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Desde Budapest: la ciudad balneario que interpreta capitales europeas en Hollywood

La capital húngara combina historia, industria y turismo con un 'hub' empresarial que seduce a inversores y emprendedores

Los icónicos baños Széchenyi preservan y proyectan una tradición termal que se remonta a la época romana | Bódis Krisztián (Budapest Info)
Los icónicos baños Széchenyi preservan y proyectan una tradición termal que se remonta a la época romana | Bódis Krisztián (Budapest Info)
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Emprededor y viajero
Budapest
05 de Abril de 2026 - 04:55

Budapest es otro lugar del mundo que me dibuja una sonrisa en la cara al pensar en él. Esta es la ciudad donde escogí pasar el invierno, ya que el viaje en autocaravana por estas latitudes en temporada fría dificulta mucho satisfacer las necesidades de abastecimiento del vehículo (sobre todo agua potable y carga de electricidad). Consciente de este reto y después de un año y medio viviendo en ruta, decidí alquilar un piso en el Distrito VI (Pest), a cinco minutos caminando del Mercado Central y del Puente de la Libertad que conduce a las termas Gellért, al lado de Buda.

 

Tal como su nombre indica, Budapest nace fruto de la unión de tres ciudades a ambos lados del río en el año 1873: Buda y Óbuda (la “Vieja Buda” donde hay las ruinas romanas de Aquincum) en el lado occidental, y Pest en la orilla oriental. El lado de Buda es una zona histórica y residencial, con barrios tranquilos poblando colinas que ofrecen vistas panorámicas de la ciudad. El lado de Pest, ubicado en una zona más plana, configura el centro económico y comercial, donde hay la mayoría de hoteles y los barrios de ocio. La capital de Hungría – país que forma parte de la UE desde 2004 y del espacio Shengen desde 2007, sin haberse adherido al euro – concentra cerca del 18% de la población del país y genera alrededor del 30% del PIB húngaro (estimado en 218.000 millones de euros en 2025).

Budapest es la región más rica del país, con una renta per cápita y un nivel de ingresos significativamente superiores a la media nacional

La estructura del PIB está dominada por el sector terciario, que representa casi el 65% (liderado por el turismo y la hostelería); seguido de la industria que genera el 32% (con la automoción, la electrónica, energía, productos farmacéuticos y los equipamientos eléctricos como industrias clave); y, por último, la agricultura con un 3% aproximado. Budapest es la región más rica del país, con una renta per cápita y un nivel de ingresos significativamente superiores a la media nacional (38.000 euros contra 21.000-23.000 euros, un dato que puede variar según el tipo de cambio), situándola al nivel económico de muchas ciudades de Europa occidental.

 

Como muchas grandes ciudades europeas, siempre hay turistas, pero los fines de semana y periodos de vacaciones, la “Perla del Danubio” recibe un tsunami de visitantes “de todo tipo” de todo el mundo que hacen cola para hacerse fotos en el Puente de las Cadenas, en la Estatua de la Princesita, en los famosos Zapatos del Danubio, para entrar en los balnearios o a tomar algo en los Ruin Bars del distrito V. Generando aproximadamente el 13-14% del PIB, ocho millones de turistas visitaron la ciudad en 2025, provocando tensiones similares a las de Barcelona en el sector inmobiliario: han transformado gran parte del parque de vivienda en los típicos apartamentos turísticos con “mezannine” – una plataforma a media altura donde ubican la habitación principal – y, en consecuencia, lo que llamo “nomadismo urbano local”, que obliga a algunos residentes a itinerar dentro de la ciudad en busca de alojamiento al acercarse la temporada alta.

De hecho, el gobierno húngaro y el Ayuntamiento de Budapest ya están aplicando medidas para controlar y reducir el impacto del turismo: aumento de los impuestos para estos negocios, moratorias de dos años para obtener nuevas licencias de vivienda turística y la limitación por distritos, decidiendo también la prohibición de la vivienda turística de corta duración – excepto hoteles – en el distrito VI. Este turismo “de todo tipo” que recibe la capital de Hungría es bastante similar al que recibe Barcelona: un turismo de escapadas urbanas de dos o tres días; turismo cultural, de vida nocturna y festivales, turismo de bajo coste y, a pesar de no tener mar, también recibe turistas de crucero. En este caso, cruceros fluviales.

Me he dividido la ciudad por sectores para poderla visitar con calma, entre semana, evitando las aglomeraciones en los lugares más destacados. Es temprano por la mañana y veo que hace buen día. Me abrigo y salgo a pasear con dos objetivos: primero, conocer la ciudad y disfrutar de todos los espacios hiperfotografiables que tiene: el segundo, encontrar tantas estatuillas como pueda del artista de guerrilla Kolodko. Budapest es una ciudad que está llena de estatuas con mucho significado – la Estatua de la Libertad, el Ángel de la Plaza de los Héroes, y un largo etcétera -, pero las de Mihály Kolodko son especiales porque pasan desapercibidas a muchos de los visitantes que vienen rápido a mirar lo grande para colgarlo en Instagram, o hacer un check en la lista de lugares a visitar, y se pierden algunos detalles interesantes. Las estatuas de Kolodko son pequeñas – de unos quince centímetros de altura – y convierten la ciudad en un mapa de pequeños tesoros en forma de estatuillas que guiñan el ojo a la cultura húngara, representan momentos de su historia o hacen sátira política. Os animo a que, si vais a Budapest, dediquéis un rato a encontrar las que os queden cerca!

Estatua de Winnie-the-Pooh en el aire, de Kolodko, situada bajo la placa de Frigyes Karinthy, quien transcribió el cuento al húngaro | Kolodko Art (Facebook)
Estatua de Winnie-the-Pooh en el aire, de Kolodko, situada bajo la placa de Frigyes Karinthy, quien transcribió el cuento al húngaro | Kolodko Art (Facebook)

Paso toda la mañana paseando por la Ciudadela, el Jardín de los Filósofos y el Castillo mientras combino las vistas panorámicas de Pest, al otro lado del río, con las de estos espacios que siguen la silueta de las colinas de esta orilla. Hace rato que oigo helicópteros, pero no consigo localizarlos. Inconscientemente, asocio este sonido a emergencias, pero cuando llego al famoso Puente de las Cadenas, me doy cuenta de que estaba equivocado al ver una escena de película. ¡Literalmente! Desde lejos, veo cómo un helicóptero negro está cerca de una de las torres del puente y una silueta diminuta, de color negro, corre hacia el helicóptero para agarrarse a los patines de aterrizaje de un salto.

El gobierno de Hungría ofrece incentivos fiscales para las producciones cinematográficas, las cuales convierten la ciudad en un plató excelente para las películas de Hollywood

Al llegar abajo, veo que el puente está cortado por el rodaje de una de las muchas películas que se graban en esta ciudad que fácilmente se asemeja a París, Viena o Berlín. A lo largo de su historia imperial y comunista, la ciudad ha crecido con una arquitectura muy versátil que permite recrear otras épocas. Además, el gobierno de Hungría ofrece incentivos fiscales muy atractivos para las producciones cinematográficas que, sumados a los bajos costes comparados con otras ciudades de Europa occidental, la convierten en un plató excelente para las películas de Hollywood. A 30 kilómetros de la capital está el Korda Filmpark donde hay decorados permanentes que reproducen ciudades enteras. Se estima que el sector cinematográfico genera cerca de 1.000 millones de dólares anuales en actividad económica (este dato puede variar en función del año y el tipo de cambio).

Dejo el Puente de las Cadenas para otro día y me dirijo al Bastión de los Pescadores desde donde almuerzo admirando el parlamento y paseando por los soportales. Justo debajo, a la orilla del río, está el mirador al Parlamento desde donde se puede hacer una fotografía frontal de su impresionante fachada frente al río. Lo admiro un rato hasta que el frío me invita a seguir caminando dirección al Margid Hid – Puente Margarita – desde donde disfrutaré de la puesta de sol, junto a la representación de la Corona de San Esteban – La Santa Corona de Hungría – con la cruz torcida a causa de un incidente al guardarla en el cofre de hierro que la custodiaba, en el siglo XVII. Desde este punto, mirando al Sur, es donde – para mi gusto - está la mejor panorámica de la ciudad con el Parlamento a la izquierda, el puente de las cadenas en el medio y el Bastión de los Pescadores y el Castillo a la derecha. ¡Impresionante!

Termino el día regalándome un plato de Goulash en uno de los diferentes restaurantes 100% sin gluten que hay en la ciudad. Al día siguiente, sin olvidarme de encontrar las estatuillas de Kolodko, decido seguir explorando la ciudad por el lado de Pest. Cojo uno de los metros más antiguos del mundo, la histórica línea 1 (o línea amarilla), que se construyó entre 1894 y 1896. Esta línea, patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde 2002, se construyó con motivo del milenario de Hungría y conecta el corazón de la ciudad con la Plaza de los Héroes. Gracias a la aplicación Budapest Go y al excelente sistema de tranvías, metros y autobuses, el transporte público en Budapest es muy fácil, intuitivo, económico y, también, muy eficiente – cosa que no pueden decir algunas ciudades europeas más importantes que todavía funcionan con tarjetas físicas y horarios poco fiables.

El transporte público en Budapest es muy fácil, intuitivo, económico y eficiente, algo que no pueden decir algunas ciudades europeas que todavía funcionan con tarjetas físicas y horarios poco fiables

Junto a esta plaza encontraréis la pista de patinaje sobre hielo y uno de los balnearios más famosos de la ciudad: los icónicos baños Széchenyi, otro de los atractivos turísticos que comercializa una tradición termal que viene desde la época de los romanos, reforzada con la cultura del hammam durante la ocupación otomana y que, aprovechando el asentamiento de la ciudad sobre más de 100 manantiales y pozos termales, el imperio austrohúngaro perfiló la ciudad como la conocemos ahora con los edificios monumentales de balnearios como Gellért (cerrado por obras hasta 2028), Király y Rudas, entre otros.

Vuelvo hacia el centro paseando por la Avenida Andrassy seguida de edificios majestuosos ocupados por embajadas que me recuerdan a los de la Avenida Tibidabo de Barcelona. Esta avenida le dio el nombre de “la París del Este” durante la época del imperio austríaco y alberga uno de los museos más visitados de la ciudad: La Casa del Terror, que contiene exposiciones relacionadas con los regímenes dictatoriales fascistas y comunistas de la Hungría del siglo XX. Llego a la Ópera todavía con los pelos de punta digiriendo todo lo que he visto en este museo tan necesario y, giro hacia el Parlamento donde me sorprende ver banderas de Transilvania (región de Rumanía). Hungría es un país con una identidad marcada por derrotas históricas – después de la Primera Guerra Mundial perdió cerca del 70% de su territorio – y, con estos símbolos, recuerda a la comunidad húngara que quedó expatriada al otro lado de las fronteras después de las fragmentaciones territoriales que ha sufrido a lo largo de la historia.

Pero no todo es turismo en la ciudad. Los días que voy a comprobar que la “Vicky” – así es como bauticé mi autocaravana – esté bien, me doy cuenta de que Budapest tiene mucha industria. Grandes empresas internacionales como Robert Bosch e IBM, o españolas como Gestamp y Fluidra tienen su sede allí. Aunque gran parte de la industria se concentra fuera de la capital, Budapest se ha consolidado como un hub de servicios, tecnología y centros operativos. El menor coste de la vida, los precios de alquileres de oficinas más asequibles y los salarios más competitivos comparados con los de Europa occidental hacen que Budapest y, Hungría, sean un país atractivo para el emprendimiento, la inversión y la expansión empresarial.

Además, su ubicación en el corazón de Europa la convierte en un punto estratégico entre Europa occidental y los Balcanes. Esta posición, junto con la política del gobierno de Viktor Orbán —en el poder desde 2010 y con cuatro victorias electorales consecutivas a pesar del menor apoyo que el gobierno tiene en la capital—, ha situado al país bajo la lupa del Consejo de la Unión Europea, especialmente por sus relaciones internacionales y posicionamiento político en temas de inmigración y guerras.