• Disfunción eréctil, tan invisible como frecuente

Disfunción eréctil, tan invisible como frecuente

Como en tantas otras patologías, es importante identificar bien las causas para poder diseñar el tratamiento más adecuado

Los médicos pueden operar de manera más rápida y segura con la tecnología
Los médicos pueden operar de manera más rápida y segura con la tecnología
Dr. Josep Mª Caballero y Dr. Josep Mª Gili, urólogos de Àptima Centre Clínic MútuaTerrassa
02 de Enero de 2026 - 10:56
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Impotencia. Es un sentimiento, pero también la forma en que popularmente se conoce la disfunción eréctil. Los datos apuntan a que esta enfermedad afecta aproximadamente al 20% de hombres mayores de 18 años y a más del 50% de hombres de más de 50 años. Sin embargo, la realidad es que prácticamente ningún hombre admite tener dificultades con sus erecciones lo suficientemente importantes como para mantener relaciones sexuales.

 

La disfunción eréctil puede ser provocada por muchas causas. Como en tantas otras patologías, es importante identificarlas bien (distinguir entre los problemas orgánicos y las causas psicológicas) para poder diseñar el tratamiento más adecuado.

¿Origen orgánico o psicológico?

En cuanto a los primeros, los principales factores que pueden favorecer un problema de erección son la obesidad, el sedentarismo, la hipertensión, la diabetes, el exceso de colesterol, el estrés... Además, en muchas ocasiones la disfunción eréctil anticipa la posibilidad de sufrir un infarto. Cuando la disfunción se debe a un problema vascular, la afectación de las arterias del pene precede a la afectación de las arterias coronarias y, por tanto, la posibilidad de sufrir un infarto.

 

El tabaco, de la misma manera que contribuye a la predisposición a tener cáncer, también puede suscitar problemas de irrigación del corazón y está muy asociado a la disfunción eréctil. Dejar el tabaco sería una buena idea si queremos mantener una vida sexual más larga y más satisfactoria.

En referencia a la parte psicológica, cabe mencionar que cualquier disfunción sexual -como es el caso de la eréctil- es un tema que, entre los hombres, cuesta hablar de él (al menos en primera persona). Siempre es un primo, un amigo, el cuñado. ¿Cuál es el problema de esta vergüenza? La sociedad. Nos hace creer que debemos ser perfectos y sigue siendo un tema del que nos cuesta hablar y parece que si fallamos en el ámbito sexual disminuye el valor como hombre. Y esto no es así.

Pero bien, ¿qué quiere decir psicológico? Que los mecanismos fisiológicos que nos permiten la erección, aparentemente, están íntegros. En este punto conviene mencionar las inhibiciones psicógenas. El sistema nervioso central y el sistema nervioso autónomo regulan la erección, y si este se niega a que la haya —por mucha excitación y por muy capaz que sea el organismo— no habrá una erección. Y esto puede pasar en cualquier momento, no hace falta que haya ningún problema psicológico subyacente.

Pero a veces determinadas causas en el ámbito psicológico hacen que se mantenga este problema de erección. Si es un problema puramente psicógeno, una vez superado (el miedo, la ansiedad, el trastorno psicológico...) muy probablemente se podrán resolver las situaciones de disfunción eréctil. Cuando llega un paciente que consulta por esta disfunción muchas veces pregunta por las revisiones urológicas, la próstata, y no es hasta el final que te acaba sacando el tema principal que le ha motivado a venir, que es la disfunción.

La gestión de la disfunción

Lo primero que hacemos cuando un paciente nos comenta que tiene un problema sexual es hacer una buena anamnesis, es decir, el interrogatorio y esto ya nos orientará hacia la causa. Un inicio agudo, súbito, lleva más hacia un origen psicógeno y cuando el inicio es gradual, nos orienta más hacia una organicidad.

El hecho de sufrir disfunción eréctil también repercute mucho en nuestro estado de ánimo y nuestra autoestima. Cuando un paciente percibe que tiene un cierto grado de disfunción eréctil, lo primero es consultar a un profesional, y este debe transmitir tranquilidad y explicar que es una enfermedad que tiene cura o que se pueden minimizar los síntomas. Y si realmente un día aquel paciente tiene una relación sexual que no es del todo satisfactoria, debe saber sobrellevarlo, como ocurre en la vida diaria con tantas otras cosas.

También es muy importante la colaboración de la pareja. Tener una disfunción eréctil no implica tener un problema con la pareja. En la consulta, muy a menudo el hombre refiere que hay una falta de interés sexual y lo atribuye a aquella disfunción eréctil, como si fuera el síntoma. Y esto no suele ser así. Muchos pacientes, diagnosticados de disfunción eréctil de origen psicógeno, piensan que tienen una enfermedad psicológica o psiquiátrica y no es el caso.

¿Curar? Solucionar

Cuando hablamos de un tratamiento para la disfunción, para la falta de erección, la primera línea es el tratamiento oral. Ya hace unos cuantos años que tenemos cuatro moléculas (Sildenafilo, Avanafilo, Tadalafilo y Vardenafilo) que permiten facilitar la erección, es decir, la entrada de sangre al pene.

Estas moléculas tienen un perfil de seguridad muy bueno, se toman a demanda y -en la gran mayoría de casos- producen una erección que permite llevar a cabo la penetración. De las cuatro moléculas hay una que se puede tomar a dosis diaria -como si fueran las pastillas de la tensión- y con ello el paciente se olvida del problema.

Todas funcionan bien. Es cierto que hay pacientes que toleran mejor una que otra, pero en ningún caso son fármacos complicados. Los efectos secundarios son mínimos, a veces dolor de cabeza, nariz tapada, y hay pacientes a los que les supone alguna alteración visual, pero es del todo transitoria. Solo están contraindicadas en aquellos pacientes con patología cardíaca que toman un determinado tratamiento.

Más allá de los fármacos orales, tenemos también a escala local que se pueden administrar de forma tópica dentro de la uretra -el conducto de salida de la orina-, o directamente al pene, pinchando con una inyección en el cuerpo cavernoso -la estructura que da rigidez-. Esto se lo hace el paciente mismo después de haber recibido previamente las instrucciones en la consulta. Aquí podríamos establecer un paralelismo con los pacientes diabéticos: se lo pinchan y esto produce una reacción.