especializada en videojuegos, tecnología y tendencias digitales

El motor de la burocracia

09 de Febrero de 2026
Gina Tost | VIA Empresa

Una noche de frío con un coche viejo aparcado en la calle significa que, quizás, al día siguiente al motor le costará arrancar. Ese ruido tímido al girar la llave, que no arranca. Y tú tienes prisa, como siempre, has planificado una ruta increíble, y eres la mejor conductora del mundo. No importa si tienes el motor gripado. 

 

Catalunya hace años que es exactamente así: personas capaces, con ideas potentes, pero con un sistema que hace que cueste ponerlas en marcha.

Para avanzar, no basta con políticas valientes. Necesitamos un motor institucional que funcione con fluidez, agilidad y criterio. Y hoy todo es demasiado lento, demasiado burocrático y demasiado poco adaptado a la velocidad con la que se mueve el mundo

 

Un año para hacer unas bases y sacar una licitación. Dos años para ver qué criterios pone Europa para gastarse la bolsa de un programa determinado. Imposibilidades de arrancar programas determinados por culpa de competencias difusas… Quizás no os suena, pero dentro de las administraciones hay gente peleándose con el sistema para impulsar el país.

"Necesitamos un motor institucional que funcione con fluidez, agilidad y criterio. Y hoy todo es demasiado lento, demasiado burocrático y demasiado poco adaptado a la velocidad con que se mueve el mundo"

Durante décadas hemos confundido modernizar con digitalizar, como si pasar un procedimiento en papel a una app en JavaScript fuera sinónimo de eficiencia. Pero un proceso mal pensado, cuando se digitaliza, sigue siendo un proceso de mierda. Solo es más caro y digital.

El problema que tenemos con la burocracia no es tecnológico, es estructural. No necesitamos más apps, necesitamos menos pasos. El Govern de Salvador Illa prometió una simplificación de trámites burocráticos, pero no nos podemos olvidar de todo lo que el ciudadano no ve, lo que pasa de puertas adentro. Y esto solo se puede conseguir repensando los flujos de decisiones, simplificando las responsabilidades y construyendo una administración que trabaje con la misma agilidad que exigimos a cualquier empresa moderna.

El cuerpo funcionarial ha de ser central en esta transformación. Ellos saben dónde están las palancas y dónde están los frenos. Conocen los puntos ciegos, los cuellos de botella y los hábitos arraigados que hacen que un expediente tarde meses en moverse o que un proyecto se atasque por detalles menores. Ninguna reforma seria se puede hacer sin ellos (y ellas), porque son quienes realmente entienden cómo circula el aceite dentro del motor de la administración.

"El cuerpo funcionarial ha de ser central en esta transformación. Ellos saben dónde están las palancas y dónde están los frenos"

Y tenemos un gran obstáculo: este cambio no se puede hacer en una sola legislatura. Es demasiado profundo, demasiado sistémico y demasiado importante para dejarlo a la volatilidad política. Necesita un pacto de país, transversal y estable, que permita trabajar en fases. Un acuerdo que haga posible que los expertos en políticas públicas, organización y tecnología puedan actuar con continuidad, más allá de los calendarios electorales y de las batallas partidistas.

El futuro no espera. Y el riesgo de no hacer nada es real, inmediato y acumulativo. El cambio tendrá que ser progresivo, sí, pero tiene que empezar ahora. Hoy. Porque no solo nos jugamos el futuro; nos estamos jugando el presente

Si queremos que el país avance, no basta con girar la llave un poco más lejos. No podemos seguir confiando en que, por arte de magia, el motor acabará arrancando. Ha llegado el momento de abrirlo, revisarlo y reconstruirlo con rigor. O quizás cambiar de coche. Solo así podremos volver a arrancar y, finalmente, comenzar el viaje que hace años que tenemos ganas de emprender.