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Vitralls Bonet, la empresa centenaria que ilumina la Sagrada Família

La tercera generación de la familia Bonet lidera hoy un taller fundado en 1923 que ha expandido las fronteras del negocio

Una de las vidrieras de la Sagrada Família confeccionadas por Vitralls Bonet | Cedida
Una de las vidrieras de la Sagrada Família confeccionadas por Vitralls Bonet | Cedida
Marc Vilajosana, periodista de VIA Empresa | Mireia Comas
Periodista
10 de Junio de 2026 - 04:55

“El sol es un gran pintor, que en nuestras regiones pinta con colores muy bonitos”. Estas palabras de Antoni Gaudí, recogidas por el discípulo del maestro y arquitecto César Martinell en el libro Gaudí i la Sagrada Família comentada per ell mateix, dejan clara la importancia que la luz solar tiene en la arquitectura de la iglesia más alta del mundo. Una luz que entra en el interior del templo a través de los vitrales de la nave, que a diferencia de lo que manda la tradición gótica, priorizan los colores más intensos y decorados en las alturas más bajas, mientras que los vitrales superiores optan por la luz blanca.

 

El diseño de estos vitrales, de los cuales no se daban muchos más detalles en la documentación disponible, corrió a cargo del artista Joan Vila-Grau, que entre 1999 y 2019 se encargó de su confección. Veinte años de trabajo que, sin embargo, no hizo solo: los dibujos de Vila-Grau tomaron forma física gracias al trabajo de Vitralls Bonet, una empresa centenaria originaria del barrio de Gràcia de Barcelona que ya en los años treinta y cuarenta del siglo pasado habían trabajado en los vitrales de la cripta de la Sagrada Família.

Más de cien años de confección y reparación de vitrales

Hoy, Vitralls Bonet se ubica en l’Hospitalet de Llobregat y tiene al frente a los hermanos Jordi Bonet y Luard Bonet, tercera generación de un taller que las ha visto, y fabricado, de todos los colores. “La empresa la fundan en 1923 mi abuelo, Josep Maria Bonet, y su hermano, Xavier Bonet. Son una familia que viene de Arsèguel (Alt Urgell) y que en 1908 ya están en Barcelona”, explica Jordi Bonet, actual director del taller. Los dos hermanos se habían formado como aprendices en el histórico Taller Oriach y decidieron sacar adelante un nuevo taller en 1923, ubicado originalmente en la calle de Montseny y, más adelante, en la calle de Astúries. “Lo fundan con el dinero que Xavier gana jugando a fútbol en el Europa, donde era capitán”, relata Jordi Bonet.

 

Vitralls Bonet nace originalmente como un taller de vocación novecentista, que era el estilo artístico del momento. “Trabajan con el espíritu de hacer un arte más renovador, más local, catalanista… El modernismo, en general, no les gusta mucho, aunque después el taller se ha pasado la vida haciéndolo”, comenta el actual director de la empresa. Los primeros encargos son de vidrios grabados, a partir de los cuales empezaron a colaborar con varios artistas, entre los que destaca el nombre de Darius Vilàs, pintor y decorador vinculado al Centre Artístic de Sant Lluc. “La primera gran obra es de 1925, la Parròquia del Carme”, explica Jordi Bonet, unos vitrales que elaboran en colaboración con Vilàs y el arquitecto Josep Maria Pericas. Cinco años más tarde llegó el primer encargo del taller para la Sagrada Família, que confeccionan también con Vilàs y Pericas: unos vitrales para la cripta del templo de Gaudí. Un trabajo que, con todo, no era la gran referencia de los hermanos Xavier y Josep Maria: “Curiosamente, ellos no tenían tanto como referencia la Sagrada Família, sino la Parròquia del Carme”.

Nacido como un taller novecentista, Vitralls Bonet confecciona con el artista Darius Vilàs y el arquitecto Josep Maria Pericas los vitrales de la cripta de la Sagrada Familia

Con la llegada de la Guerra Civil, Vitralls Bonet es colectivizado junto con otros talleres de la ciudad y los dos hermanos se alejan del sector y se dedican a otras actividades profesionales. Es entonces cuando muchos de los dibujos que tenía la empresa, “al ser mayoritariamente arte sacro y burgués”, son quemados. Pero con el fin de la guerra, vuelven al taller y empiezan a enfocarse en la reconstrucción de arte religioso dañado durante el conflicto. “Hay mucha escasez de materiales y es una época penosa, pero también hay muchísimo trabajo para reconstruir el país”, indica Jordi Bonet. Durante los siguientes años, el taller trabajó en la reconstrucción de vitrales y vidrieras en lugares como Vallbona de les Monges, el monasterio de Poblet, Móra d’Ebre, Móra la Nova o la misma cripta de la Sagrada Família que habían confeccionado dos décadas atrás.

Esta etapa de reconstrucción se alarga hasta la segunda mitad de los años cincuenta, momento en que un nuevo impulso del arte litúrgico provoca la aparición de nuevos artistas como Ramon Rogent, Francesc Fornells-Pla, Domènec Fita o Joan Vila-Grau. “Es una corriente internacional: como también están reconstruyendo toda Europa, surgen iglesias brutalistas que usan mucho la abstracción”, apunta Bonet, con una “nueva generación de artistas que usan la vidriera como campo propio”. Esta nueva hornada supone un impulso para la confección de vidrieras en el taller, que incluso da el salto al mundo civil en edificios como ayuntamientos o paraninfos de universidades.

Durante esta época, en 1967, Xavier Bonet, que aparte del taller tenía “mil negocios” en industrias como la química, los juguetes o los inmuebles, decide dejar la empresa en manos de su hermano. Pero el cofundador no se quedó solo: muy pronto se le unió su hijo, también llamado Xavier, que con el tiempo tomaría el relevo al frente de la compañía, y la mujer de este, Pilar de Ahumada, que ejerció como dibujante principal del taller. La tercera generación se añadiría al cabo de unas décadas: el primero fue Luard Bonet, quien después de formarse artísticamente se incorporó al equipo alrededor de 1995, mientras que Jordi Bonet, que estudió química, se sumó a la empresa en 2001. Ahora, ambos lideran conjuntamente el taller: Luard, a cargo de la parte artística, y Jordi, de la parte de restauración.

Vitralls Bonet va treballar entre 1999 i 2019 en la confecció i instal·lació dels vitralls de la Sagrada Família | Cedida
Vitralls Bonet trabajó entre 1999 y 2019 en la confección e instalación de las vidrieras de la Sagrada Familia | Cedida

20 años de trabajo para las vidrieras de la Sagrada Família

Es en el impás entre la segunda y la tercera generación familiar que Vitralls Bonet comienza el encargo que consolidará su prestigio como taller: las vidrieras de la nave de la Sagrada Família. “Con Vila-Grau ya habíamos trabajado en muchas vidrieras, como las de Santa Maria de Balaguer, Sant Joan de Sitges y Llars Mundet”, recuerda el director del taller. La Sagrada Família le encargó al pintor el diseño de todas las vidrieras de la nave del templo, de acuerdo con las pocas anotaciones que quedaban hechas por Gaudí, y Vila-Grau escogió Vitralls Bonet como compañeros de viaje. “Nuestro trabajo era construir los dibujos que hacía él, todo el peso creativo es absolutamente suyo”, deja claro Jordi Bonet, que admite que “cumplir los plazos a veces era difícil, pero los cumplimos siempre”.

Es así que, durante veinte años, el taller trabajó de la mano con Vila-Grau para confeccionar todas las vidrieras que forman parte de la nave de la Basílica. “Inicialmente, no sabíamos si las haríamos todas, y las fuimos haciendo una a una hasta que las completamos todas en 2019”, rememora Bonet. “El arquitecto director de la Sagrada Família [Jordi Bonet i Armengol] y Vila-Grau se conocían mucho y se tenían mucha confianza, y eso facilitó mucho toda la parte creativa”, opina el vidriero.

Bonet: “Con la primera vidriera que pusimos, en el año 99, el crucero no estaba cubierto y no había techo”

El director del taller admite que se sienten “muy afortunados y orgullosos” de que Vila-Grau y el templo contaran con ellos para este trabajo, y que aunque lo han tenido que coordinar con otros proyectos, “la Sagrada Família siempre ha sido prioritaria”. Bonet deja constancia de cómo ha cambiado la construcción del templo desde que empezaron a trabajar en él: “Con la primera vidriera que pusimos, en el año 99, el crucero no estaba cubierto y no había techo. Pasábamos por los pasillos de lado a lado con todos los turistas, había andamios hasta el techo y a veces subíamos las vidrieras caminando por las escaleras. Hacíamos cosas que ahora serían impensables”.

El cambio de la profesión y la mirada al extranjero

El hecho de haber trabajado durante veinte años en las vidrieras de la Sagrada Família, junto con el centenario que celebraron en 2023, han otorgado a Vitralls Bonet un prestigio que les ha permitido extender el negocio más allá de Catalunya, donde han trabajado siempre. “Ya habíamos hecho colaboraciones internacionales y con artistas de fuera, pero desde 2019 hemos hecho vidrieras en Londres, Bristol o Japón”. Además, para mantener el volumen actual de trabajo, la empresa decidió trasladarse en 2017 desde su histórico taller de Gràcia a uno nuevo en l'Hospitalet de Llobregat, donde ahora tienen unas instalaciones “más grandes, más ordenadas y más fáciles de trabajar”.

Ahora bien, la expansión internacional no era fácil de mantener, ya que “cuando se acababa el proyecto y la gestión comercial, no tenía continuidad”. La empresa ha contado con la ayuda de Acció para actualizar currículums, cartas de recomendación y hacer mejores prospecciones, y aunque "no acabó de funcionar del todo", les ha ayudado a “estar bastante preparados para cuando tuviéramos contactos internacionales”. A pesar de todo, Bonet se muestra optimista, remarcando que “si miramos diez años atrás, cada año hemos enviado dos o tres proyectos al exterior”. A su parecer, los mercados que ve con mejores ojos son Corea o Japón, países “con un amor muy grande a la arquitectura de Gaudí y que cuando quieren comprar un objeto, valoran mucho que sean las mismas manos que según qué referencias”.

Bonet: “Si miramos diez años atrás, cada año hemos enviado dos o tres proyectos al exterior”

Pero más allá de la exportación, el gran valor de Vitralls Bonet es conseguir mantener la estabilidad y el buen nombre dentro del sector. Porque en cien años, el negocio vidriero ha cambiado sustancialmente. “Hay cosas que seguimos haciendo”, puntualiza Bonet, “si viene un cliente privado que quiere una puerta para el pasillo, se la hacemos siempre”; pero esta es un tipo de negocio que “para mi padre o abuelo era una actividad mensual, 20 o 30 encargos al mes, y eso ahora ha desaparecido”. Tampoco continúan los decoradores de interiores, una profesión habitual durante el siglo pasado, porque tener un interior bien decorado era “una cuestión de moral”: “Esto que hacemos ahora de tener un interior con cuatro cosas del Ikea porque te echarán, antes era inconcebible”.

Para contrarrestar esta pérdida de tipologías de clientes, Vitralls Bonet se ha especializado tanto en las creaciones propias, diseñadas por Luard Bonet, como en la conservación y la restauración. “Intentamos ser buenos en proyectos grandes; tenemos una plantilla bastante grande —de nueve trabajadores— que es difícil de mantener, pero así, cuando te llega uno, no los tienes que enseñar a todos”, explica Jordi Bonet. Es así que han conseguido mantener una cifra de negocio que oscila entre los 400.000 y los 800.000 euros anuales, en función de los concursos públicos que consiguen.

Els reflexes dels vitralls de la Sagrada Família sobre les columnes i l'interior del temple | Cedida
Los reflejos de los vitrales de la Sagrada Familia sobre las columnas y el interior del templo | Cedida

Precisamente esta experiencia es la que permite al taller continuar con la mirada ya puesta en el futuro: “Tenemos gente muy mayor que se jubilará próximamente, así que estamos intentando formar gente”. Una nueva generación de vitraleros que, en los próximos aniversarios de la obra magna de Gaudí, podrán presumir de formar parte de una compañía indispensable para que la luz ilumine el interior de la Basílica.