Etnógrafo digital

Signària, la revolución silenciosa

19 de Marzo de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

Berta, una estudiante sorda del grado de Periodismo de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), tenía que cursar la asignatura de radio como cualquier otro estudiante. Como no pudo participar con igualdad de condiciones que el resto, acordó con su profesora hacer un manual de buenas prácticas en la radio para personas sordas signantes. Pero Berta persistió.

 

La radio es, por definición, el medio de la palabra oral. Pero la oralidad no es la única tecnología del lenguaje. Si alguna vez habéis visto a una persona sorda signando, especialmente si no conocéis su lengua, os maravillaréis de su riqueza expresiva. Hablo por experiencia. El problema, pues, es que una estudiante con plena competencia lingüística quede excluida no porque no se pueda comunicar, sino porque el medio, la radio, es incompetente en su lengua.

La lengua de signos catalana (LSC) no es un recurso auxiliar ni una transcripción gestual del catalán. Es una lengua completa, con gramática, sintaxis, mecanismos discursivos y matices pragmáticos. Y con dialectos, maneras de hablar y modismos, tal como tienen las lenguas habladas. Comparte con las lenguas orales la capacidad de expresar abstracción, ironía, emoción o argumentación compleja. Un error habitual es creer que las personas sordas signantes no tienen voz; la tienen, lo que ocurre es que es una voz que la mayoría no entendemos.

 

"Un error habitual es creer que las personas sordas signantes no tienen voz; la tienen, lo que pasa es que es una voz que la mayoría no entendemos"

Es en este marco que se ha desarrollado Signària, un proyecto basado en IA, impulsado por la UPF y Sørensen con financiación europea Next Generation. Signària pretende facilitar la participación de personas sordas signantes en contextos radiofónicos y, por extensión, en otros espacios de comunicación pública. El proyecto, a pesar de ser de matriz tecnológica, es profundamente humanista, el espacio natural de la IA.

Nos han obligado a pensar que IA equivale a poder y a geopolítica. Esto es solo la versión turbocapitalista tecnobro imperante —e imperialista— que no hace otra cosa que lo que ha hecho siempre el capitalismo: fagocitar el último desarrollo tecnológico para que unos cuantos despojen al resto. No era esto, compañeros, no era esto. En la IA confluyen las disciplinas de la informática, la lingüística, la lógica, la psicología cognitiva, la filosofía, la sociología, el diseño de interacción y, en casos como este, también la sociolingüística, la ética y la accesibilidad. Es decir: no es una tecnología que se pueda entender solo desde la ingeniería del software; su objeto no son las máquinas, sino las personas.

Esto es lo que hace especialmente interesante a Signària. Detrás del sistema hay visión por computador, modelos de lenguaje, síntesis de voz y generación de datos sintéticos. Pero aquello que le da sentido es la pregunta que trata de resolver: cómo hacemos posible que personas que se expresan por canales diferentes puedan compartir un mismo espacio comunicativo sin que nadie tenga que renunciar a su lengua.

Desde un punto de vista técnico, el sistema —como la propia comunidad sorda signante— ha tenido que derribar muchos muros. En lugar de optar por un modelo end-to-end clásico, que requeriría volúmenes masivos de datos inexistentes en una lengua minorizada como la LSC —recordemos que la LSC está en peligro de extinción— Signària adopta una arquitectura híbrida. Primero, un módulo ligero de visión por computador detecta las glosas nucleares, es decir, los conceptos básicos presentes en la secuencia signada. Después, un modelo de lenguaje reconstruye una frase coherente a partir de estas glosas, integrando el contexto conversacional y un corpus propio del usuario. Finalmente, esta frase se transforma en voz mediante un sistema de síntesis que trabaja la idea de identidad sonora; una voz, no genérica ni robótica, sino construida a partir de la voz de la persona usuaria y de la prosodia de un “donante de voz” cercano a ella.

"En lenguas minorizadas, la innovación no va de esperar que lleguen las grandes plataformas o la administración, sino a imaginar arquitecturas propias que solucionen problemas reales"

Este proceso muestra muy bien hacia dónde pueden avanzar las aplicaciones éticas de la IA. El sistema no pretende “entenderlo todo” ni reducir la LSC a una transliteración mecánica: comunicar no es descodificar señales, sino reconstruir sentido. A esto se añade otra pieza: la generación de datos sintéticos para ampliar la base de datos disponible en LSC, especialmente en ámbitos como la conjugación verbal. Esta decisión técnica es también una decisión política: en lenguas minorizadas, la innovación no va de esperar que lleguen las grandes plataformas o la administración, sino a imaginar arquitecturas propias que solucionen problemas reales (no vale solucionar necesidades creadas por la misma tecnología).

El martes se presentó Signària en la UPF. Uno de los momentos de la verdad —tecnológica y emocional— fue cuando la Júlia, una chica sorda signante, entrevistó a Mònica Terribas con la ayuda de la herramienta. En la entrevista, respondiendo a una pregunta sobre inclusión, Terribas observaba que en el ecosistema comunicativo actual se premia sobre todo la prisa y el ruido y que no hay lugar para la reflexión. Mònica (la tengo en la carpeta del “sí a todo”) tiene este don de hacernos pensar en la segunda derivada de la función: el problema no es de quien queda fuera del debate público, sino de los que hemos construido el espacio mediático que tenemos.

"El problema no es de quien queda fuera del debate público, sino de los que hemos construido el espacio mediático que tenemos"

En este sentido, Signària no es importante solo porque permita la inclusión de un colectivo. Lo es porque nos recuerda que hay formas de atención, de tempo y de construcción del discurso que el sistema comunicativo dominante tiende a desincentivar (volvemos a chocar con el turbocapitalismo). No necesitamos la presencia de personas sordas signantes en la radio, en Instagram, YouTube y TikTok por una obligación simbólica o para cumplir un ideal abstracto de inclusión. No es una cuestión de altruismo, sino de egoísmo; no va de presencia, sino de inteligencia, y no precisamente la artificial. En tiempos de tanta estupidez natural, lo que nos hace falta es sumar toda la inteligencia natural que podamos.

Una persona sorda signante debe participar en el medio radiofónico no por su condición, sino por su competencia, su criterio y su experiencia. No porque sean sordas signantes, sino porque sean periodistas, biólogas, físicas, lingüistas, deportistas, investigadoras o masoveras. Signària permite superar este marco porque entiende que la carencia no es de las personas sino de los medios.

Las tecnologías que transforman de verdad los hábitos sociales nunca son las más llamativas, sino precisamente las más silenciosas. El wifi, el 5G o el libro no requieren una pedagogía constante ni un manual de instrucciones cada vez que los usamos: cuando leemos, no vemos el libro. Signària debería ser este libro. Su éxito dependerá de que haga bien su trabajo en silencio, como las personas sordas signantes.

"Una persona sorda signante debe participar en el medio radiofónico no por su condición, sino por su competencia, su criterio y su experiencia"

Signària pretende también ser un caso de éxito de soberanía tecnológica: una solución desarrollada de y para la sociedad receptora, que responde a un problema real de una comunidad lingüística amenazada, y que no delega la capacidad de innovación a ecosistemas extractivos o a modelos diseñados para lenguas hegemónicas.

Y como Signària lo que hace es permitir la comunicación entre signantes y no signantes, nos interpela a todos. No solo porque hace más accesible un entorno como la radio o los medios sociales, sino porque pone en cuestión la pobreza de nuestro propio ecosistema comunicativo, demasiado ruidoso, que decía la Dra. Terribas.

Un día, en los estudios de radio habrá micrófonos con cámaras tan invisibles como las del móvil. Serán capaces de retransmitir de la misma manera la voz de un hablante que la de un signante sin que el productor del programa se tenga que preocupar de la condición comunicativa del invitado. Aquel día, Signària se habrá hecho silenciosa, justo al revés que los sordos signantes.


Exención de responsabilidades: Soy socio y fundador de Sørensen, la mitad de Signària. También soy profesor de Comunicación Audiovisual en la UPF, la otra mitad de Signària. No puedo estar más contento de haber podido escribir este artículo.