Los últimos días de agosto son un momento crítico para muchos catalanes: para algunos, marca el inicio del nuevo curso laboral; para otros, suponen los últimos días sin despertadores, transporte público y videollamadas. Intercambiar la sombrilla, la crema solar y el cóctel por la oficina y el tercer café a las once de la mañana no es una jugada apreciada por todos, y es por eso que el mes de septiembre es una época marcada por la aparición de afecciones mentales. El síndrome postvacacional es, posiblemente, uno de los más conocidos, pero no el único; el síndrome de agotamiento profesional, conocido popularmente como burnout, o las enfermedades que aparecen durante las mismas vacaciones tienen una relación más que estrecha con la gestión de la jornada laboral durante el resto del año.
Lo deja bien claro Aleix Hildebrandt, psicólogo sanitario y fundador del centro manresano ILDE Psicología, que atiende telemáticamente a VIA Empresa para visibilizar las buenas (y malas) prácticas que hay que seguir antes, durante y después de la parada veraniega. Con ocho años de experiencia profesional y más de 900 pacientes, Hildebrandt ha sido Referente de Bienestar Emocional en el Institut Català de la Salut y combina las consultas con pacientes con la docencia como profesor de Psicología de la Clínica y de la Salud y Tratamientos Psicológicos en la Universitat Carlemany. Les avanzamos un spoiler: respetar las vacaciones es “sagrado”.
¿Qué es el síndrome postvacacional y qué síntomas tiene?
Técnicamente, el nombre de síndrome postvacacional no es correcto y no está reconocido clínicamente, pero en lenguaje más llano es todo un conjunto de síntomas que surgen después de las vacaciones. Durante las dos o tres semanas posteriores al regreso, puede haber insomnio, algunos momentos de síntomas somáticos, a veces un poco de anhedonia (el hecho de no sentir placer) o a veces incluso cuestionamientos de si el trabajo en el que hacemos es el que nos gusta.
¿Cómo se combate este conjunto de síntomas?
En primer lugar, haciendo un retorno gradual al trabajo. Esto quiere decir no tener los primeros dos o tres días con trabajo de mucha intensidad. Lo ideal es tener las tareas programadas, como dedicar una mañana a leer todos los correos, otro día a hacer una actualización de cómo están todos los proyectos pendientes… No hacer todo el trabajo de golpe y, sobre todo, tener un ritmo de aterrizaje. Sencillamente, colocarse y, a partir de ahí, empezar a trabajar. Muchas veces pasa lo contrario: hay una exigencia laboral alta y, solo entrar a trabajar, ya se te piden un montón de cosas que están pendientes y que los compañeros no han podido cubrir, es decir, empezar a apagar fuegos. Lo ideal es hacer un in crescendo, como en el deporte. Lo que no buscamos de ninguna manera es hacer cambios radicales. Y también desaconsejamos muy a menudo estirar las vacaciones, sobre todo si son con vuelos internacionales, hasta el último día. Volver el domingo por la noche, a última hora, de Canadá, Estados Unidos o China… debe haber un poco de espacio para amortiguar el cambio de rutinas.
¿Es recomendable llevar a cabo alguna preparación durante los días previos a la vuelta, o bien gestionar la transición una vez se ha vuelto a la rutina?
Si hacemos acciones para volvernos a preparar para el trabajo cuando estamos de vacaciones, realmente no estamos de vacaciones, estamos semitrabajando. Las acciones deben quedar comprendidas dentro del período de inicio de trabajo. ¿Por qué? Porque es muy importante poder diferenciar el horario laboral del tiempo personal. Y a menudo hay personas que se llevan el trabajo a casa, aunque no estén de vacaciones. Me lo he encontrado este mismo agosto, que, según con quién contactes, están de vacaciones, pero continúan trabajando. Un punto muy importante es prepararse para la vuelta cuando ya se ha vuelto. Cuando estamos de vacaciones, es sagrado respetarlas y hacerlas. No nos sirve empezar a leer mails para anticipar trabajo, empezar a estructurar la rutina… Esto es darle un peso excesivo a la jornada laboral.
"Un punto muy importante es prepararse para la vuelta cuando ya se ha vuelto. Cuando estamos de vacaciones, es sagrado respetarlas y hacerlas"
¿Qué efectos puede provocar la falta de desconexión del trabajo durante el período de vacaciones?
Cuando una persona está pendiente de su trabajo durante las vacaciones, sin tener una desconexión completa y, muy importante, tiene que responsabilizarse de tareas prácticas durante las vacaciones, es una buena manera de abrir la puerta al burnout. Del mismo modo que cuando hacemos ejercicio físico necesitamos un descanso, estamos privando a la mente de ese descanso merecido y todavía hacemos esa gimnasia cognitiva de continuar conectados al trabajo. Digo tareas prácticas, porque nos encontramos con muchas personas que se van de vacaciones, pero que están pendientes mentalmente del trabajo. Piensan: ¿qué hará mi compañero? ¿Aquello se habrá resuelto? ¿Aquel caso se habrá terminado? ¿Se habrá publicado aquello?… Esto es normal, es parte de la inercia; aquí no hay ningún problema. La cuestión es cuando se tienen que resolver tareas prácticas: hacer contactos por correo electrónico, llamadas, reuniones…
¿Por qué se dan estos casos?
Muchas veces es que no han conseguido crear una red fiable a la que puedan delegar las tareas. Este es el motivo principal por el que no desconectan. Recuerdo casos de empresarios que hemos tenido en consulta, que cuando se trabaja bien una red de personas fiables en quienes pueden delegar, pueden disfrutar mucho más de las vacaciones y las familias. Y también los trabajadores, que sienten la presión de tener que estar conectados, de responder a esa especie de cordón umbilical que es el móvil. Muchas veces se les recuerda que no tienen la obligación de hacerlo, que nadie espera que lo hagan, y que si ellos están pendientes de las notificaciones, whatsapps y correos mientras están de vacaciones, lo que tienen que hacer es apartar toda la información, silenciar los grupos y, sencillamente, concentrarse en disfrutar. Ya tendrán tiempo para trabajar.

¿Qué acciones recomienda para aislarse de todo aquello vinculado a la esfera laboral?
La primera es saber decir que no. Es algo que siempre cuesta. Después, de todas todas, siempre recomendamos que no se lleven nunca dispositivos de trabajo: ni portátiles, ni móviles… que siempre pongan el aviso automático en el correo, y que se desinstalen las aplicaciones de correo electrónico que tengan para el trabajo, si es que lo tienen en el móvil personal, que pasa a menudo. Siempre insistimos en que hay que desinstalar todo tipo de métodos de comunicación empresarial, y que no contesten llamadas, a menos que sean de vida o muerte. ¿Y cómo lo sabes, si es grave, si no contestas? Si te llaman tres veces, ya entenderemos que lo es. Otra cosa importante es que, antes de irse del trabajo, hay que cerrar los proyectos o, sencillamente, pausarlos. No hace falta acabar todos los trabajos, solo que queden resueltos: que se sepa quién y cómo los llevará o que queden colgados a la espera de cuando volvamos. Y si dependen de nosotros, dejarlos hechos al máximo posible, para que cuando volvamos no sean una carga excesiva.
"Siempre insistimos en que hay que desinstalar todo tipo de métodos de comunicación empresarial durante las vacaciones"
¿Cómo se deben preparar los traspasos para evitar trastocar las vacaciones de los compañeros y las propias?
Es una cuestión de organización corporativa. Las empresas deben poder responder a las demandas, internas y externas, sin que haya una persona en concreto. Porque si no, quiere decir que las demandas son personadependientes. Y cuando la información solo la tiene una persona, la corporación no puede responder. ¿Qué se puede hacer? Primero de todo, dejar organizado cuáles son las demandas a las que habitualmente responde esta persona y dejar protocolos hechos para que cualquier otra persona los pueda aplicar. Y si no, hacer una selección de lo que es relevante y de lo que es irrelevante: aquello que necesita ser solucionado ahora, y aquello que puede ser solucionado en septiembre, cuando se vuelva a la actividad habitual de la empresa.
Los que más difícil lo tienen normalmente son los autónomos, porque muchas veces no tienen una red, son ellos mismos la actividad económica y tienen más incapacidad. Pero siempre se recomienda que una persona pueda ser capaz de delegar su trabajo y que la corporación aún funcione. Una corporación que trabaje en equipo raramente nota esta dificultad. Se trata, sobre todo, de prever y marcar protocolos. Un ejemplo muy claro: imagínate un despacho de abogados en el que la secretaria se va de vacaciones. Uno de los abogados que se quede tiene que coger el teléfono. Su sector siempre tiene demanda; de delitos y detenidos hay 24/7, así que se tienen que organizar.
Es común oír que los autónomos no tienen vacaciones. ¿Cómo pueden estas personas asegurarse períodos de descanso compatibles con su manera de trabajar?
Aquí depende mucho del volumen de facturación y del volumen de beneficio de los autónomos. Si dependes únicamente del beneficio mes a mes y no tienes margen, si dejas de trabajar un mes, tendrás problemas económicos. Pero psicológicamente siempre se aconseja poder tener una sensación de seguridad; quizás, facturando un poquito más los meses anteriores, e irse de vacaciones tranquilos. Porque los problemas que nos encontramos en las consultas son que tienen un margen muy bajo de beneficios, y si dejan de facturar un poco, entran en pérdidas. Por lo tanto, o intentar facturar un poquito más durante el año, o bien crear automatizaciones, y hoy con la inteligencia artificial es mucho más asequible, para que el trabajo quede parado cuando ellos se marchan.
Es complicado.
La esencia es la previsión: poder dejar previsto, respondido, programado y creado un sistema que te permita tener tus 15-20 días en los que no tengas que estar pendiente de nada. Facturas hechas, haber hablado con proveedores y, la parte más compleja, atreverse psicológicamente a respetar este período y darse el permiso para hacer vacaciones. En los autónomos no es tanto una cuestión práctica, como saber que todo el trabajo hecho durante el año necesita un descanso y tener una voluntad clara de poner una fecha de inicio y una fecha de final. Sin el descanso vacacional, el resto no funciona. Y cuanto mejor descansemos, más eficientes somos.
"Para un autónomo, la parte más compleja es atreverse psicológicamente a respetar este período y darse el permiso para hacer vacaciones"
Más allá del síndrome postvacacional y el burnout, ¿qué otros problemas habituales afrontan las personas en la vuelta a la rutina?
Una cosa que ocurre a menudo es que, en los períodos de vacaciones, las personas se ponen enfermas y sufren afecciones de salud mental, como ataques de pánico. ¿Y por qué aparecen durante las vacaciones? Muchas veces, y esto ocurre en general, si una persona tiene un ritmo de estrés muy alto durante el año, cuando el cuerpo se relaja un poco, aparecen las dificultades. ¿Por qué? Porque no podían aparecer antes. De una manera bastante inteligente, lo que hace la naturaleza es que, si tenemos un síntoma que debe aparecer, como un ataque de pánico, no nos lo hace en medio de una reunión; nos lo hace cuando puede salir. Recuerdo un caso muy claro, de una persona que estaba de vacaciones, un domingo, en un hotel en la Costa Brava, y tenía ataques de pánico. Es el síntoma de haber estado con un nivel de estrés muy alto y, además, no haberlo cuidado. El cambio drástico hacia un ritmo más tranquilo hace que afloren todos estos síntomas.
¿Qué otros síntomas pueden surgir?
Mucho cansancio, mareos, falta de concentración, una necesidad imperiosa de dormir muchas horas… y no es una cuestión de descanso, hablo de querer, de necesitar dormirlas. A veces aparece irritabilidad, un sentimiento de vacío, de decir “¿qué estoy haciendo yo con este trabajo?”… Cosas que, durante el día a día, no se pueden plantear.

¿Hay algún perfil de persona que tienda a estar más expuesta a estas afecciones psicológicas?
Hay perfiles concretos, y van relacionados con la carga laboral. Cuanta más carga laboral y menos estructura corporativa hay, más tendencia puede haber a aparecer síntomas durante las vacaciones. Esto quiere decir que una persona con baja carga laboral y mucha estructura está relativamente protegida, porque tiene a quién delegar y no tiene una gran cantidad de presión. Pero el caso contrario, como los autónomos, que tienen que hacer las facturas, el trato con el cliente, el producto o servicio… son quienes más tienen esta tendencia.
¿Qué buenas prácticas puede aplicar un empresario o alguien con un equipo humano a su cargo para que los trabajadores eviten enfermedades durante las vacaciones y síndromes postvacacionales?
La primera es mantener el contacto cero durante las vacaciones. Esta es innegociable. Segunda, crear una estructura de equipo que permita delegar las tareas; que aquello que no puede cubrir un miembro del equipo lo pueda cubrir, al menos parcialmente, otro, y si no, que como mínimo quede ordenada para que cuando la otra persona llegue la pueda empezar a hacer. La tercera es respetar los ritmos: no sobrecargar de trabajo antes de irse para que no sea un cambio drástico. Que la última semana no sea una vorágine, sino una semana habitual y normal. Y también una cuestión muy general, que no solo es importante durante las vacaciones, que es estar atento a las necesidades humanas. Esto no quiere decir que los gestores tengan que ser psicólogos, pero a menudo funciona tener a alguien especializado en psicología dentro de los equipos para que todo lo que puedan ser malestares no afloren dentro de los equipos, sino que se queden en el área individual. Muchos equipos petan porque una persona no está bien. Y, a veces, en estos períodos vacacionales, reflexionamos sobre cómo estamos con nuestros equipos, y quizás en realidad no queremos volver tan a gusto. Es un trabajo preventivo, que los malestares sean atendidos por un profesional mientras dura la jornada laboral.
¿Y una vez ya se ha vuelto al trabajo?
Preparar el trabajo de una manera ordenada, dejar un espacio para que se lea el correo electrónico… y que no todo sea una autoorganización de la persona. Hacer acompañamiento a la persona que vuelve de vacaciones, ponerla al día, hacer una reunión de situación… Esto ayuda a aterrizar, a saber cognitivamente lo que se ha hecho y lo que no. A menudo, con una reunión de 30 minutos nos ahorramos mucho trabajo de investigación, de leer correos, de entender y reentender, de hablar con el equipo… Y todo esto es trabajo del gestor.
"Todas las actividades que se puedan hacer para construir comunicación, trabajo en equipo y coordinación son extremadamente importantes"
Últimamente, en estas etapas han ganado popularidad las actividades de construcción de equipo para marcar el inicio del nuevo curso laboral. ¿Son recomendables, o es mejor poner el acento en otras cuestiones?
Son superimportantes. Todas las actividades que se puedan hacer para construir comunicación, trabajo en equipo y coordinación son extremadamente importantes. Y no solo en esta época, sino en cualquier momento del año. Si un equipo está bien cohesionado, pasa las dificultades de una manera mucho más eficiente y mucho más sana que un equipo poco cohesionado y al que le falta comunicación. Y lo que decíamos antes, de hacer una vuelta progresiva, hacer actividades que no sean puramente laborales, sino de formación o de equipo, son una buena idea, porque ayudan a tener una buena comunicación con los compañeros y ayudan a hacer un aterrizaje.
Para cerrar con una mirada al sector: ¿el retorno de las vacaciones es uno de los puntos fuertes del año para las consultas de psicólogos?
Se nota, se nota. De hecho, los puntos más altos suelen ser septiembre-octubre y marzo-abril, con septiembre-octubre como el más alto. Y hablando claro: es porque las parejas han estado mucho tiempo juntas y ha habido discusiones y personas que se han replanteado si deben continuar juntas; personas que han estado con los hijos y han visto que la dinámica familiar es compleja; personas que se han replanteado la vida laboral, porque han visto u oído otras cosas o han tenido tiempo para reflexionar y tienen muchas dudas; personas que han visto que no aguantan más el ritmo que llevaban… Justamente ayer mismo tuve en consulta a un programador que me decía esto: “Estoy volviendo de vacaciones, vuelvo a entrar en la rutina y es que no puedo aguantar el ritmo que llevaba”. Este choque inmediato, del cero al cien, suele provocar replanteamientos. Son unos meses de bastante trabajo, y miramos siempre de dar respuesta de manera inmediata y profesional. Nosotros, particularmente, tenemos el compromiso de dar visita en menos de siete días, porque sabemos que el malestar la persona lo tiene ahora, y si empezamos a tratarlo de aquí a dos o tres meses, no tiene ningún sentido, e incluso puede haberse cronificado.
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