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Una visión del futuro de la movilidad urbana

Cada año circulan 371 millones de vehículos en Barcelona. Si esto nos parece insostenible, que lo es, añadimos un dato para consolarnos: en Madrid circulan 543 millones. Obviamente no es ninguna consuelo, y si tenemos en cuenta demografía y geografía, la ciudad condal no sale precisamente ganadora en la comparación. La realidad es que circulan de media más de un millón de coches cada día en la antigua Barcino, y si nos fijamos únicamente en los días laborables, circulan más vehículos que personas censadas.

"Cada año circulan 371 millones de vehículos en Barcelona y los días laborables, circulan más vehículos que personas censadas"

El problema no es exclusivo de Barcelona, ni mucho menos, es un problema universal que afecta los cascos urbanos de todo el mundo. Y si hoy el problema afecta un 45% de la población, la que vive en cascos urbanos, a partir del 2050 ya afectará el 65% de la población mundial. Y el problema no es solo el colapso de la circulación, es también un problema ecológico, que es todavía más grave. La circulación de vehículos contribuye con un 40% del total de las emisiones de CO2, uno de los principales actores del calentamiento global, y como consecuencia también uno de los causantes del desastre ecológico que se divisa para nuestro planeta.

La primera medida pasa forzosamente por la regulación. Las administraciones tienen que actuar como corresponde y es que tienen la responsabilidad de preservar el entorno natural para las generaciones futuras. A la Administración supramunicipal le corresponde dar cobertura legal a las actuaciones de las administraciones municipales a la vez que estas hacen uso de su potestad sobre la sostenibilidad. Es el municipio que tiene que regular el tráfico de la ciudad, en volumen y en tipología. Y es también la Administración quién tiene que facilitar soluciones al problema que las medidas restrictivas pueden causar en los ciudadanos, cada una en el ámbito que le corresponde; las administraciones locales ocupándose de crear y mantener un transporte público suficiente y de calidad y las administraciones supramunicipales, ocupándose de crear las infraestructuras de movilidad y transporte de mercancías más eficientes y limpias.

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La solución a los problemas de la movilidad vendrán, también, de la evolución de la tecnología. Es una evidencia que los saltos tecnológicos a lo largo de la historia han sido capitales para el desarrollo económico de la humanidad y la mejora de las condiciones de vida de las personas. También es evidente que la revolución tecnológica de los medios de producción y la revolución tecnológica en el ámbito de la movilidad han ido históricamente siempre de la mano. Son parte de la misma cosa.

Hoy estamos ante la cuarta revolución industrial, la de la convergencia entre la industria y la tecnología, la de la digitalización y la Internet de las cosas, las redes sociales y la de la individualización y las masas.

"Modelos como el transporte público bajo demanda, el impulso del carsharing interurbano o la gestión inteligente de las vías de comunicación son responsabilidad de nuestros gobernantes"

Una revolución tecnológica que incluye desde la substitución de los combustibles sólidos por la electricidad, la conducción autónoma (coches sin conductores), y que hará de nuestros vehículos herramientas limpias y respetuosas con el medio ambiente. Y también del uso del Big Data que permita obtener información de hábitos sobre la movilidad de las personas por colectivos, establecer patrones y satisfacer necesidades. Mobility Big Data. Así pues, es necesario que nuestras administraciones mejoren la gestión que hacen de la movilidad. Modelos como el transporte público bajo demanda, el impulso del carsharing interurbano o la gestión inteligente de las vías de comunicación son aspectos tan importantes como la evolución de la tecnología y responsabilidad de nuestros gobernantes.

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