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Rafael Marín llegó a Barcelona proveniente del Pirineo aragonés con solo diecisiete años. Gracias a los conocimientos adquiridos como tornero durante el servicio militar, empezó a trabajar de mecánico. Con el tiempo se convirtió en comercial de una empresa de perfumería, donde llegó a ser el director comercial para toda España. Pero su inquietud era emprender su propio proyecto y fundó una empresa de marroquinería.
Era el año 1973 y, más de 50 años después, aquel proyecto es una empresa que fabrica desde reposacabezas para aviones de medio mundo hasta mantas o sábanas para ambulancias. Es la historia de Laystil, que con la segunda generación al frente y siete trabajadores factura dos millones de euros y exporta más del 30% de su producción, toda centralizada en Abrera.
De neceseres a productos para aviones
Los primeros pasos de Laystil estuvieron muy alejados del negocio actual. Marín empezó fabricando productos de marroquinería, aprovechando sus conocimientos comerciales y mecánicos. Una de las primeras ideas, totalmente innovadora en la época, fue aplicar una nueva manera de coser para fabricar neceseres para promociones de perfumería. El salto definitivo llegó cuando la empresa empezó a fabricar neceseres para pasajeros de primera clase de aviones.
A partir de aquí, fue entrando en un sector que acabaría marcando buena parte de su trayectoria: la aviación. Los neceseres dieron paso a los reposacabezas, primero desechables y posteriormente de tela, y también a fundas de almohada, bolsas de mareo y mantas. Durante años, la empresa estuvo muy centrada en el sector aeronáutico, hasta que la llegada del AVE abrió una nueva vía de negocio con los trenes.
Los tejidos no tejidos: poco conocidos e imprescindibles
Una parte importante de la actividad de Laystil gira alrededor del tejido no tejido, un material que permite fabricar productos muy diversos y que se encuentra en muchos ámbitos de la vida cotidiana. “Está en millones de productos”, explica Carolina Marín, directora comercial y segunda generación de la empresa. Pañales, toallitas, tapicerías, filtros de campanas o mascarillas son solo algunos ejemplos. “Cuando compras un jersey o una camiseta, está hecho de hilos, están tejidos. El tejido no tejido no interviene ninguna máquina de coser”, explica.
Marín: "Hemos ido evolucionando gracias a los clientes"
La entrada de Marín en la empresa, en el año 1999, coincidió con una nueva etapa de expansión e internacionalización y una transformación progresiva del negocio. Laystil empezó a mirar más allá de la aviación y el ferrocarril y aprovechó los conocimientos acumulados durante décadas para entrar en nuevos sectores. Uno de los principales fue el sector hotelero. Una diversificación impulsada especialmente por los propios clientes.
“Como hacíamos bolsas de mareo de papel, empezamos a fabricar bolsas de lavandería para hoteles”, explica Marín. Después llegaron las tapas para cubrir los vasos de las habitaciones, bolsas para guardar almohadas y otros productos fabricados con papel o tejido no tejido. “Un cliente nos preguntaba si podíamos hacer este producto. Hemos ido evolucionando gracias a los clientes”, resume.
De aviones a hoteles y ambulancias
Este proceso ha hecho que actualmente Laystil tenga el negocio repartido entre aviación, ferrocarril y Horeca, con la aviación todavía como la principal fuente de ingresos. Paralelamente, la compañía ha desarrollado una línea vinculada al sector sanitario y las emergencias, con productos como sábanas y mantas para ambulancias, rollos de camilla y alfombras antideslizantes para los quirófanos. En hoteles, puede hacer desde los papeles que tapan los vasos de cortesía hasta las bolsas para la lavandería. También continúa desarrollando nuevos productos para los sectores donde ya está presente, como los reposacabezas personalizados para eventos.
La diversificación ha sido más que una vía para encontrar nuevos clientes: ha supuesto un seguro ante los cambios del mercado. Marín pone como ejemplo la transformación que han experimentado los reposacabezas de los aviones, que han pasado del tejido a la polipiel. “Si solo hubiéramos hecho esto, habríamos desaparecido. Suerte de la diversificación”, asegura.
Una fábrica pequeña con capacidad industrial
Una de las particularidades de Laystil es que, a pesar de trabajar para grandes compañías, ha mantenido una estructura muy reducida. Actualmente tiene siete trabajadores y concentra toda la fabricación en Abrera, donde dispone de la maquinaria necesaria para producir los diferentes artículos y combinar materiales. La compañía compra las materias primas principalmente en Europa y mantiene bajo control propio el proceso de fabricación.
Es una decisión empresarial que limita el ritmo de crecimiento, pero que permite a la familia controlar directamente la calidad, los plazos y la adaptación de los productos. “Preferimos fabricar nosotros y controlarlo todo, sin depender de terceros”, apunta Marín. Además, como la automatización de la fabricación es muy elevada, el coste de la mano de obra tiene un peso reducido.
Mantener la fabricación en Catalunya también es motivo de orgullo para la familia, especialmente después del papel que pudo jugar la fábrica durante la pandemia. “Durante la covid, pudimos echar una mano a la Generalitat con mantas, sábanas, todo lo que se necesitaba. Todavía se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo”, recuerda Marín.
Las claves del éxito
Para Carolina Marín, los precios competitivos, la honestidad, el cumplimiento de los plazos y la comunicación con los clientes son algunos de los pilares fundamentales del negocio. La relación directa con los compradores es especialmente importante en una empresa que fabrica productos adaptados a las necesidades de cada cliente. El perfil es diverso: desde grandes multinacionales hasta pequeñas y medianas empresas.
“Somos muy sinceros: si se puede hacer o si no se puede hacer”, explica Marín. Una forma de trabajar que busca generar confianza y mantener relaciones comerciales a largo plazo con clientes que, en algunos casos, llevan años trabajando con Laystil.
Una tercera parte del negocio, en el exterior
La internacionalización de Laystil comenzó en 1999 y hoy más del 30% de la producción se exporta, sobre todo los productos vinculados a la aviación. Europa es uno de los principales mercados de la compañía, pero sus productos también llegan a aerolíneas sudamericanas. Los reposacabezas, las fundas de almohada y las bolsas de mareo son algunos de los productos con más recorrido internacional. Ahora, la familia quiere replicar esta experiencia en otro mercado: el de la hostelería.
“Me gustaría crecer y exportar Horeca. Exportar productos para hoteles en Europa. Es mi apuesta”, explica Marín. La idea es reforzar la estructura comercial para encontrar nuevos clientes y mercados sin tener que renunciar al modelo de fabricación propia.
Crecer sin perder el control
Laystil se acerca a los dos millones de euros de facturación anual y cierra los ejercicios con beneficios. En lugar de repartir dividendos, la familia opta por reinvertirlos en nueva maquinaria y nuevos productos. Una política que permite mantener vivo el mismo espíritu emprendedor con el que Rafael Marín puso en marcha la empresa hace más de medio siglo.
Con la segunda generación al frente, Laystil afronta una nueva etapa: crecer en el exterior, especialmente en el sector hotelero, pero manteniendo una estructura pequeña, una fábrica propia y una relación directa con los clientes. Es una fórmula que ha permitido a una empresa nacida fabricando neceseres convertirse en un proveedor discreto pero presente en algunos de los momentos más cotidianos de un viaje, de una estancia de hotel o de una emergencia sanitaria.
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