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Presidenta ejecutiva de Morillo Energy Rent

Las empresas que hacen posible que el mundo no se detenga, y que nadie ve

29 de Agosto de 2026
Rosa Morillo | VIA Empresa

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Este verano, mientras miles de personas cantaban delante de los escenarios del Primavera Sound o del Cruïlla, había algo que no percibieron. No era la luz de los focos, ni el sonido de los altavoces, ni las pantallas gigantes. Era la energía que lo hacía posible todo.

 

Detrás de cada gran festival hay semanas de planificación energética. Cálculos de potencia máxima, generadores de reserva, sistemas que entran en funcionamiento en microsegundos si un sistema falla o un equipo que monitoriza la instalación en tiempo real desde que se abre la primera puerta hasta que se apaga el último foco. Y cuando todo va bien, cuando el concierto transcurre sin una sola interrupción, nadie recuerda a ese equipo. Nadie pregunta por la energía.

“Cuando todo va bien, nadie piensa en la energía. Y precisamente aquí reside el valor: en la invisibilidad”

Hay en el país una cultura empresarial que ha aprendido a poner en valor muchas cosas. Se habla de talento, de innovación, de sostenibilidad y de marca, pero raramente se habla de las empresas que hacen posible que el mundo no se detenga. Las que garantizan la continuidad cuando nadie lo espera, y que pasan desapercibidas precisamente porque hacen bien su trabajo.

 

La dependencia energética de nuestra sociedad es creciente y acelerada. Los centros de datos, los hospitales, las infraestructuras críticas, las cadenas logísticas y ahora también los grandes eventos culturales y deportivos necesitan una continuidad de suministro que las redes convencionales no siempre pueden garantizar solas. Cuando hay un apagón, cuando hay una emergencia, cuando hay que desplegar energía temporal en un lugar sin infraestructura, lo que cuenta es quién sabe responder en horas, no en días.

Desde la Sagrada Familia durante la visita del Papa hasta la pista de la Fórmula 1, de los circuitos del MotoGP a los hospitales rurales en situaciones de emergencia, de las zonas de guerra donde se necesitan generadores porque la red no llega o no es suficiente: el resultado ha sido siempre el mismo, que nadie se diera cuenta de que estaban allí.

Pero la invisibilidad tiene un coste que este sector debe aprender a gestionar. No el coste económico, sino el de la narrativa. Si no se explica lo que se hace, la empresa se convierte en una commodity. Y las commodities se compran por el precio, no por el valor.

“Si no se explica lo que se hace, la empresa se convierte en una 'commodity'. Y las 'commodities' se compran por el precio, no por el valor”

El reto de las empresas de servicios energéticos críticos es reclamar su lugar en el relato económico del país. No por vanidad, sino para que la sociedad entienda el valor real de lo que garantizan. La energía no es un recurso pasivo. Es la condición de posibilidad de casi todo lo que hacemos.

Cuando el próximo verano la gente vaya a un festival y se emocione con la música, cuando entre en un hospital y las máquinas funcionen, cuando se conecte a internet y la conexión no caiga, valdría la pena pensar que hay alguien trabajando detrás para que todo esto sea posible: alguien que calcula, planifica, despliega y vigila, que hace que todo funcione sin que nadie se dé cuenta.

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