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Caminos ganaderos: infraestructura olvidada de la economía

Una jornada en la Universitat de Lleida sitúa las rutas como eje de nuevos negocios en turismo, bioeconomía y gestión del territorio en el mundo rural

El Pallars Sobirà ha recuperado 150 hectáreas de pastos | Cedida
El Pallars Sobirà ha recuperado 150 hectáreas de pastos | Cedida
David Rodriguez
Periodista
Lleida
30 de Abril de 2026 - 04:55

Originariamente, estaban destinados a garantizar el paso de los rebaños. Ahora, siglos después, se ha reactivado un debate desde el mundo académico para ser tratados como una herramienta esencial para repensar el futuro del mundo rural. Son los caminos ganaderos, de los cuales casi nadie habla, pero que se mantienen vivos desde tiempos pretéritos. En este contexto, hace pocos días, la Universitat de Lleida (UdL) acogió una jornada internacional en el marco del proyecto Valuable Itineraries Across Europe (VIAE), una iniciativa que busca situar estas rutas en una nueva centralidad económica y social. El planteamiento es claro: aquello que hasta ahora se ha considerado patrimonio puede convertirse en infraestructura estratégica.

 

Una de las entidades que forma parte del proyecto, el Centre Coopération Internationale en Recherche Agronomique pour le Développement (Cirad) defiende que “los caminos ganaderos no son solo memoria; son una herramienta para afrontar los retos actuales del territorio”. En un contexto de despoblamiento, emergencia climática y transformación de los modelos productivos, la reutilización de estos corredores naturales puede abrir nuevas oportunidades.

El proyecto VIAE, impulsado conjuntamente por la UdL y la Universidad de Newcastle, se inscribe en el marco del Año Internacional de los Pastizales y el Pastoreo. La propuesta busca avanzar hacia una estrategia europea compartida que reconozca, proteja y valore estas rutas, alineada con los principios de la Convención de Faro. Pero más allá del marco institucional, el debate que se produjo en Lleida apunta a una idea de fondo: los caminos ganaderos pueden ser una infraestructura del siglo XXI.

 

Con un cambio de enfoque, ya que los caminos ganaderos se han vinculado históricamente a la trashumancia, los itinerarios pueden mutar y erigirse en ejes de desarrollo económico diversificado. Uno de los ámbitos con más potencial es el ecoturismo. La creciente demanda de experiencias vinculadas a la naturaleza y al territorio abre la puerta a itinerarios que combinen patrimonio, paisaje y actividad ganadera.

La creciente demanda de experiencias vinculadas a la naturaleza y al territorio abre la puerta a itinerarios que combinen patrimonio, paisaje y actividad ganadera

Generar biodiversidad

Paralelamente, la ganadería extensiva, tildada tradicionalmente de poco competitiva en términos industriales, gana valor en un contexto en que la sostenibilidad y la calidad alimentaria se convierten en factores diferenciales. Estos sistemas productivos generan biodiversidad, mantienen el paisaje y reducen riesgos como los incendios, según los expertos. Los caminos ganaderos pueden jugar un papel clave en la gestión forestal, la conectividad de hábitats y la resiliencia climática. Es decir, una infraestructura verde con impacto directo en la economía.

Como ejemplo de esta creencia teórica, en el Pallars Sobirà, el proyecto BEEP ha permitido recuperar 150 hectáreas de pastos, con impacto directo sobre la actividad ganadera y la gestión del territorio. La iniciativa evidencia cómo la reactivación de estos espacios puede generar valor económico tangible, a la vez que contribuye a la prevención de incendios y a la conservación del paisaje.

El proyecto BEEP ha permitido recuperar 150 hectáreas de pastos, con impacto directo sobre la actividad ganadera y la gestión del territorio

En el contexto de la perspectiva patrimonial, desde la Universitat de Newcastle se pone el foco en la necesidad de construir una estrategia europea compartida. Así, una investigadora del centro asegura que “los itinerarios pastorales tienen un doble valor —material e inmaterial— y que su protección pasa por una gobernanza compartida entre instituciones, comunidades y mundo académico”.

De gasto a inversión

La recuperación de los pastos, tal como afirman los investigadores, ha dejado de ser un tema ambiental para pasar a formar parte de una apuesta económica. Los caminos rurales y ganaderos eran vistos como un gasto, asociado a su mantenimiento. Mientras que, con los estudios recientes, se han convertido en una inversión con un retorno natural y económico.

Todo ello ha cristalizado en la Declaració de Lleida, que ha surgido de la celebración de la jornada, impulsada en el marco del proyecto VIAE. De este consenso, surge la necesidad de situar el tema en la agenda de las administraciones, de forma que se logre un reconocimiento real de los proyectos de recuperación de los caminos ganaderos y que se integren en la estrategia de las políticas territoriales de planificación.  

La iniciativa se inscribe en el Año Internacional de los Pastizales y del Pastoralismo y apunta más allá: sentar las bases para una futura candidatura de los itinerarios pastorales europeos como Patrimonio Mundial de la Unesco. La Declaración de Lleida se presenta como un instrumento operativo para situar el pastoralismo en la agenda europea, con el objetivo de garantizar la continuidad de un sistema que conecta territorio, economía y cultura.

Revalorizar los caminos ganaderos implica repensar la relación entre ciudad y campo, entre producción y sostenibilidad, entre pasado y futuro. Se trata de entender que algunas de las soluciones a los problemas actuales pueden estar en estructuras que ya existían, pero que habían quedado fuera del centro de decisión. En un momento en que se buscan infraestructuras para la economía verde, los caminos ganaderos ofrecen una paradoja: la modernidad puede pasar por recuperar aquello que se creía, había dejado de ser útil.