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Si la IA sustituye a los júniors, ¿de dónde saldrán los séniors de mañana?

Según el informe 'State of Tech Talent 2025' de SignalFire, la contratación de nuevos graduados en las grandes empresas tecnológicas ha caído más de un 50% en los últimos cinco años

La IA podría aprender a pensar muy pronto | iStock
La IA podría aprender a pensar muy pronto | iStock
Oriol Amat | VIA Empresa
Economista, UPF BSM y Observatorio de la PIME
17 de Junio de 2026 - 04:55
Act. 17 de Junio de 2026 - 7:50

La inteligencia artificial ya está transformando el mercado laboral. De momento, no estamos asistiendo a una destrucción masiva de puestos de trabajo. Lo que sí se observa es una reducción significativa de la contratación de los profesionales más jóvenes y una modificación profunda de los requisitos que las empresas exigen a los nuevos candidatos.

 

Las primeras evidencias son bastante contundentes. Según el informe State of Tech Talent 2025 de SignalFire, la contratación de nuevos graduados en las grandes empresas tecnológicas ha caído más de un 50% en los últimos cinco años. Paralelamente, en países como Estados Unidos, la tasa de paro de los titulados universitarios recientes ha aumentado un 30% desde 2022. En cambio, las empresas están incrementando la demanda de profesionales con experiencia intermedia y sénior. En la misma línea, el AI Jobs Barometer 2026 de PwC, concluye que las organizaciones están reduciendo la incorporación de perfiles de entrada y, al mismo tiempo, exigen a los nuevos profesionales competencias que hasta hace poco se reservaban a personas con más experiencia, como la capacidad de juicio, el liderazgo, la inteligencia emocional o la toma de decisiones en entornos complejos. 

En países como Estados Unidos, la tasa de paro de los titulados universitarios recientes ha aumentado un 30% desde 2022

Esta misma semana, responsables de una gran consultora explicaban que su contratación anual de profesionales júniors en Catalunya pasará de las 120 incorporaciones habituales a solo una decena este año. Esto afecta al sector tecnológico y también a las consultorías, despachos profesionales, servicios financieros, departamentos administrativos y muchas otras actividades intensivas en conocimiento.

 

¿Qué está pasando? Durante décadas, las empresas han desarrollado su talento a través de un proceso gradual de aprendizaje. Los profesionales que se incorporaban empezaban haciendo tareas relativamente sencillas -buscar información, elaborar borradores, analizar datos básicos, revisar informes o preparar presentaciones- y, a medida que acumulaban experiencia, iban asumiendo responsabilidades cada vez más relevantes.

Recuerdo que, una vez terminada la carrera, cuando empecé a trabajar en una firma de auditoría, un informe podía pasar por las manos de una veintena de profesionales júniors antes de considerarse definitivo. Todos revisaban cálculos y posibles errores. Y no era extraño que la vigésima persona aún encontrara algún error que los diecinueve anteriores no habían detectado. Aquellas horas de revisión no solo mejoraban la calidad del trabajo; eran también una extraordinaria escuela de aprendizaje. Este modelo está cambiando rápidamente. 

La IA pot ajudar en el procés, però no substitueix l’experiència d’haver de debatre, decidir, justificar i treballar amb altres persones | Cedida
La IA puede ayudar en el proceso, pero no sustituye la experiencia de tener que debatir, decidir, justificar y trabajar con otras personas | Cedida

Muchas de las tareas que tradicionalmente servían para que los profesionales aprendieran el oficio hoy pueden ser realizadas por herramientas de inteligencia artificial en cuestión de segundos. Como consecuencia, las empresas necesitan menos personas para ejecutar estas funciones y tienden a concentrar las nuevas contrataciones en perfiles con más experiencia o con capacidades de mayor valor añadido. En cierto modo, la IA está reduciendo algunos de los primeros escalones de la escala profesional. Desde el punto de vista empresarial, es una evolución perfectamente comprensible. Las organizaciones siempre han incorporado las innovaciones que permiten aumentar la productividad, mejorar la calidad y hacer más con los mismos recursos. Pasó con la informática, pasó con internet y ahora está pasando con la inteligencia artificial.

Esta transformación plantea algunos interrogantes importantes. El primero es el acceso de los jóvenes al mercado laboral. Si las empresas reducen las oportunidades de entrada, muchos titulados pueden encontrar más dificultades para adquirir la experiencia que después se les exigirá. Se corre el riesgo de entrar en un círculo paradójico: para conseguir un trabajo se necesita experiencia, pero para obtener experiencia se necesita una primera oportunidad laboral. 

El segundo es el riesgo de una mayor desigualdad entre profesionales. Las personas capaces de utilizar la inteligencia artificial para aumentar su productividad y aportar más valor serán cada vez más solicitadas. En cambio, aquellos que no dispongan de las competencias adecuadas o tengan más dificultades para adaptarse a los nuevos entornos de trabajo pueden ver reducidas sus oportunidades profesionales. Pero probablemente el reto más importante es otro, y afecta directamente a la capacidad de las empresas para disponer del talento que necesitarán en el futuro. 

Si hoy se contratan menos júniors, ¿de dónde saldrán los séniors de mañana? Esta es una de las grandes paradojas que plantea la IA en el mercado laboral. Desde los gremios medievales hasta las grandes empresas actuales, todos los oficios han tenido aprendices. La auca del senyor Esteve de Santiago Rusiñol es un buen ejemplo, donde el aprendiz entra en la tienda para conocer el oficio antes de asumir responsabilidades mayores. La inteligencia artificial puede transformar este proceso, pero difícilmente podrá sustituir su esencia.

Desde los gremios medievales hasta las grandes empresas actuales, todos los oficios han tenido aprendices

Las empresas necesitan directivos, responsables de proyectos, consultores, auditores, abogados, ingenieros y muchos otros profesionales con experiencia y criterio. Pero estos perfiles se construyen a lo largo de los años, a través de la práctica, los aciertos, los errores y la acumulación de conocimiento. La historia de cualquier organización está llena de personas que empezaron en posiciones modestas y que, gracias a la experiencia adquirida, acabaron asumiendo responsabilidades clave. Por ello, la reducción sostenida de la contratación de perfiles de entrada podría generar una consecuencia inesperada: una menor disponibilidad de talento experimentado dentro de diez o quince años. 

El mismo proceso que hoy permite ganar eficiencia podría acabar debilitando la cantera de profesionales sobre la que se fundamenta el crecimiento futuro de muchas organizaciones. Esta reflexión es especialmente relevante en un contexto marcado por el envejecimiento de la población, la baja natalidad y las dificultades crecientes para encontrar profesionales cualificados en numerosos sectores. Si, además, se reducen excesivamente las oportunidades para que los jóvenes adquieran experiencia profesional, el problema podría acentuarse en los próximos años.

La solución no es frenar la inteligencia artificial. El reto es aprovecharla. Los centros educativos deberán integrarla plenamente en la formación, las empresas deberán rediseñar los itinerarios profesionales para que los jóvenes aprendan más rápidamente y asuman responsabilidades de mayor valor añadido, y los profesionales deberán incorporar estas herramientas en su día a día. Al mismo tiempo, será necesario reforzar aquellas capacidades que la tecnología no puede sustituir fácilmente: el pensamiento crítico, el juicio profesional, la creatividad, el liderazgo, la capacidad de trabajar en equipo, la empatía, la responsabilidad del trabajo hecho o la toma de decisiones en entornos de incertidumbre.

La buena noticia es que la IA no elimina la necesidad de talento. Seguiremos necesitando personas capaces de tomar decisiones, generar confianza, innovar, liderar equipos e interpretar situaciones complejas. Lo que cambia no es la importancia del talento, sino la manera de formarlo. La cuestión ya no es si la IA sustituirá a profesionales, sino si seremos capaces de adaptar los sistemas educativos y empresariales para formar el talento que necesitaremos.

La IA ya está cambiando muchas cosas. Pero hay una realidad que no cambiará: Las empresas del futuro necesitarán profesionales con experiencia, y estos profesionales solo existirán si alguien les da una primera oportunidad.