Durante siglos, la humanidad necesitó religiones y sistemas filosóficos para responder a las preguntas más inquietantes de la humanidad. Así fuimos pasando por una visión de magia, a una más geocentrista, heliocentrista y de nanopartículas. Muchos años después, inventamos internet y decidimos dinamitarlo todo por los aires. ¡Ah! Y ahora estamos para explicarlo todo con la cuántica.
Pero celebrando el día de Internet, el 17 de mayo, quiero hablar de la promesa inicial de internet, que era preciosa. Una red global para compartir conocimiento, conectar personas, democratizar oportunidades y acercar todos los rincones del mundo en un mismo lugar. Una especie de biblioteca de Alejandría moderna construida entre universidades, científicos, idealistas que programan. Y, al principio, todo hacía creer que funcionaba… pero llegaron los hombres grises.
Así como Newton descubrió la gravedad con una manzana, algún usuario virtual descubrió que la indignación generaba más clics que el conocimiento verdadero, y se le encendió la bombilla. Otro día, alguien vio que la autoestima bajita hacía que la dopamina escalara con cada scroll… Y así es como acabamos convirtiendo la gran revolución tecnológica de la humanidad en un centro comercial digital.
"Alguien vio que la autoestima bajita hacía que la dopamina escalara con cada 'scroll'… Y así es como acabamos convirtiendo la gran revolución tecnológica de la humanidad en un centro comercial digital"
Este Día de Internet, quizás vale la pena asumir una verdad: internet no nos ha hecho mejores, nos ha potenciado los defectos que ya teníamos. Para celebrar la efeméride, os traigo los siete pecados capitales de internet, dónde se encuentran, cómo los podéis despertar y cómo evitarlos.
Ira
Las plataformas digitales no premian los grises, van al blanco o al negro. A la guerra. A los extremos. Pocas cosas generan más interacción que la rabia. Un artículo ponderado genera algunas lecturas, una persona indignada escribiendo en mayúsculas genera tráfico, comentarios y permanencia en la plataforma. El negocio perfecto.
¿Y quién representa la ira en la red? X, antes conocido como Twitter. Hace años que se considera una infraestructura donde la única energía renovable que internet ha conseguido escalar con éxito industrial.
Envidia
Instagram ha conseguido que miles de personas comparen sus vacaciones con las de los grandes influenciadores… y todo pagado. Hay estudios que dicen que el turismo se ha revolucionado por culpa de internet y la fascinación que tenemos por enseñarlo todo. Colas kilométricas, la paz de los vecinos a tomar viento. Un escaparate de todo lo que yo tengo y lo que tú no tendrás nunca.
Mientras tanto, LinkedIn ha elevado el narcisismo corporativo. Es probablemente el único lugar del planeta donde despedir a 4.000 personas se puede anunciar con emojis, agradeciendo “el viaje” y hablando de “nuevos retos en el camino”.
Internet no solo alimenta la envidia. La profesionaliza y la incrusta en nuestras rutinas. Ahora, aparte de tener éxito, tienes que documentarlo y convertirlo en marca personal.
"Internet no solo alimenta la envidia. La profesionaliza y la incrusta en nuestras rutinas"
Gula
Antiguamente, nos “acabábamos” las cosas y podíamos llegar al final. Los libros, las películas, los periódicos… Ahora siempre hay una petición para continuar con el consumo, como un código QR, una escena final que te lleva a la siguiente parte de una peli o un enlace para ver el vídeo.
El scroll infinito es probablemente una de las invenciones más sutilmente perversas de la historia reciente. Y esto nos ha llevado también al scroll infinito del mundo físico.
TikTok tiene un método con el cual si hace más de una hora que miras vídeos te muestra un vídeo de un señor diciendo “Hey, ¿hace cuánto que estás mirando TikTok?”. ¡Una hora! Es como cuando los casinos tenían el protocolo de traerte a alguien a preguntar si todo bien si te veían muchas horas en una máquina tragaperras. Aquí tenemos que asumir que estamos abandonando cualquier esperanza de salir de ello.
Consumimos contenido como quien come pipas: una tras otra, sin hambre, solo porque el siguiente vídeo quizás será interesante. O útil. O terrible. O viral. O aburrido. Da igual.
Pereza
La revolución industrial automatizó la producción y la revolución digital ha empezado a automatizarnos el cerebro. OpenAI y el resto de compañías de inteligencia artificial nos prometen aumentarnos la productividad a través de resúmenes de reuniones automáticos, correos que se redactan solos o presentaciones generadas automáticamente.
Hemos creado algoritmos para que escriban textos que nadie quiere leer para que otra máquina los resuma después. Algoritmos que hacen todo aquello que queríamos hacer, pero para lo cual no teníamos el talento: escribir, dibujar, componer. Como decía aquel: “¿Dónde está el algoritmo de planchar y lavar los platos?”.
"La tecnología que tenía que darnos más tiempo libre está consiguiendo que trabajemos más y más rápido"
La tecnología que tenía que darnos más tiempo libre está consiguiendo que trabajemos más y más rápido. Y sí, este artículo probablemente acabará resumido por una IA a alguien que le da pereza leer.
Avaricia
¿Recordáis la frase de “si un servicio es gratuito, el producto eres tú”? La realidad es mucho peor: el producto no eres tú, sino tus datos, tus hábitos, tus emociones, tus miedos y la probabilidad estadística de que hagas clic a las 23:47 horas de un martes en un banner de unas zapatillas.
La atención humana como materia prima de toda una economía global.
Las grandes empresas tecnológicas acumulan más información sobre nosotros que muchos gobiernos. Saben qué compramos, qué pensamos, cuántos hijos tenemos, qué nos preocupa. En cambio, mi gobierno o ayuntamiento, el mismo que tiene mi padrón, el registro de nacimiento de mis hijos o mis declaraciones de la renta, me pide que les explique todos los datos otra vez para hacer la preinscripción escolar.
Un modelo de negocio basado en acumular más datos, para ir construyendo más centros de datos en todos los lugares con escasez de agua, para continuar procesando aún más datos.
Lujuria
Siempre lo he dicho: lo que mueve la industria tecnológica es la guerra y el sexo.
No empezamos a tener vídeo por internet porque a Jawed Karim le apeteciera visitar el zoo. ¿Y dónde os pensáis que quisieron implementar los primeros pagos en línea? Pista: No era una agencia de viajes.
Notificaciones. Likes. Mensajes. Matchs. Toda una industria de la atención. Con la llegada de Match.com, Bumble, Tinder… revolucionamos las citas. Y ahora con la llegada de OnlyFans, Patreon… seguimos la tendencia. Los culos mueven la pasta.
Soberbia
La última, creo, forma parte ya de la aristocracia tecnológica.
Hombres convencidos de que salvarán la humanidad agarrados a su suscripción prémium, curso en línea, criptomonedas o coaching. Esto no va de Silicon Valley, Andorra, o Bali, esto va de creerse por encima de todo y de todos, de dar lecciones de vida. Elon Musk es el mejor símbolo de esta era: una mezcla entre emperador desnudo, usuario de foros como Reddit y protagonista de un fanzine cyberpunk.
"Elon Musk es el mejor símbolo de esta era: una mezcla entre emperador desnudo, usuario de foros como Reddit y protagonista de un 'fanzine' 'cyberpunk'"
La tecnología necesita menos profetas y más gente responsable. No necesitamos discursos sobre “cambiar el mundo”, necesitamos ponernos en acción y tenernos a todos en cuenta, no solo a los superricos.
Como veis, internet no solo ha sacado lo peor de nosotros, sino que lo ha convertido en su modelo de negocio. Mal asunto.