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Rediseñar la venta: dónde debe estar la IA y dónde el humano

Rediseñar la venta ya no va solo de equilibrar humano y tecnología; va de orquestar clientes, partners, datos y capacidades

Una reunión de empresa | fizkes (iStock)
Una reunión de empresa | fizkes (iStock)
Toni Alés | VIA Empresa
Experto en innovación y liderazgo emocional
31 de Mayo de 2026 - 04:55

Si el primer artículo proponía entender el modelo y el segundo mostraba por qué ese modelo genera fricciones cuando toca la realidad… este tercero va de decidir. Y aquí empieza la incomodidad de verdad.

 

Porque decidir implica renunciar. Significa aceptar que no todo debe automatizarse, que no todo debe seguir en manos del equipo comercial y que, en algunos casos, rediseñar la venta exige revisar algo todavía más profundo: qué es exactamente lo que estamos vendiendo.

El error no es tecnológico

Durante años, muchas empresas han pensado la venta como una mezcla de producto, servicio, canal y fuerza comercial. La inteligencia artificial ha entrado en esa ecuación como una nueva capa: más datos, más automatización, más personalización.

 

Pero quizá el salto no está ahí. Quizá el salto consiste en pasar de vender “cosas” a vender resultados. De vender outputs a vender outcomes. De cerrar transacciones… a compartir impacto. Y eso cambia todo.

Mucha inversión, poco rediseño

El contexto es claro. Según Accenture, el 74% de las organizaciones afirma que sus inversiones en automatización y GenAI han cumplido o superado las expectativas, y más del 60% prevé incrementarlas de forma significativa en los próximos años. Pero hay una grieta.

Según IBM, solo alrededor del 25% de las iniciativas de inteligencia artificial está generando el retorno esperado.

No por falta de tecnología, sino por falta de integración. Porque la velocidad de inversión ha ido por delante del rediseño del modelo. Hemos añadido inteligencia a sistemas y equipos que todavía no estaban preparados para utilizarla. Y eso no transforma. Solo acelera lo que ya existía.

La primera decisión no es dónde poner IA

Es que merece ser rediseñado. Porque si sigues vendiendo lo mismo, del mismo modo, con una capa de inteligencia artificial por encima… no reinventas nada. Solo haces más eficiente un modelo que quizá ya no tiene sentido. Y aquí aparece una idea incómoda.

En muchos mercados, vender productos o servicios ya no basta. El cliente no quiere comprar una máquina, ni una licencia, ni una consultoría. Quiere comprar menos paradas, más productividad, menos riesgo, mejor adopción. Quiere resultados. Quiere outcomes.

Cuando vender cambia de naturaleza

Ese cambio no es marginal. Está desplazando el centro de gravedad de la venta, desde la oferta hacia el impacto. Según PwC, el 73% de los clientes empresariales considera que la experiencia, y especialmente la capacidad de generar valor tangible, es un factor decisivo en sus decisiones de compra. Pero hay más.

Quizá el salto consiste en pasar de vender “cosas” a vender resultados

Cada vez más sectores están migrando hacia modelos as-a-service, donde el cliente no compra un activo, sino una capacidad. No paga por tener, paga por conseguir. Y eso transforma la venta en algo distinto porque cuando vendes resultados, ya no vendes solo. Te implicas.

La brecha entre intención y realidad

El discurso está claro, pero la ejecución no tanto. Según Bain, las compañías B2B que lideran el crecimiento están duplicando el rendimiento de sus sectores, en parte porque despliegan tecnología, incluida la IA, como multiplicador de ventas, pricing y productividad. Pero, sobre todo, porque han rediseñado su modelo comercial.

No han añadido tecnología; han cambiado la lógica. Sin embargo, en la práctica, menos del 20% de los contratos se basan en resultados reales, como el impacto o el rendimiento obtenido por el cliente. La ambición va por delante de la realidad. Y ahí es donde aparece la decisión.

Segunda decisión: dejar de pensar en funnels

Durante décadas hemos diseñado la venta como un embudo: generar, convertir, cerrar. Pero un embudo mira volumen y el contexto actual exige otra cosa: un sistema. Un sistema de creación de valor, donde la pregunta no es cuántas oportunidades avanzan, sino qué combinación de capacidades humanas, tecnológicas y ecosistémicas hace posible el resultado prometido. Y eso no se optimizam, se diseña.

Dónde debe estar el humano

En un modelo orientado a resultados reales —a impacto—, el papel del humano no es acompañar, sino aportar criterio, contexto y dirección. Está para traducir ambigüedad, para construir confianza cuando el riesgo es compartido, para interpretar contexto, para redefinir el problema junto al cliente. Es menos vendedor y más arquitecto de valor. Porque hay decisiones que no se toman con información, se toman con criterio. Y el criterio no se automatiza fácilmente.

Dónde debe estar la IA

La inteligencia artificial, en cambio, debe ir donde aporta asimetría. Donde amplifica capacidades que el humano no puede escalar: modelizar escenarios, anticipar desviaciones, detectar patrones, optimizar pricing y enriquecer contexto. Pero no debería ocupar el espacio donde lo decisivo no es la respuesta, sino la conversación. Porque hay conversaciones que no deben acelerarse; deben profundizarse.

La tercera decisión: orquestar

Aquí aparece el nivel más avanzado. Porque rediseñar la venta ya no va solo de equilibrar humano y tecnología; va de orquestar clientes, partners, datos y capacidades.

Rediseñar la venta ya no va solo de equilibrar humano y tecnología; va de orquestar clientes, partners, datos y capacidades

Según McKinsey, las organizaciones B2B con modelos omnicanal bien integrados crecen significativamente más rápido que aquellas que operan en silos. Pero la clave no es el canal, es la coherencia. Nadie entrega resultados complejos desde un silo; se necesitan ecosistemas y alguien que los orqueste.

El punto de inflexión

Llegados a este punto, la pregunta cambia. Quizá rediseñar la venta no consista en vender mejor. Quizá consista en dejar de llamar “venta” a algo que, en realidad, se parece cada vez más a diseñar negocios compartidos con clientes y partners donde el valor no se entrega, se construye, se mide, se ajusta y, muchas veces, se comparte.

Food for Thought

La conversación sobre IA en ventas empieza mal: ¿qué podemos automatizar? La pregunta real es otra. ¿Qué parte de tu modelo ya no tiene sentido… aunque aún funcione? Porque automatizar lo irrelevante no es innovar, es hacerlo desaparecer más rápido. Y ese es el dilema. 

No es tecnológico, es quién decides ser. Porque ya no gana quien vende más. Gana quien demuestra valor, pero sobre todo quien se atreve a arriesgarlo Y eso, todavía, no se automatiza, se decide.


Este artículo forma parte de la sección Food for Thought, un espacio para abrir conversaciones que vayan más allá del día a día. No buscamos respuestas cerradas, sino preguntas que nos obliguen a pensar distinto sobre innovación, liderazgo y economía de impacto. Porque, a veces, lo que más alimenta no son las respuestas… sino las buenas preguntas.