarios. A la vista del envejecimiento de la población, del fuerte crecimiento del número de pensionistas, de la disminución de la población activa respecto al número de pensionistas y de un crecimiento moderado de la economía europea, creer que se podrá mantener el poder adquisitivo de las pensiones sin un crecimiento económico suficiente y una reforma estructural del actual sistema de pensiones es una ilusión.

Reformar a fondo el sistema de pensiones será inevitable, aunque se tendrá que hacer de forma gradual en el tiempo. Lo más deseable sería que gracias a un consenso político y social se consiguiera un Nuevo Pacto de Toledo, que garantizara unas pensiones suficientes, dignas y justas. Desafortunadamente, dado el nivel de radicalización existente en la sociedad española, será difícil. Por lo tanto, el nuevo sistema de pensiones dependerá del marco económico existente y de la ideología y de los intereses de los partidos que gobiernen.

Habrá que mejorar el capital humano, aumentar la productividad, la tasa de empleo y replantear las políticas migratorias

Pero el sistema de pensiones es solo una parte del estado del bienestar, que también puede entrar en crisis. Junto con la reflexión sobre las pensiones será necesario también repensar las políticas públicas que promuevan una distribución más equitativa de los recursos y corrijan las desigualdades existentes, lo que exigirá la participación de los agentes públicos y privados, económicos y sociales, para poder garantizar una cierta estabilidad en el futuro. La pregunta final es si seremos capaces de convertir este reto en una ilusión colectiva, o si dejaremos que sean los acontecimientos quienes decidan nuestro futuro.

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