Una de las cosas buenas de compartir máquina de café con todo el departamento es que en las colas puedes hablar con personas con quienes no trabajas. En una de nuestras esperas, empezamos a hablar con una de las profesoras sobre el uso de la IA entre el estudiantado. Yo le dije que una de las cosas por las cuales me iba bien poder escribir con la asistencia de la IA era el hecho de que me ayudaba a cometer menos errores ortográficos, sobre todo en inglés. Ella, en cambio, me dijo que eso precisamente era lo que no le gustaba: “Echo de menos los textos mal escritos, las frases excesivamente largas de los estudiantes, las faltas de ortografía… no es perfecto, ¡pero es genuino y demuestra el nivel real de los estudiantes! Si siempre les dejamos usar la IA para alcanzar la perfección en sus textos nunca podrán aprender a escribir correctamente, ¡ni tampoco sentir el mérito de haber elaborado una buena pieza!”.
Me quedé pensando en que, si bien la IA tiene cosas muy buenas para el mundo profesional, para los procesos de aprendizaje no es la mejor aliada. Por cierto, ¿aprendizaje va con “e” o “a”? Hace años que no lo tengo claro.