Etnógrafo digital

El MWC también se celebra a Teherán

05 de Marzo de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

Otro MWC cierra hoy las puertas. Habrá sido un éxito, sea lo que sea lo que eso quiere decir. Lo digo porque noticieros y crónicas a menudo miden el éxito en la cifra de asistentes, y aún más: en si fueron más o menos que los del año anterior. Hace gracia que toda la actividad del mercado tecnológico más grande del mundo se pueda resumir en un bit de información. Pero de eso van las tecnologías digitales y la sociedad de la información; de simplificar.

 

Uno de los otros vectores de simplificación es la imagen, por aquello de que una imagen vale más que mil palabras (de hecho, vale más; en computación, llamamos palabra a una agrupación de bits. Si contamos la palabra a 64 bits, una imagen vale 4,5 millones de palabras). A menudo se concentra todo el MWC en la imagen que ha captado más la atención, no de los asistentes, sino de los medios audiovisuales que buscan aquello que funciona mejor en pantalla: un móvil dentro de una pecera, un brazo robótico que hace retratos, un robot humanoide que baila la Macarena, un dron que sube y baja atado de un hilo a un coche… Cualquier cosa que conecte la audiencia con cuando éramos jóvenes y soñábamos con el futuro. Siento poner agua al vino, pero el futuro que soñabais no es el que se ve en el MWC, aunque se le parezca.

No hay que perder de vista que el MWC es un mercado profesional, probablemente el más grande del mundo, pero mercado profesional, al fin y al cabo. El robotito humanoide que baila o el cuadrúpedo que da saltitos son un reclamo. Este año los que han acaparado portadas, directos de influenciadores y vídeos en redes sociales han sido los móviles de Honor, los robots de AGIBot y el prototipo de coche del futuro de Xiaomi. Lo habéis visto por todas partes.

 

Si nos quedamos con la foto del móvil con cámara robótica de Honor —una especie de cabecita que le sale al dispositivo que recuerda al robot Wall-E—, nos perderemos aquello que realmente cuenta. Lo que no sale en la foto es que para innovar en el ámbito de los dispositivos móviles tienes que hacer la vertical-puente poniéndole una cámara con IA que nadie pide y que el año que viene ya no veremos. O sea, que los móviles ya hace muchos años que continúan estables y solo vemos pequeñas mejoras incrementales porque el tema está resuelto: ni nuestra mano ni nuestros sentidos han cambiado nada en veinte años. El móvil es la cosa vieja que no acaba de irse porque lo que es nuevo —la computación ubicua— no acaba de llegar.

"El móvil es la cosa vieja que no acaba de irse porque lo que es nuevo —la computación ubicua— no acaba de llegar"

Los robots de AGIBot son muy parecidos a los que vimos en las celebraciones del año nuevo chino. Hay quien pregunta el precio (de 100 a 190.000 dólares) y ya se lo quiere llevar a casa. Con 40 grados de libertad (el número de movimientos independientes —articulaciones o ejes— que puede controlar un robot), el Agibot 2 es capaz de bailar, dar saltitos e incluso de hacer el split y volver a subir como si fuera James Brown. Puede llevar pesos y moverse por entornos controlados como almacenes como lo haría un humano. ¿Pero os lo pondríais en casa?

Uno de los temas del MWC de este año es precisamente esta fisicalización de la IA. Como decía Rodney Brooks, pionero de la robótica y creador de la Roomba, es imposible que la IA sea realmente inteligente sin un cuerpo; la inteligencia emerge del hecho de que el cerebro se encuentra en un espacio físico donde interacciona con otros cerebros. Pues bien, parece que si a la IA le ponemos un cuerpo que se desarrolle en el espacio físico, la inteligencia debería emerger, ¿no? 

Quienes defienden esta tesis se basan en el hecho de que, con el tiempo y a medida que los robots se encuentren con todas las situaciones posibles, los robots cada vez serán más “inteligentes” (la palabra correcta sería “capaces”). Es decir, que al principio serían poco útiles y a medida que les enseñáramos irían aprendiendo del mundo. Y además, lo harían de manera exponencial: lo que aprendiera un robot en una casa de Almatret lo compartiría al momento con los del resto del mundo que adquirían la capacidad al momento.

¿Veis por dónde voy, no? Pagas 190.000 dólares por poco más que un chatbot con patas a quien tienes que enseñarle todo —incluida tu intimidad—. Además, el beneficio se lo queda una empresa que, por razones de seguridad, monitoriza todo lo que pasa en tu casa a través de los ojos del robot. Me da la impresión de que superar las barreras tecnológicas que aún quedan es un juego de niños comparadas con las murallas legales y de aceptación social.

"Pagas 190.000 dólares por poco más que un chatbot con patas a quien tienes que enseñarle todo —incluida tu intimidad—"

La otra foto, que es seguramente la foto del MWC, es el prototipo que ha presentado Xiaomi. Como cada año desde hace tres, en su estand hay coches para hacer la foto. El de este año es el Vision Gran Turismo, un hipercoche eléctrico conceptual diseñado para el videojuego Gran Turismo 7. Es un ejercicio de diseño sin restricciones: aerodinámica extrema, tecnologías experimentales —como ruedas con cubiertas magnéticas fijas—. No se producirá. Pero no hace falta; el objetivo es situar a Xiaomi en el mismo imaginario que marcas como Ferrari o Porsche, una empresa que hace cuatro años no tenía división de coches y que lanzó el primer móvil en 2011. Xiaomi es el ejemplo tangible de la creciente influencia china en tecnología, eficiencia, y ahora, también en diseño.

Lo que nos lleva a hablar inevitablemente de soberanía tecnológica, uno de los ejes del MWC de este año y que no saldría en la foto si no fuera porque sale en los telediarios en forma de crónica de guerra. Nunca había sido tan evidente como ahora que la dependencia de Europa de la tecnología de EEUU es un muy mal negocio. Hablamos siempre de los tres modelos de gobernanza de la tecnología: el norteamericano, centrado en la innovación privada; el chino, en la innovación dirigida por el estado, y el europeo, que en teoría debería ser de sus ciudadanos. Vistos los acontecimientos de los últimos meses, con el gobierno de EEUU interviniendo en las tecnológicas, cargando contra empresas como Anthropic que no se avienen a sus dictados, aplicándoles sanciones que hasta ahora se reservaban a empresas chinas, parece que los tres modelos se reducen a dos: el europeo y el chino.

También hemos visto que la desregulación y la unilateralidad permite a los EEUU utilizar tecnologías de IA para hacer vigilancia masiva de sus ciudadanos, atacar Venezuela y controlar armas letales con IA en Irán. Todo esto con el apoyo tecnológico y la complicidad de algunas de las grandes empresas que están estos días en el MWC. Cuando en el TN veáis la noticia del éxito del MWC y, sin solución de continuidad, la de la guerra en Irán, recordad que en realidad son la misma noticia.