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La desaparición voluntaria

29 de Diciembre de 2025
Gina Tost | VIA Empresa

Hay un momento, entre Excels y reuniones, en el que te das cuenta: hace días que no publicas nada en Instagram. ¿Días? Semanas. Quizás meses incluso.

 

Tu vida sigue, pero en internet ya casi no parece que estés. O, mejor dicho: estás más que nunca, pero no te ve nadie.

Y ahora una buena noticia: no eres tú, somos todos.

 

Qué lejanas son aquellas épocas en las que todo el mundo colgaba fotos en Facebook. Ahora nuestra actividad digital se resume en doom scrolling, Excels, y muchos wasaps (o mensajes directos de Instagram). Son atajos donde, casualmente, el algoritmo no llega.

Esto, en teoría, tiene un nombre: dark social. Un concepto de 2012 que describe todo aquello que hacíamos en internet, pero que Google Analytics no podía ver. Era como la materia oscura de la sociabilidad digital: está ahí, afecta a todo, pero nadie puede medirla. Doce años después, se ha convertido en la única parte sana (o soportable) de las redes sociales.

Los datos nos lo confirman: No es que dejemos de utilizar las redes, es que dejamos de aparecer en la parte pública de estas.

"La 'dark social' era como la materia oscura de la sociabilidad digital: está ahí, afecta a todo, pero nadie puede medirla"

Los informes de 2024 continúan mostrando crecimiento en usuarios de redes sociales, y en España, WhatsApp es reina absoluta: la utiliza prácticamente todo el mundo, cada vez más tiempo, y siempre en privado. Instagram todavía aguanta, TikTok vuela muy lejos (la media son 90 minutos diarios), pero el feed ya no es el centro de nada. Es solo el decorado de cartón-piedra.

Por lo tanto, vemos que, en internet, lo que importa pasa a puerta cerrada. Y cuando cierras la puerta, pasan dos cosas: por un lado, bajas la intensidad del personaje que tienes que representar, y, por otro lado, la conversación se vuelve más interesante.

Ahora saldrán a decirme que “en internet siempre ha habido esta actividad oculta”. Y es verdad, a medias. Siempre ha existido la “regla del 1%”: un porcentaje minúsculo crea contenido y el resto solo mira. Pero en 2026 esto ya no es una regla: es la ley natural.

"Siempre ha existido la “regla del 1%”: un porcentaje minúsculo crea contenido y el resto solo mira. Pero en 2026 esto ya no es una regla: es la ley natural"

De hecho, casi todos somos lurkers: lo miramos todo, opinamos mucho por los chats, pero ni locos dejamos una opinión en el feed público. Que no somos suicidas y queremos conservar el trabajo.

El espacio público digital se ha convertido en un lugar demasiado ruidoso, demasiado político, demasiado comercial y demasiado vigilado. Y las plataformas no han ayudado: anuncios, algoritmos, recomendaciones maquinales y un exceso de influencers que lloran ante la cámara pero nunca del todo de verdad… siempre con una etiqueta de publicidad escondida en alguna parte, y dándonos un código de descuento para llenarse los bolsillos.

Así que hemos huido.

No de las redes: del foco.

Si miramos las grandes cifras de actividad en Internet no hay ninguna “huida” de internet, lo que hay es un repliegue hacia los espacios que nos dan la sensación (o la falsa ilusión) de privacidad y control. Es totalmente político: cuando la plaza mayor se vuelve irrespirable, la conversación se traslada al comedor de casa.

"El espacio público digital se ha convertido en un lugar demasiado ruidoso, demasiado político, demasiado comercial y demasiado vigilado. Y las plataformas no han ayudado"

Cuando la aplicación te quiere vender cosas cada tres segundos, tú te vas a Telegram, a un grupo de WhatsApp con amigos o a los espacios privados de Instagram.

Y, evidentemente, la industria está desesperada. La mitad del negocio dependía de saber qué hacíamos, qué mirábamos, qué compartíamos. Ahora, una buena parte de lo que pasa es casi invisible por definición (excepto para los que controlan el medio).

Aquí es donde, si fuera otra persona, te diría que todo esto es malo para la salud mental. Pero los datos recientes no dicen eso. Los grandes metaanálisis de 2024 indican que tanto mirar redes como publicar en ellas tienen efectos muy pequeños sobre la salud mental. Lo que realmente pesa no es el gesto de hacer scroll, sino el contexto: qué miras, con quién interactúas y cómo te comparas.

Y por eso nos gustan los grupos pequeños. No necesitas ningún algoritmo que decida quién eres. Solo necesitas dos personas que lean tu mensaje y te respondan antes de que se te acabe la paciencia.

Cada generación tiene su gran gesto tecnológico. Los mileniales vimos nacer el feed. La generación Z lo transformó. Y la generación alfa, la que sube ahora, ha hecho algo mucho más radical: ha decidido no enseñar nada.

"Los mileniales vimos nacer el feed. La generación Z lo transformó. Y la generación alfa, la que sube ahora, ha hecho algo mucho más radical: ha decidido no enseñar nada"

El no-publicar es un acto de resistencia, un estilo de vida y una política personal. No buscas likes.

Y este es el verdadero futuro de las redes sociales: no la realidad aumentada, no los metaversos, no la IA. El futuro es no aparecer. No porque no estemos, sino porque hemos aprendido que, en internet, el único espacio que todavía es nuestro es aquel donde nadie nos puede ver.