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Los cuatro drenajes fiscales que sufre Catalunya

Catalunya tiene el talento y la actividad económica, pero no dispone de un marco institucional equiparable al de, por ejemplo, Baviera o Flandes

La ciutat de Barcelona amb la Sagrada Família i la mar al fons
La ciutat de Barcelona amb la Sagrada Família i la mar al fons
Xavier Solano | VIA Empresa
Politólogo
13 de Febrero de 2026 - 04:55

O nos hacemos todos más ricos o acabamos todos pobres.

 

Rodalies es un síntoma, no es el problema. Que el salario medio catalán haya crecido menos que el de Madrid, el de la Unión Europea (UE) o el del Reino Unido en las últimas dos décadas tampoco es el problema, es otro síntoma.

El problema de fondo es que Catalunya soporta cuatro drenajes fiscales simultáneos que reducen su capacidad de inversión, limitan el margen para impulsar la productividad y dificultan que el país transforme su potencial económico en prosperidad comparable a la de otros territorios europeos avanzados.

 

Y lo más preocupante es que esta situación se mantiene incluso en períodos en los que Catalunya dispone de un peso político suficiente para intentar corregirla. Hay una incapacidad de resolver este maltrato estructural.

En los últimos veinte años, Catalunya ha pasado de 6,3 a 8 millones de habitantes (un incremento del 27%), pero ha casi doblado su PIB (+98%). A pesar de ello, el PIB per cápita y los salarios han crecido alrededor de un 40%, un avance limitado si lo comparamos con otros territorios.  

Madrid, en el mismo período, ha superado ampliamente a Catalunya en PIB per cápita. Esta ciudad ha aumentado el PIB un 115% y la población un 22%, lo que ha permitido un incremento del PIB per cápita de un 80%. Este diferencial no es casual: la capitalidad, la concentración de instituciones y sedes corporativas con sueldos altos y una ejecución de inversiones estatales superior a la media han reforzado su dinamismo. Catalunya, en cambio, arrastra un déficit fiscal persistente y una ejecución de infraestructuras sistemáticamente inferior a lo comprometido, además de un tejido productivo que a menudo compite en segmentos de menor valor añadido.

Cuando comparamos Catalunya con otros territorios industriales exportadores que no son capitales de estado, la diferencia es clara: Catalunya tiene el talento y la actividad económica, pero no dispone de un marco institucional equiparable al de, por ejemplo, Baviera o Flandes.

"El drenaje fiscal bávaro representa aproximadamente una quinta parte del catalán; además, Baviera no tiene que negociar cada infraestructura con el gobierno central"

Baviera, con un PIB per cápita de 58.000 euros y un paro del 4,4%, aporta unos 12.000 millones de euros al sistema de redistribución alemán. Catalunya aporta alrededor de 22.000, pero con menos de la mitad del PIB bávaro (316.000 vs. 800.000 millones). En proporción, el drenaje fiscal bávaro representa aproximadamente una quinta parte del catalán. Además, Baviera no tiene que negociar cada infraestructura con un gobierno central que tiende a priorizar los criterios políticos por delante de los económicos.

Flandes es otro ejemplo: infraestructuras logísticas integradas y gobernanza eficiente. La contribución a la solidaridad interregional de Flandes equivale al 1,1% del PIB (4.000 millones), muy por debajo del 7-9% catalán. Catalunya, con puertos competitivos y una posición mediterránea privilegiada, podría operar en esta misma liga, pero lo hace con un sistema que retrasa proyectos estratégicos y con un retorno fiscal inferior al que correspondería a su peso económico.

A este primer drenaje, el déficit fiscal con el Estado, se le añaden tres más:

2. El modelo de financiación de la Generalitat. Catalunya recibe menos recursos de los que le corresponden y esto obliga a la Generalitat a crear impuestos propios para compensarlo. No es ninguna manía recaudatoria: es supervivencia. Cuando los números no encajan, alguien tiene que poner el dinero. Y siempre les toca a los mismos. Aun así, la Generalitat debería reconsiderar el impacto a medio y largo plazo de su régimen fiscal, que ahuyenta actividad económica hacia otros territorios.

3. El drenaje europeo también existe, porque Catalunya es contribuyente neta a la UE a través de la aportación española al presupuesto comunitario, pero el retorno que recibe es inferior al que correspondería a su peso económico y exportador dentro de España. El corredor mediterráneo continúa pendiente de completarse y la lengua catalana todavía no dispone del reconocimiento oficial que tienen otras lenguas europeas de dimensiones similares. En este sentido, Catalunya contribuye al presupuesto europeo como los que deciden, pero recibimos la atención como territorio dependiente y periférico, y no de un territorio altamente productivo y exportador.

"Catalunya contribuye al presupuesto europeo como los que deciden, pero recibimos la atención como territorio dependiente y periférico, y no de un territorio altamente productivo y exportador"

4. El régimen fiscal español genera un entorno más favorable para las grandes corporaciones que para las pymes y los autónomos, que son la base del tejido productivo catalán. Las empresas de gran dimensión disponen de más capacidad para optimizar, planificar y negociar su fiscalidad, mientras que las pequeñas y medianas empresas no tienen los mismos instrumentos ni recursos. Esta asimetría afecta especialmente a un país como Catalunya, donde el tejido productivo es diverso, altamente atomizado y fuertemente dependiente de pymes y autónomos. Por ejemplo, recordemos que en el Reino Unido si un autónomo no gana dinero, no paga nada en impuestos o seguridad social. Una lógica elemental que no se aplica al Estado español.

Cuando sumamos estos cuatro factores, el diagnóstico es claro: Catalunya compite, pero lo hace con una desventaja estructural que otros territorios comparables no tienen. El talento está, las empresas están, las exportaciones están. Lo que falta es un entorno institucional que permita convertir este potencial en resultados.

Por eso, es imprescindible que la voz del empresariado catalán, grande y pequeño, llegue con fuerza a Barcelona, Madrid y Bruselas. Y que se añadan las voces de los trabajadores y del resto de la sociedad; todos sufrimos las consecuencias. Como sociedad, necesitamos tomar acciones para resolver esta situación. O priorizamos hacernos todos más ricos o acabaremos todos siendo cada vez más pobres.

"Como sociedad, nos hace falta tomar acciones para resolver esta situación: o priorizamos hacernos todos más ricos o acabaremos todos siendo cada vez más pobres"

Lo que se reclama no es excepcional, es lo que es normal en cualquier economía avanzada. Una financiación adecuada sin déficits impuestos, infraestructuras que funcionen y un marco fiscal que no penalice a quien crea empleo.

Catalunya necesita más margen. Y este margen solo llegará si el empresariado defiende con la misma determinación con que compite en los mercados internacionales aquello que es imprescindible para el futuro del país. Una Catalunya que despliegue todo su potencial es una buena noticia para el conjunto de la ciudadanía y también para Europa.