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Ser el "faro" de la descarbonización o resolver la competitividad industrial: ¿qué eliges, Europa?

Los presidentes de Repsol y Naturgy critican la regulación climática de la UE y piden más equilibrio con la política industrial y defender la neutralidad tecnológica

El presidente de Repsol, Antonio Brufau, y el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, en la 41a Reunió del Cercle d'Economia | David Zorrakino (Europa Press)
El presidente de Repsol, Antonio Brufau, y el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, en la 41a Reunió del Cercle d'Economia | David Zorrakino (Europa Press)
Marc Vilajosana, periodista de VIA Empresa | Mireia Comas
Periodista
Barcelona
02 de Junio de 2026 - 04:34
Act. 02 de Junio de 2026 - 18:39

En una jornada en que se cumplen tres meses y dos días desde el cierre del estrecho de Ormuz, las metáforas marítimas se sienten particularmente acertadas a la hora de describir la geopolítica actual. Pero no hablamos de Estados Unidos o de Irán, sino de una Europa que la vicepresidenta del Cercle d’Economia, Carmina Ganyet, ha definido como un “faro que aguanta estoicamente un mar tempestuoso que intenta lidiar”. Unas aguas bravas en que tres olas estallan desde direcciones diferentes: una competitividad industrial que no alcanza el nivel de EUA o China; una crisis geopolítica “que pone en riesgo la cadena de suministros energéticos”; y una descarbonización acelerada que choca frontalmente con las otras dos.

 

Es este el panorama que ha planteado la 41a Reunión del Cercle d’Economia para preguntarse cuál es el modelo energético que debería seguir Europa. Y, atendiendo a las voces invitadas, la respuesta ha quedado clara: la apuesta que el continente ha hecho para liderar la transición energética mundial no es compatible con una industria potente y competitiva. Así lo han defendido, al menos, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, y su homólogo de Naturgy, Francisco Reynés. Brufau ha sido especialmente contundente: “Estamos haciendo cosas para salvar el planeta que los que compiten con nosotros no hacen. Europa ha basado su estrategia energética al margen de la industria. Dentro del vértice energético de sostenibilidad, seguridad y accesibilidad, solo ha sacado adelante la sostenibilidad”.

Ormuz: las consecuencias de un paro indefinido

Pero antes de entrar a debatir sobre la estrategia a largo plazo, la urgencia de Ormuz se ha hecho un hueco por su relevancia en el suministro energético. Una crisis comparada por algunos con la del petróleo en los años setenta o con la del gas ruso después de la invasión de Ucrania que, si no se soluciona urgentemente, Brufau vaticina que provocará una larga lista de consecuencias: “Veremos inflaciones altas, especulación, tipos de interés altos, incrementos del coste del capital, crisis alimentarias de primerísima magnitud y cambios en la logística”.

 

Eso sí, lo que no prevé que cambie Brufau es el modelo energético imperante: “Hace 50 años, los combustibles fósiles representaban el 83% del consumo total, y hoy representan el 81%”. Un cambio de tan poca significancia que le ha hecho afirmar que “si no lo hemos podido cambiar en 50 años, tampoco lo conseguiremos en los próximos 50, por más que haya voces europeas que hablen de la electrificación como solución”. 

Brufau: “Hace 50 años, los combustibles fósiles representaban el 83% del consumo total, y hoy representan el 81%”

Lo que de momento ha quedado claro es que el impacto energético del cierre de Ormuz no ha afectado a todos los países europeos con la misma magnitud. Uno de los que ha salido mejor parado es el Estado español, un hecho que Reynés ha vinculado a la diversificación del suministro de gas: “Hoy, el gas lo aportan tres proveedores, dos de ellos en forma licuada y un tercero de forma gaseada, a través de un gasoducto que conecta con Argelia”. Este último elemento, que representa alrededor del 35% del abastecimiento de gas del país, posiciona a España en una mejor situación que sus vecinos, como también lo hace el hecho de tener “instalaciones con más capacidad de regasificación” que el resto del continente. “Pero es cuestión de tiempo”, ha alertado el presidente de Naturgy, que ha identificado la poca interconexión energética del Estado con el resto del continente como una debilidad que resta flexibilidad -como bien pudimos experimentar con el apagón del 28 de abril de 2025-.

Regulación y descarbonización frente a la competitividad empresarial

La falta de flexibilidad es, de hecho, una de las grandes problemáticas que, según Reynés, tiene el sistema energético europeo. “Siempre digo que si nos vieran desde Marte, pensarían que en Europa somos los más listos porque tenemos de todo: gas, nuclear, solar, hidroeléctrica… Pero cuando haces zoom, nadie aprovecha la diversificación de las fuentes de suministro de Europa por la falta de flexibilidad”, ha reflexionado el presidente de Naturgy. Unas debilidades que ha vinculado al hecho de que “no hay una política energética en Europa; solo hay regulación”.

En esta misma línea se ha posicionado Brufau, quien ha criticado que “desde los Acuerdos de París, Europa se ha convertido en el líder de la descarbonización, pero para ser líder, el resto te tiene que seguir, y nadie lo está haciendo porque cada uno tiene sus objetivos”. El presidente de Repsol ha asegurado que la regulación derivada de este posicionamiento “ha traído costes energéticos altos, falta de flexibilidad y el hecho de que la industria se desplace a China”, todo mientras “las emisiones de Europa no llegan al 6% global”. 

Reynés: “No hay una política energética en Europa; solo hay regulación”

Ha profundizado aún más Reynés, que ha recordado que “la energía, la materia prima y la mano de obra son los tres costes más importantes de cualquier empresa industrial”, y que cualquier política que afecte el precio de uno de ellos tendrá un efecto notorio en la competitividad empresarial. “Hemos empezado regulando, o directamente obligando a tomar decisiones que afectan la partida del coste energético, y después queremos ser competitivos en exportación, o incluso dentro de nuestros mercados, donde recibimos importaciones que desplazan la oferta interna”, ha espetado.

Un clamor por la “neutralidad tecnológica”

Ante este contexto, Ganyet ha preguntado a los cabezas visibles de ambas energéticas si la tecnología no puede ser una solución para recuperar competitividad perdida por la apuesta por la descarbonización. Y si bien Brufau ha reconocido el potencial del hidrógeno verde y los puntos positivos de la electrificación, también ha criticado que esta última sea la única apuesta técnica del continente: “Se debe respetar la ciencia, como hacen en Estados Unidos”.

En concreto, el presidente de Repsol ha señalado que “se está penalizando mucho la explotación de combustibles fósiles en el Mar del Norte”, a diferencia de lo que sucedió durante la crisis del petróleo del 73, y lo ha ilustrado con un caso de ejemplo: “En Chipre, un país de la Unión Europea, se ha hecho un gran descubrimiento de gas natural. ¿Qué hace el operador? No lo envía a Europa, lo envía a Egipto, porque en Europa encontrará muchos más problemas. Y esto no tiene ninguna lógica”.

Una discusión que también ha dirigido la mirada a la energía nuclear, especialmente en un momento en que las fechas previstas de cierre de las centrales se aproximan y que en Catalunya continúa representando el 56,5% del mix energético. Sin entrar mucho en detalle, Reynés ha recordado que “Alemania decidió, en su momento, abrazarse al gas ruso y abandonar la energía nuclear, y hoy se arrepienten”.

El presidente de Naturgy ha considerado que, de la misma manera que con la descarbonización del sector industrial, “no podemos pasar de sacar un cero a sacar un diez” con las fuentes de energía, y ha reclamado que “debe ser una transición progresiva”. Y no se ha abstenido tampoco de hacer un guiño a otras fuentes energéticas: “La red de transporte y distribución de gas natural está muy bien preparada, no solo para llevar gas natural, sino también biometano, que está disponible a corto plazo y daría un backup más descarbonizado a las turbinas de gas”.

A caballo entre China y Estados Unidos

Pero toda esta mirada hacia dentro no se podría hacer sin tener en cuenta los dos grandes mercados con los que el europeo se compara y se psicoanaliza, el estadounidense y el chino. En este sentido, Brufau no ha escondido su posicionamiento: “Estados Unidos tiene una regulación motivadora para la industria y para la descarbonización; incrementan su peso en el planeta y, al mismo tiempo, han reducido emisiones, tanto a escala absoluta como relativa”.

Brufau: “Estados Unidos tiene una regulación motivadora para la industria y para la descarbonización; en cambio, China está destruyendo el planeta”

En cambio, con el gigante asiático se ha mostrado mucho más beligerante: “China está destruyendo el planeta: las emisiones que produjeron eran del 30% mundial, y ha crecido un 250% en consumo de carbón en los últimos veinte años”. Una situación de la que ha tildado a los europeos de “colaboradores necesarios”, ya que “hemos trasladado allí muchas empresas que no podían operar aquí por el constreñimiento de los costes de la energía”. “China lleva muchos años financiando con dinero público empresas públicas que, con carbón, producen la tecnología verde que nosotros compraremos”, ha resumido. Es por estas razones que el presidente de Repsol ha defendido la necesidad de “reforzar la alianza transatlántica y aprender de Estados Unidos”, ya que “si miramos a China como está pasando ahora, nos convertiremos en un gran consumidor, lo que representará la supeditación”.