Presidente de Àgora Jove Relacions Laborals de Catalunya

¿Quién contratará a los jóvenes cuando la IA haga de becario?

23 de Julio de 2026
Arnau Boixaderas i Puig | Cedida

El entorno para favorecer a las empresas una gestión proactiva del talento joven será, de aquí a los próximos años, uno de los retos centrales de nuestra economía. Lo será por la sencilla razón de que la irrupción de la inteligencia artificial ya no es una previsión de futuro, sino una realidad que reconfigura, día tras día, el acceso de los jóvenes al mercado de trabajo. Hay que hacer una especial consideración en el hecho de que el paro juvenil catalán ha vuelto a mostrar síntomas de fragilidad estructural.

 

Según la Encuesta de Población Activa (EPA), Catalunya ha superado el umbral del 10% de paro general en el primer trimestre de 2026, después de once trimestres consecutivos por debajo de este nivel, con 84.400 personas más en paro que hace tres meses. En cuanto a los jóvenes, la lectura es ambigua: mejora en términos interanuales, pero repunta respecto al trimestre anterior, lo cual evidencia que la recuperación es, en el mejor de los casos, inestable. No hay margen, pues, para la complacencia.

"El grado de automatización que ofrece la IA reduce drásticamente el volumen de tareas más básicas o iniciales, aquellas que se asignaban a los perfiles más jóvenes"

A esta fragilidad se suma ahora un factor inédito hasta hace poco: la sustitución de tareas de entrada por sistemas de inteligencia artificial. Según un estudio reciente del Observatorio Mujer, Empresa y Economía (ODEE) de la Cámara de Comercio de Barcelona, la IA generativa transformará el 26% de los puestos de trabajo en Catalunya, con más de un millón de personas ocupadas desarrollando trabajos con un nivel de exposición medio o alto. No se trata necesariamente de sustitución directa, matiza el informe, sino de una transformación profunda de tareas y procesos. Pero cuando estas tareas son, precisamente, las que tradicionalmente servían de puerta de entrada al mercado laboral, la matización pierde fuerza.

 

Así lo recoge un análisis de SAP recientemente difundido, que alerta de un "efecto cicatriz": los trabajadores que pierdan el empleo por la IA no solo tardarán más en recolocarse, sino que lo harán con sueldos hasta un 10% más bajos y con más inestabilidad. El Fondo Monetario Internacional (FMI), a través de su directora gerente, ha situado este fenómeno como un verdadero "tsunami" que ya transforma los mercados de trabajo globales, con una estimación de que la IA afectará al 60% de los empleos en economías avanzadas. El Foro Económico Mundial, por su parte, calcula en su Future of Jobs Report que el 86% de los negocios notarán el impacto de la IA de aquí a 2030.

No podemos dejar esta transformación exclusivamente en manos de las patronales ni tampoco del mercado. El contrato social debe velar para que las empresas, que aquí en Catalunya recaen en un 99,8% en la pyme y que generan el 61,4% del VAB y el 68% del empleo, no renuncien a la incorporación de talento júnior con la excusa de la eficiencia algorítmica. El director general del Cercle Tecnològic lo resume con una expresión que debería hacer reflexionar a cualquier departamento de recursos humanos: si no se dan oportunidades a los júniors, el modelo se vuelve insostenible, porque dentro de unos años no habrá séniors capaces de validar lo que la máquina produce.

“Si no se dan oportunidades a los júniors, el modelo se vuelve insostenible, porque dentro de unos años no habrá séniors capaces de validar lo que la máquina produce"

Esta paradoja es, hoy, el auténtico nudo gordiano de la gestión del capital humano joven. Según un estudio de la Society for Human Resource Management (SHRM), el 78% de los responsables de recursos humanos encuestados reconoce que el uso de la inteligencia artificial provocará despidos o reducción de contratación entre los graduados más recientes. Y, sin embargo, la misma industria tecnológica catalana admite no disponer todavía de datos suficientemente afinados para medir la afectación real sobre la contratación juvenil, un vacío que el barómetro del sector tecnológico se propone empezar a llenar este mismo 2026.

Las empresas que quieran liderar esta década no lo harán recortando la entrada de talento joven, sino rediseñándola. Hay que reforzar la Formación Profesional y el reskilling con la misma urgencia con la que se han abrazado las herramientas de automatización, y hay que hacerlo de la mano de organismos como el ministerio de Trabajo y las administraciones autonómicas, que deberán revisar sus planes de empleo juvenil con la rigurosidad evaluativa que, hasta ahora, les ha faltado. La generación que se incorpora hoy al mercado laboral tiene ante sí un reto diferente a cualquier otro de las últimas décadas. La responsabilidad de no convertirlo en una generación perdida recae, a partes iguales, en las empresas, los organismos públicos y los agentes sociales que todavía tienen la capacidad de decidir cómo queremos que sea esta transición.

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