Genio, loco y soñador son los tres adjetivos más repetidos cuando se habla de Antoni Gaudí (Reus o Riudoms, 1852). El arquitecto avanzado a su tiempo que imaginó la monumentalidad de la Sagrada Familia, los detalles de la Casa Vicens, la Casa Batlló o los colores del Parc Güell, llega este miércoles a la conmemoración del centenario de su muerte. Su figura, ligada a un patrimonio cultural, turístico y económico de primer orden, despierta -en pasado, presente y futuro- fascinación en todo el mundo. Un siglo después de que un tranvía apagara la vida del artista entre las calles de Bailén y Girona, en la Gran Vía de Barcelona, el eterno templo inacabado se ha convertido en un icono global de una magnitud estadística incontestable. Según los datos recogidos en la última Memoria Anual de 2025, la basílica roza los cinco millones de visitantes anuales, una cifra consolidada que crece con un tímido 0,91% respecto al año anterior.
Hoy, su magnetismo se traduce en 1.600 puestos de trabajo y unos ingresos de 134,5 millones de euros, una recaudación que proviene exclusivamente de origen privado. Ahora bien, la Junta Constructora del Templo Expiatorio gestiona este capital y reparte el 51,7% del pastel a la construcción y aceleración de las obras, mientras que el 31,8% se destina a su gestión. El resto se distribuye en forma de aportaciones anuales al Fondo Común Diocesano y el cumplimiento de los pagos urbanísticos pactados con el Ayuntamiento de Barcelona. La primera piedra de este sueño, sin embargo, se colocó mucho antes, el 19 de marzo de 1882. Conviene recordar que no fue en manos de Gaudí, sino en las del diseño neogótico del arquitecto Francisco de Paula del Villar. Su renuncia en el año 83 hizo que un joven y audaz Gaudí recogiera el testigo y asumiera la dirección de la obra.
La Sagrada Familia roza los cinco millones de visitantes anuales, con un magnetismo que se traduce en unos ingresos de 134,5 millones de euros
Esta solidez financiera es el combustible que ha permitido escalar la culminación de la majestuosa torre de Jesucristo, aunque al monumento todavía le faltan un buen puñado de trabajos hasta la finalización definitiva en 2035. Al fin y al cabo, con las cosas de palacio vale más sentarse. La expectación internacional por ver la cruz que llega al cielo con una altura de 172,5 metros es tan intensa que la visita del papa León XIV -y la correspondiente rúa en papamóvil- servirá para presidir la misa solemne y la bendición de la torre. Un hito histórico y de gran trascendencia espiritual que sitúa a Catalunya en el centro de las miradas del mundo.
El acto ya ha confirmado la asistencia de 8.000 fieles (4.000 dentro, y 4.000 fuera) ante la presencia de los Reyes de España, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Salvador Illa. Todo ello, con la gran curiosidad de ver si Catalunya hará (o no) sombra a los siete minutos de aplausos que su santidad recibió en Madrid. De momento, ya se ha ganado a los devotos congregados en la catedral con un emotivo e inesperado "bon dia i bona ora" en catalán. La euforia convive con el malestar de varias entidades sociales laicas que, bajo el lema Yo no te espero, han lanzado un manifiesto para denunciar los privilegios públicos -como la apertura gratuita del Estadio Olímpico- y el uso de recursos institucionales en esta visita.
Sin embargo, este despliegue institucional también despierta ciertos temores en la ciudad condal, heredados de la memoria histórica. La última visita de un pontífice a Barcelona - protagonizada por Benedicto XVI en el año 2010-, marcó un antes y un después al disparar un 40% la presencia y masificación turística alrededor de la Sagrada Familia. En el año 2011 la visitaron 3,2 millones de personas, frente a los 2,3 millones del año anterior. Este precedente hace que la misma institución encargada del templo mire el futuro con prudencia. De hecho, Esteve Camps, presidente delegado de la Junta Constructora, reconocía en RTVE que “morir de éxito también es preocupante, porque ahora mismo ya estamos al límite". Aunque Camps confía en que la apertura del interior de la torre de Jesús en 2028 permitirá ampliar el recorrido y esponjar mejor el flujo, admite que la situación es compleja.
De los balcones a precio de oro al desierto comercial
El papa León XIV, con el papamóvil, en el centro de Madrid | Javier Barbancho (ACN)
En cuanto al impacto comercial que se espera para estos dos días, Elvira Garcia, directora general de Barcelona Oberta, explora con este diario los posibles efectos. De entrada, suelta un “Dios mío” al referirse a un auténtico alineamiento de astros institucional, porque este año el Principado no solo celebra el Año Gaudí, sino que se convierte simultáneamente en embajadora de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura y la Capitalidad Europea del Comercio de Proximidad.
Sin embargo, el freno del consumo en mayo, apuntado por Comertia y atribuido a la "incertidumbre geopolítica", podría repetirse estos primeros días de junio. “Las restricciones de acceso y los problemas de movilidad harán que haya muy poco impacto. Aunque el Ayuntamiento no ha obligado a cerrar comercios, si los clientes no pueden acceder a ellos, la actividad será prácticamente nula”, lamenta. “Perder uno o dos días de ventas en un mes hace que, por muy buena que sea la tendencia, ya no puedas crecer respecto al año anterior", añade.
El 67% de los establecimientos comerciales descarta que la visita del Papa tenga un “impacto destacado” en su negocio, y solo un 11% prevé algún tipo de incremento
Y el termómetro comercial lo confirma. Según Comertia, el 67% de los establecimientos comerciales adheridos descarta rotundamente que la visita del Papa tenga un “impacto destacado” en su negocio. Solo un 11% de los comerciantes prevé algún tipo de incremento en sus ventas. A pesar de que los ejes comerciales vinculados a la asociación y próximos al evento -como Creu Coberta, en Sants, o el Passeig de Gràcia y Diagonal Boulevard-, "no esperan incrementar ventas", la entidad prefiere mirar a largo plazo y confía en que el comercio local asuma este sacrificio en clave de ciudad: “No se debe mirar la caja que se hace este día. El compromiso del comercio es entender que este es un acto más para hacer marca Barcelona, abrir la ciudad y posicionarla en el mapa”.

En cuanto a la polémica sobre la pérdida de las terrazas de restauración en la avenida de Gaudí -en la que se taparán los agujeros de las pérgolas y parasoles anclados al suelo y no se podrán volver a instalar hasta después del Tour de Francia-, Garcia se muestra contundente: “El Ayuntamiento no prevé ningún tipo de compensación económica. Si no dan ayudas por otras cuestiones de la ciudad, tampoco lo harán porque un día venga el Papa”, espeta. En contraste, el negocio privado de alquiler de balcones por más de 1.000 euros es, según Garcia, una cuestión totalmente ajena al sector: "Son iniciativas individuales de vecinos espabilados que saben sacar punta de todo, no tiene nada que ver con el comercio ni la restauración".
Más allá de esta picaresca, la experta se muestra especialmente crítica con los llamamientos institucionales al teletrabajo y las recomendaciones de Protección Civil que invitan a quedarse en casa: "El teletrabajo en el comercio es directamente imposible. Tenemos 60.000 trabajadores del sector en Barcelona que tienen que ir a la tienda, y sin clientes el comercio no puede levantar la persiana. Encuentro un poco absurdo que se vacíe el centro”.
Garcia (Barcelona Oberta): "El teletrabajo en el comercio es directamente imposible. Tenemos 60.000 trabajadores del sector en Barcelona que tienen que ir a la tienda"
En este sentido, y a partir de un paralelismo con los recientes avisos por temporales o, sin ir demasiado lejos, la DANA, la directora general de Barcelona Oberta pide mesura a las administraciones a la hora de alarmar a la población: "No somos partidarios de tratar a la gente como un rebaño. Cada uno es lo suficientemente responsable de saber dónde se mete. Lo que tienen que hacer las administraciones es potenciar y garantizar el transporte público y los aparcamientos. La ciudad tiene que funcionar, quien no esté interesado en el evento, que no vaya, pero no podemos detener la actividad económica”, pide.
A pesar de las disfunciones de gestión, lo innegable es que el gran valor añadido de Barcelona, según Garcia, es su singularidad urbanística en comparación con otras capitales: "Los edificios más emblemáticos de Gaudí están integrados de lleno en una trama urbana comercial muy potente. Esto no pasa en todas las ciudades; en Madrid, por ejemplo, los museos están más separados", destaca. "La Sagrada Familia se proyecta como una de las grandes maravillas del mundo. Si a esto le sumamos el Tour de Francia, una de las competiciones más populares que atrae a miles de familias y aficionados, conseguimos que Barcelona suene en todas partes”, asegura.
El Año Gaudí, un caramelo corporativo

Con este telón de fondo, conviene plantear qué retorno real debería generar la efeméride para que no quede reducida a un reclamo turístico de masas. Maite Esteve, directora de la Fundació Catalunya Cultura, rehúye las cifras y señala a VIA Empresa que "el éxito no debería medirse únicamente por el número de visitantes o por el impacto económico inmediato. El retorno más valioso sería la creación de un legado duradero en diversos ámbitos". Y es que más allá de la liturgia, la celebración oficial del Año Gaudí cuenta con una inyección pública de 6,5 millones de euros, pero el gran motor privado se mueve a partir de la declaración de Acontecimientos de Excepcional Interés Público (AEIP) -bajo el Programa Gaudí 2026-, que ofrece grandes desgravaciones fiscales a las empresas.
Esteve (Fundació Catalunya Cultura): "El éxito no debería medirse únicamente por las cifras. El retorno más valioso sería la creación de un legado duradero en diversos ámbitos"
Esta alfombra roja corporativa responde a "una combinación de factores", tal como explica Esteve. "Muchas empresas entienden y contribuyen con la cultura como un elemento de responsabilidad social, de construcción de marca y de contribución al desarrollo del país", apunta. "Pero incentivos como el AEIP son a menudo elementos motivadores para dar el paso", reconoce, y apunta que "el mecenazgo cultural de nuestro mercado es más discreto" que en los países anglosajones. La ventaja fiscal, insiste, "no implica en absoluto una falta de compromiso, sino que reduce riesgos y hace más atractiva una inversión que, en muchos casos, no genera un retorno económico directo, por eso es más difícil de comprender", subraya.
En este sentido, Esteve considera que la ocasión actual "debería reforzar el conocimiento de la obra y del pensamiento de Gaudí entre la ciudadanía", pero remarca que también es "un buen momento" para poner en valor el apoyo que, en su día, la burguesía catalana y los empresarios de la época dieron al arquitecto "y a tantos otros artistas que han dejado un enorme legado en el país". Por ello, la experta hace un llamamiento a "regenerar este espíritu mecenas" para que sus connotaciones positivas generen un movimiento de nuevas colaboraciones estables entre instituciones culturales, universidades y empresas "que perduren más allá del año conmemorativo".
Un clamor que, de hecho, ya empieza a recoger sus frutos bajo el paraguas institucional, con alianzas que van desde la digitalización y el ocio hasta el rescate de espacios históricos. Un buen ejemplo es la alemana Henkel, con fuerte presencia en Catalunya y un hub en Barcelona, que se ha sumado como empresa colaboradora de la Junta Constructora en la finalización de la torre de Jesucristo. El vínculo nace, además, con un doble simbolismo, ya que coincide con el 150 aniversario de la compañía. Telefónica también ha cerrado un acuerdo estratégico con la Junta Constructora para impulsar proyectos digitales y el documental en exclusiva Sagrada Familia, 7 días antes. Y Lego ha convertido el monumento en el set de piezas más grande de su catálogo: una maqueta de 12.000 piezas diseñada por Rok Žgalin Kobe que saldrá a la venta el próximo 1 de noviembre por un precio de 749,99 euros.
En paralelo, el mecenazgo y la colaboración también permitirán abrir un patrimonio inédito a la ciudadanía. Barcelona ha anunciado que el Colegio de las Teresianas de la calle Ganduxer -proyectado por el arquitecto entre 1888 y 1890 y hasta ahora inaccesible al público- se convertirá en el año 2028 en un museo dedicado a la obra de Gaudí. El proyecto, que incluye el Espacio Gaudí 360º y mappings arquitectónicos, pretende alejarse de la lectura convencional de la obra de Gaudí e interpretarla a partir del edificio de las Teresianas.

En definitiva, el Año Gaudí es una carrera de fondo que se extiende desde noviembre de 2025 hasta la Navidad de 2026. Por eso, Garcia todavía no se atreve a determinar el perfil de un visitante que apenas empieza a dibujarse. Este horizonte liga de lleno con la apuesta por el turismo cultural, una visión compartida por el Ayuntamiento de Barcelona que, como bien relata el periodista Marc Vilajosana, el comisionado para la Gestión del Turismo Sostenible del consistorio, José Antoni Donaire, cifra la ambición de la ciudad de manera clara: “En Barcelona nos hemos propuesto que un tercio de los turistas sean culturales”.
Para lograrlo, la Administración pone la mano en el fuego por la tecnología y la personalización de las visitas, con la voluntad de conectar el patrimonio más allá de los límites municipales y mejorar la gestión del espacio público. Así, la Barcelona de 2026 demuestra que el legado de Gaudí es, en efecto, infinito, tanto por su capacidad de seducción como por los debates que genera y seguirá generando por muchos años más.