Esta semana hemos visitado el Barcelona Supercomputing Center, el BSC, con la Comisión de inteligencia artificial de Foment. Ha sido un privilegio llevar allí una delegación de empresas, grandes corporaciones, pymes y startups, para conocer de primera mano las bases de su estrategia y entender por qué el BSC es una infraestructura clave para el futuro de la IA en Catalunya y en Europa.
El director asociado del centro, Cristian Canton, lo explicó con una idea muy potente: el BSC no es solo una máquina. Es un ecosistema de conocimiento y capacidad tecnológica con más de 1.400 investigadores y profesionales, altamente internacionalizado, al servicio de la ciencia, la industria y el país.
El corazón de este ecosistema es el MareNostrum 5, con una potencia de unos 315 petaflops. Un supercomputador diseñado para hacer ciencia, con una arquitectura diferente a la de los grandes centros de datos comerciales. Canton lo ilustró con una comparación muy clara: una sola hora de cálculo del MareNostrum equivaldría a decenas de millones de horas de un ordenador de sobremesa de alta gama.
La visita también sirvió para entender cómo el BSC conecta supercomputación, inteligencia artificial y computación cuántica. En la capilla desacralizada, un espacio icónico del centro, conviven tres ordenadores cuánticos, una combinación poco habitual en Europa. Este diálogo entre mundos, HPC y cuántica, es estratégico porque abre la puerta a algoritmos híbridos y a nuevas capacidades en campos como la optimización, la investigación y, muy especialmente, la seguridad.
En este punto, Canton puso el acento en un reto que a menudo queda fuera del debate público: la criptografía postcuántica. Cuando la cuántica madure, algunos de los esquemas de cifrado que hoy sustentan nuestras comunicaciones podrían quedar expuestos. Anticiparse a este escenario no es ciencia ficción, es responsabilidad estratégica. Por eso disponen de un grupo de investigación de criptografía cuántica, para preparar qué pasa el día que ya no se pueda confiar en la criptografía actual.
Otro mensaje central fue la soberanía tecnológica. Europa depende fuertemente de GPUs y semiconductores producidos fuera del continente, y esto es un riesgo estructural. En el BSC hay cientos de profesionales trabajando en el diseño de chips con la ambición de que las futuras generaciones del MareNostrum incorporen tecnología diseñada en Europa. No es solo una cuestión industrial: es capacidad de decisión, resiliencia y competitividad.
"Una sola hora de cálculo del MareNostrum equivaldría a decenas de millones de horas de un ordenador de sobremesa de alta gama"
Quizás la parte más inspiradora para nuestra delegación empresarial fue entender cómo esta capacidad científica se traduce en una verdadera infraestructura de IA pensada para acercarse a las empresas.
La IA, explicaba Canton, crea lo que a menudo llamamos una caja negra: modelos capaces de explicar fenómenos complejos y generar predicciones. Hoy estamos en un momento clave: el método científico, combinado con datos e IA, permite plantear hipótesis, descartarlas o validarlas a una velocidad impensable hace solo una década. Esto hace que la ciencia avance de manera exponencial, y que las oportunidades de negocio lleguen mucho antes.
Los ejemplos son claros. En las ciencias de la vida, con avances en genómica, proteómica o investigación contra el cáncer. En las ciencias de los materiales, donde ya es posible predecir propiedades de materiales que aún no existen, acelerando de manera radical la química y la innovación industrial.
Canton lo comparaba con la electricidad: en el futuro, la IA será un servicio esencial. Modelos robustos y eficientes, sobre infraestructuras compartidas, que permitirán a las organizaciones concentrarse en la capa final de valor. En esta línea, las AI Factories quieren reducir la distancia entre lo que necesitan pymes y startups y lo que pueden ofrecer los centros de investigación, no solo en cómputo, sino también en acceso a datos a gran escala, facilitando el acompañamiento técnico y la creación de prototipos funcionales.
Para resolver el salto entre entrenar modelos y desplegarlos a escala, Europa también está impulsando las gigafábricas: grandes centros de datos pensados para servir tráfico de empresas y administraciones.
"La competitividad en inteligencia artificial se decidirá en infraestructuras, talento y capacidad propia, desde el cómputo hasta el chip"
De esta visita nos llevamos ideas muy concretas, y también una convicción clara: la competitividad en inteligencia artificial no se decidirá solo en modelos y aplicaciones. Se decidirá en infraestructuras, talento y capacidad propia, desde el cómputo hasta el chip.
Tenemos la suerte de tener muy cerca un actor clave que puede garantizar que el desarrollo de la IA en Europa se haga con capacidades propias, seguridad y autonomía tecnológica.
¡Felicidades, BSC por los primeros 20 años de historia! Gracias al BSC y a Cristian Canton por la generosidad y la visión compartida. Nos llevamos apuntes, casos de uso como gemelos digitales, salud y medicina personalizada, emergencias y aeronáutica, anécdotas y una foto efectuada bajo la mirada de la réplica de la Cabeza Colosal Olmeca ubicada justo delante del BSC. Desde Foment continuaremos trabajando para que este conocimiento y estas oportunidades se traduzcan en proyectos reales, colaboraciones e impacto económico para Catalunya.