Hay profesionales que acumulan años de buenos resultados, cuentan con la confianza de su organización y, aun así, ven cómo su carrera deja de avanzar al ritmo esperado.
No suele ocurrir por falta de talento ni de resultados. De hecho, es una situación que aparece con frecuencia en algunos de los perfiles más valiosos para las compañías. Personas que conocen el negocio en profundidad, aportan estabilidad y se convierten en referentes dentro de sus equipos. Con el tiempo, esa posición les otorga reconocimiento y nuevas responsabilidades, pero también puede acabar condicionando la forma en que la organización percibe su potencial. Es ahí donde aparece una diferencia que pocas veces se aborda de forma explícita: estar muy bien valorado no siempre implica ser considerado para asumir un papel distinto.
Las habilidades que permiten destacar en la ejecución siguen siendo fundamentales para cualquier organización. A medida que aumentan las responsabilidades, también entran en juego otros factores y competencias. La visión global del negocio, la participación en proyectos transversales, la capacidad de generar influencia o la exposición a entornos diferentes empiezan a cobrar una importancia cada vez mayor.
Lo más complejo es que esta situación suele pasar desapercibida. El/la profesional sigue obteniendo buenos resultados, recibe reconocimiento y mantiene una posición sólida dentro de la organización. Desde fuera, todo parece indicar que la trayectoria continúa avanzando con normalidad.
Muchas de las oportunidades que permiten dar un paso adelante no surgen necesariamente en el espacio donde una persona ya ha demostrado su valía. Suelen aparecer en proyectos transversales, iniciativas estratégicas o entornos que exigen ampliar relaciones, adquirir nuevas perspectivas y demostrar capacidades distintas a las habituales.
"Muchas de las oportunidades que permiten dar un paso adelante no surgen necesariamente en el espacio donde una persona ya ha demostrado su valía"
La propia dinámica del trabajo contribuye a reforzar esta situación. Cuanto mayor es la responsabilidad operativa, más fácil resulta que la atención se concentre en la ejecución y en la gestión del día a día. Participar en proyectos diferentes, construir nuevas relaciones o dedicar tiempo a reflexionar sobre los siguientes pasos profesionales suele quedar en segundo plano frente a las prioridades inmediatas. Y, sin darse cuenta, muchas personas acaban invirtiendo la mayor parte de su tiempo en consolidar aquello que ya hacen bien, en lugar de explorar aquello que podría abrirles nuevas oportunidades.
Por eso, confiar exclusivamente en que el trabajo bien hecho acabará siendo suficiente puede resultar una expectativa incompleta. Los resultados seguirán siendo, por lo general, la base de cualquier trayectoria profesional sólida, pero el crecimiento suele depender también de la capacidad para asumir nuevos retos, participar en nuevos contextos y demostrar valor más allá de la responsabilidad actual.
"Confiar exclusivamente en que el trabajo bien hecho acabará siendo suficiente puede resultar una expectativa incompleta"
Quizá por eso una de las preguntas más importantes para cualquier profesional no sea cuánto valor aporta hoy a su organización, sino si ese valor le está acercando al tipo de responsabilidad que quiere asumir mañana. Porque, en ocasiones, el principal obstáculo para avanzar no es la falta de talento ni de oportunidades, sino permanecer demasiado tiempo siendo imprescindible allí donde ya se ha demostrado todo lo que se es capaz de hacer.
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