Era el año 1989 cuando Bill Gates, el magnate empresarial norteamericano y cofundador de Microsoft, decidió invertir recursos y capital en un proyecto avanzado a su tiempo: Corbis, una agencia audiovisual destinada a crear un inmenso archivo digital de imágenes y a llevar el arte a las pantallas domésticas. “Pero las televisiones todavía eran de tubo, el plasma tardaría en llegar y la tecnología no estaba preparada”, relata a VIA Empresa Pol Rosset, CEO y cofundador de WindowSight.
Hoy, aquel futuro ya es presente y bebe del referente de Gates, pero no llega desde Seattle, sino desde Terrassa. Y es precisamente aquí donde confluyen las dos semillas del proyecto. La primera, un recuerdo familiar: “¿Cómo es que tenemos acceso a toda la música, el deporte y todas las películas del mundo, pero no a la fotografía, la pintura o el videoarte?”, se preguntaba Rosset en un viaje a Estados Unidos con su hermano Oriol y su padre Joan. De aquella pregunta espontánea surgió la visión de WindowSight, que quiere hacer con el arte y la fotografía visual lo que Spotify hizo con la música: convertirla en un bien accesible, cotidiano y global.
La segunda semilla es de carácter local: “El concepto también nace de una colaboración que hicimos con un fotógrafo terrassense para transformar la televisión en un espacio de imágenes en directo”, explica Rosset. Y dicho y hecho, en noviembre de 2017, padre e hijos constituyeron la empresa con la creencia firme de que el acceso al arte debía ser democrático: “No es que a la gente no le guste el arte, es que presuponemos que a la gente le tiene que gustar el arte sin antes haber vivido una experiencia de manera sencilla”, defiende Rosset. Y pone un ejemplo gráfico: “Nadie pagaría 200 euros por ver un partido de fútbol o por ir a un concierto de Rosalía sin haberla escuchado nunca”.
Rosset (WindowSight): “Nadie pagaría 200 euros por ver un partido de fútbol o por ir a un concierto de Rosalía sin haberla escuchado nunca”
A partir de aquí, emergen diversos interrogantes: ¿cómo se traduce esta visión en un producto real y tangible? ¿Qué es exactamente WindowSight, a quién se dirige y cómo se monetiza una plataforma que quiere convertir la televisión en una galería artística?
Familia de músicos y entorno de artistas

Los Rosset crecieron rodeados de instrumentos y amistades vinculadas al mundo del arte: “Somos una familia de músicos, aunque a título universitario yo soy ingeniero mecánico”, señala el cofundador. Esta doble vertiente -cultural y técnica- les empujó a trabajar bajo la premisa de que el arte debía ser accesible, sin quedar atrapado entre las paredes de los museos y las galerías. Su respuesta fue construir una plataforma capaz de convertir cualquier televisor en una galería digital viva, lejos de una mera aplicación decorativa, un espacio donde el arte -fotografía, pintura, ilustración o videoarte- circula, respira y se actualiza como una lista de reproducción musical (playlist).
La idea se dirige a dos mundos que hasta ahora caminaban separados. Por un lado, los usuarios que quieren convivir con el arte sin rituales ni barreras, simplemente encender la televisión y encontrar en ella una ventana al mundo. Por otro, artistas profesionales que buscan una vía de distribución global, justa y controlada. La plataforma les ofrece un catálogo curado, una audiencia mayoritariamente internacional y un modelo de remuneración transparente. El usuario paga una cuota mensual -con planes gratuitos, básicos y prémium- y accede al catálogo completo según el nivel de suscripción. “Si pagas más tienes más funcionalidades; si pagas menos, menos; y si accedes de manera gratuita, aún menos”, resume el cofundador con naturalidad.
Los Rosset trabajan bajo la premisa de que el arte debe ser accesible, sin quedar atrapado entre las paredes de los museos y las galerías
La clave, sin embargo, es cómo se reparten los ingresos. A diferencia de comprar una obra concreta, la cuota de cada usuario se distribuye entre los artistas según el tiempo de visualización real. Si alguien paga diez euros y solo mira una obra, esa obra recibe cinco euros. En cambio, si se miran dos piezas -una durante diez minutos y la otra durante 90-, "el 90% del dinero va a la segunda y el 10% a la primera", precisa Rosset.
WindowSight se beneficia aproximadamente del 50% restante, aunque hay que matizar que de aquí hay que descontar costes de streaming, alojamiento y porcentajes de los socios tecnológicos. La sostenibilidad del modelo, dice el cofundador, depende de la escala: “Cuantas más pantallas haya a la vez, más fácil es crecer”.
Un proyecto local con aval internacional

WindowSight ha crecido, sobre todo, fuera de casa. “Tenemos artistas de 60 países y menos del 10% son del estado español”, apunta Rosset. El proyecto se ha expandido allí donde ha encontrado dos elementos clave: idioma y credibilidad. ¿La razón? Una de las hipótesis que siempre han puesto sobre la mesa es que, cuando llamaban a artistas de Barcelona o Manresa, costaba que los tomaran en serio. “Éramos dos críos de veintipocos años hablando de una plataforma que quería revolucionar las telas”, recuerda con ironía. En cambio, cuando el primer fotógrafo de National Geographic -portada quince veces en la revista- aceptó sumarse, todo cambió. Aquel sí actuó como un aval inmediato: de repente, los escuchaban más fuera que cerca
A partir de aquí, el boca a boca hizo el resto: “Entre otros fotógrafos se lo iban diciendo: ‘Estos tipos son buena gente, yo me he sumado’”, explica. Y cada nuevo artista abría la puerta a otro nicho, otro país, y otro ecosistema creativo. El resultado es una comunidad global que utiliza WindowSight como alternativa a la pantalla negra y como manera de convivir con el arte sin rituales ni barreras. “Una pareja de California nos dijo que no habían ido nunca a una galería de arte y ahora tienen WindowSight encendido ocho horas al día”, afirma con orgullo Rosset.
El proyecto se ha expandido allá donde ha encontrado dos elementos clave: idioma y credibilidad, y ha generado un retorno de más de 100.000 usuarios registrados actualmente
También ayudó el hecho de que toda la comunicación fuera en inglés desde el primer día. “Como startup no puedes llegar a todas partes, tienes que priorizar dónde tendrás más retorno”, subraya. Y es este retorno el que se traduce en más de 100.000 usuarios registrados actualmente, una cifra optimista que los posiciona, pero que “ha pasado por diversas fases que han frenado la actividad real”, puntualiza Rosset.
“Una de las más críticas fue obligar a los usuarios a descargarse la aplicación del móvil para gestionar cualquier acción. Estábamos perdiendo hasta el 70% de los usuarios solo por eso”, reconoce. La nueva versión, que se lanzará en menos de un mes, resuelve este cuello de botella: toda la experiencia -elegir contenido, seguir artistas y crear colecciones- se podrá hacer directamente desde la televisión. El móvil continuará existiendo, pero pasa a ser opcional. Hasta ahora, el aparato televisivo solo mostraba la obra, pero ahora se convertirá en el centro de control de toda la plataforma.
El camino hasta aquí no ha sido lineal. Rosset explica que, en ocho años, muchas de las startups que intentaban crear algo parecido han desaparecido porque el modelo no era rentable. “Ha sido ruinoso; nosotros hemos aguantado a pulmón, levantando inversión y haciendo malabarismos”, admite. El 2024 fue especialmente duro porque tuvieron que despedir a la mitad del equipo y empezaron el 2025 siendo solo tres personas. Pero aquel año también marcó un punto de inflexión: el mercado empezó a girar hacia las art TVs, y WindowSight supo aprovechar la oportunidad. A día de hoy, la empresa ha vuelto a crecer y ya suma dieciocho personas, con un equipo de desarrolladores reforzado y preparado para sostener la escala que exigen los nuevos acuerdos internacionales.
Rumbo a Las Vegas: el acuerdo con LG y otros saltos globales

A modo de anécdota, cuando este diario contactó con Rosset para preparar la entrevista, lo pilló volando hacia Las Vegas. No se trataba de un viaje de ocio y turismo, más bien era una visita con el Consumer Electronics Show (CES), la feria tecnológica y punto de encuentro anual del mundo con las grandes marcas que presentan las innovaciones que marcarán el futuro del consumo digital.
En este escenario, WindowSight jugaba una partida decisiva. "Las firmas del sector llevan tiempo buscando maneras de monetizar sus dispositivos más allá de la simple venta del equipo informático", señala Rosset. Y la plataforma quiere encajar aquí como una pieza de precisión, con el objetivo de convertir la televisión en un espacio activo, abierto y permanente. Esta propuesta -simple para el usuario y estratégica para la industria- es exactamente la que ha cautivado a LG Electronics.
LG ha incorporado WindowSight a sus televisores inteligentes con un botón propio en el mando a distancia -como ocurre con Netflix- el cual permite acceder directamente a galerías de arte en 'streaming'
La multinacional coreana integró la aplicación en septiembre de 2025 dentro de Gallery+, y desde entonces la ha convertido en uno de sus principales proveedores de contenido artístico. El acuerdo, sin embargo, va mucho más allá de esta asociación. LG ha incorporado WindowSight a sus televisores inteligentes con un botón propio en el mando a distancia -como ocurre con Netflix- el cual permite acceder directamente a galerías de arte en streaming. La idea se resume en un concepto que Rosset repite a menudo: “El botón del arte”, un acceso inmediato a un catálogo de más de 15.000 obras de 250 artistas internacionales.
Ahora bien, la alianza con LG no parece ser la única que se ha ido cociendo a lo largo de los meses. En Las Vegas, Rosset se reunió con figuras de relevancia dentro del ecosistema de los televisores, que buscan exactamente lo mismo: una galería que dé vida a las pantallas cuando no se mira contenido audiovisual, evitando así una mancha negra en el comedor o en la oficina para dar paso a un soporte artístico que les permita monetizarla mientras está “en reposo”.Cabe decir que estos acuerdos no alteran una de las líneas rojas de Rosset: el arte que alimenta WindowSight es —y quiere seguir siendo— plenamente humano. La compañía utiliza la inteligencia artificial para optimizar procesos internos y automatizar tareas del día a día, pero rechaza frontalmente la generación de imágenes con IA. “Nosotros queremos dar luz a obras creadas por personas reales”, defiende el cofundador. Y así, mientras la industria corre hacia la automatización, WindowSight convence a firmas como LG porque ofrece aquello que los algoritmos no pueden fabricar: la autenticidad