Presidente de Barcelona Oberta

Sin movilidad no hay centro

05 de Septiembre de 2026
Gabriel Jené | Cedida

Escucha el artículo ahora…

0:00
0:00

Barcelona es una ciudad que vive del movimiento. De aquel de quienes van a trabajar, vienen a comprar, estudian, visitan la ciudad, disfrutan de su oferta cultural o se encuentran alrededor de una mesa. Una ciudad abierta es, por definición, una ciudad a la que se puede llegar y por la que es posible desplazarse.

 

Por eso, cuando hablamos de movilidad no hablamos únicamente de tráfico, transporte público o infraestructuras. Hablamos también de economía.

El centro de Barcelona concentra una parte muy relevante de la actividad comercial, cultural, turística, empresarial y de servicios. Miles de establecimientos dependen cada día de la capacidad de conectar los barrios, el área metropolitana y el conjunto del país con esta centralidad económica.

 

Este verano hemos comprobado hasta qué punto esa conexión es importante. La coincidencia de obras en corredores como Plaça Espanya y Gran Via, Meridiana, Ronda de Dalt o Glòries, sumada a otras actuaciones dentro de la ciudad, ha dificultado simultáneamente el acceso a Barcelona y los desplazamientos internos.

El problema no son las obras en sí. Muchas son necesarias y permitirán disponer de mejores infraestructuras y espacio público. El problema aparece cuando su acumulación reduce significativamente la accesibilidad de la ciudad.

Los ejes comerciales de Barcelona Oberta han constatado este verano una disminución generalizada de visitantes y ventas respecto al año anterior y señalan las dificultades de movilidad derivadas de las obras como uno de los factores que han condicionado su actividad.

"Barcelona necesita más y mejor movilidad, entendida como la capacidad de cada persona para llegar a su destino de manera razonable, previsible y eficiente"

Esto nos obliga a plantear una reflexión más amplia: la movilidad también es competitividad.

Barcelona necesita más y mejor movilidad, entendida como la capacidad de cada persona para llegar a su destino de manera razonable, previsible y eficiente. Necesitamos transporte público potente, buenos accesos metropolitanos, espacio para peatones y bicicletas, una distribución urbana de mercancías eficiente y soluciones adecuadas para quienes necesitan acceder a la ciudad en vehículo privado.

No se trata de defender un modo de transporte frente a otro. Se trata de defender la accesibilidad.

Porque cuando llegar al centro resulta demasiado difícil o imprevisible, algunas personas simplemente dejan de venir. Y cuando esa decisión se multiplica, el impacto económico es evidente. El comercio urbano compite con el comercio electrónico, con otros municipios, con zonas comerciales situadas fuera de Barcelona y con muchas otras alternativas de consumo y ocio. Introducir dificultades adicionales para acceder a la ciudad supone una desventaja competitiva que no deberíamos permitirnos.

Además, defender la accesibilidad del centro no significa defender únicamente los intereses de quienes tienen allí un establecimiento. Su capacidad de atracción genera empleo, restauración, cultura, servicios y actividad empresarial. Cuando pierde accesibilidad una centralidad económica, pierde competitividad el conjunto de la ciudad.

Barcelona debe seguir transformándose. Necesitamos mejores infraestructuras, mejor transporte y un espacio público de calidad. Pero transformar la ciudad no puede significar hacerla inaccesible mientras dura esa transformación.

"Transformar Barcelona no puede significar hacerla inaccesible mientras dura esa transformación"

Las grandes obras deben planificarse de manera coordinada. Cuando una actuación reduce la capacidad de un acceso, debemos valorar qué ocurre simultáneamente en los demás. Y cuando las restricciones son inevitables, hay que garantizar alternativas, señalización e información claras. Es especialmente importante a partir de septiembre, con la recuperación de la actividad laboral, escolar y comercial.

Barcelona ha construido buena parte de su éxito sobre una combinación extraordinaria de densidad urbana, comercio, cultura, restauración y capacidad de atracción. Preservar este modelo exige continuar transformándonos, pero también garantizar algo elemental: que podamos llegar hasta él.

Porque la movilidad no es un fin en sí mismo. Es lo que permite que una persiana se levante, que un trabajador llegue a su puesto, que un restaurante llene sus mesas, que un teatro tenga público y que un comercio tenga clientes.

Sin accesibilidad no hay actividad. Y sin movilidad no hay centro.

Añadir VIA Empresa como fuente preferida de Google de forma gratuita  

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad  

 
Activar ahora