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Presidente de la Asociación Provincial de Estaciones de Servicio de Barcelona

Bonificar combustibles renovables: clave para la seguridad energética y la descarbonización

19 de Abril de 2026
Ramon Puigfel | VIA Empresa

Las crisis energéticas de los últimos años han dejado de ser episodios puntuales para convertirse en una realidad estructural. En un contexto internacional marcado por tensiones en regiones productoras de petróleo, cualquier desequilibrio se traduce de forma inmediata en volatilidad de precios e incertidumbre para empresas y consumidores.

 

Aunque el Estado español no depende directamente del petróleo de todas las zonas en conflicto, el mercado es global. Los carburantes se fijan de acuerdo con referencias internacionales diarias, y esto hace que cualquier tensión se traslade rápidamente a toda la cadena de valor. Las estaciones de servicio somos un ejemplo claro: operamos en un entorno altamente condicionado por los precios globales.

En paralelo, la transición energética europea avanza, pero no al ritmo previsto. La descarbonización del transporte es clave, pero su despliegue es más lento de lo que exigían los objetivos iniciales. Este desajuste obliga a acelerar todas las soluciones disponibles que permitan reducir emisiones de manera efectiva ya hoy.

 

"La descarbonización del transporte es clave, pero su despliegue es más lento de lo que exigían los objetivos iniciales"

En este escenario, los combustibles renovables pueden jugar un papel relevante. Se trata de combustibles líquidos de baja o neutra huella de carbono, producidos a partir de materias primas alternativas a las fuentes fósiles, que ya forman parte del mix energético actual. De hecho, la normativa europea establece una presencia obligatoria alrededor del 10–14 % en los carburantes, pero su potencial de crecimiento aún es muy amplio.

Los datos lo avalan. España es el tercer país europeo en disponibilidad de materia prima para biocombustibles y tiene capacidad para sustituir entre el 33% y el 58% de la demanda de energía final del sector del transporte en 2030. Esto no solo supondría una reducción significativa de emisiones, sino también un refuerzo claro de la seguridad energética y una menor dependencia de factores externos.

No se trata de sustituir la electrificación, sino de complementarla. La transición energética difícilmente se podrá lograr con una única tecnología. Los combustibles renovables aportan una ventaja clave: permiten reducir emisiones sin necesidad de renovar el parque móvil ni modificar infraestructuras existentes. Y su impacto no es menor: aumentar su penetración en solo un 1% equivaldría, en términos ambientales, a incorporar unos 425.000 vehículos eléctricos.

"No se trata de sustituir la electrificación, sino de complementarla"

El principal reto no es tecnológico, sino económico. En las fases iniciales, estos combustibles tienen un coste superior al de los fósiles, hecho que limita su competitividad. Por eso, desde el sector de las estaciones de servicio consideramos necesario avanzar hacia un marco fiscal que facilite su implantación.

La experiencia de otros países como Francia demuestra que las políticas fiscales pueden ser determinantes para acelerar su adopción. Bonificar los combustibles renovables y ajustar progresivamente la fiscalidad de los fósiles permitiría orientar el mercado hacia opciones más sostenibles sin generar disrupciones.

En un contexto de volatilidad de precios e incertidumbre geopolítica, este tipo de medidas también contribuyen a estabilizar el sistema energético, reduciendo la dependencia exterior y mejorando la capacidad de respuesta ante futuras crisis.

La transición energética requiere una estrategia de neutralidad tecnológica real, que combine electrificación, combustibles renovables y otras alternativas. Solo así se podrá adaptar el ritmo de cambio a la realidad del mercado y a las necesidades de los consumidores.

El tiempo, en este caso, es un factor crítico. Retrasar decisiones implica alargar la dependencia energética y dificultar el cumplimiento de los objetivos climáticos. En cambio, medidas como la bonificación de los combustibles renovables pueden generar impacto inmediato y acelerar la transición de manera realista.

Más allá del debate ambiental, hablamos también de economía y competitividad. La capacidad de producir energía de manera más autónoma, sostenible y resiliente es una necesidad estratégica. El sector está preparado para hacerle frente. Ahora es necesario que el marco regulador acompañe esta evolución.