Este 2026 me doy cuenta de que me hago mayor por cosas que me pasan y, sobre todo, por cosas que ya no me pasan. Os hago una lista, a ver si a vosotros también os está pasando, o el paso del tiempo solo me afecta a mí.
Las paellas me empoderan
No es un gadget ni un “caramelo que hay que compartir en redes”. Es una paella pesada, que aguantará años de guisos y sofritos. Y me gusta. Me hace ilusión. Esto es señal de que valoro la efectividad por encima del “smart” inútil, que ya no busco espectáculo sino servicio y practicidad. Más vale una buena paella, que una barata que me aguanta un año y se va al vertedero.
Esto ya lo he vivido
Cada nueva IA, cada app, cada “gran revolución de los videojuegos” parece que vuelve a repetir un patrón que ya he visto. Los tiempos son cíclicos, y en tecnología aún más: consolas que prometen gráficos imposibles, presentaciones de producto, IA que revolucionará el mundo y después solo repite patrones antiguos… Y tú piensas: espera, esto ya lo viví hace veinte años. Y nadie se acuerda. Yo sí.
Basta de apps
Me canso de aplicaciones que prometen simplificar la vida y solo complican la existencia. A la mínima que me piden dos cosas, me hacen fruncir el ceño y las desinstalo. Ningún drama. He aprendido a proteger mi energía vital, que es mucho más valiosa que cualquier trend.
Digitalización pública
En la administración pública, a escala digital, no pondremos el listón muy alto, pero es frustrante, irónico y triste que dependamos de sistemas hechos a través de parches, y que no hayamos podido acelerar ni un poco los plazos administrativos o los certificados digitales.
"Es frustrante, irónico y triste que dependamos de sistemas hechos a través de parches"
El servicio por encima de la novedad
Un taxi que llegue a tiempo, un restaurante con buen servicio, una carnicería que me cierra los paquetitos para que no rebosen y lo pueda congelar de manera individual… Eso es lo que cuenta. El resto es marketing y ruido. Y yo me acostumbro rápido a la buena vida.
Los problemas que no son problemas
A veces me viene gente joven haciendo una lista de cosas que mañana ya no serán importantes.
Y tú, con toda la calma del mundo y un poco de mala leche, piensas: “Me he hecho mayor”. Es una señal. Ya no persigo los problemas, fluyo entre ellos y solo me mueve lo que realmente importará dentro de diez años.
Hacerse mayor no es solo darse cuenta de que todo esto pasa. Es también reconocer un privilegio: tener criterio, saber qué es realmente útil y qué es ruido, y, sobre todo, poder reírse de ello. Y mientras muchos corren detrás de la novedad como si fuera la primera vez que existe, tú ya sabes que la vida, la tecnología y los videojuegos son cíclicos, repetitivos… pero igualmente fascinantes cuando los miras con los ojos de quien ya ha visto lo peor y aún sabe apreciar lo mejor. Ya tengo ganas de hacerme mayor para verme con los ojos de los que son más mayores (como Carles Flo de VIA Empresa) que va diciendo aquello de: "Gente joven, pan blando".