No se puede hablar de productividad y autónomos. Es una afirmación que aparece a menudo cuando se intenta analizar el rendimiento económico del trabajo autónomo. El Anuario de la Pyme Catalana 2025, elaborado por el Observatorio de la Pyme de Catalunya de Pimec, aporta algunos datos que matizan esta idea.
El documento analiza la pyme catalana desde diferentes puntos de vista económicos e incluye las empresas sin personal contratado y microempresas (hasta nueve personas contratadas), además de pequeña, mediana y gran empresa. El colectivo de trabajo autónomo, persona física y societaria, se concentra en las dos primeras tipologías. En consecuencia, su análisis puede ser una aproximación a la productividad del colectivo.
La productividad no depende solo de la eficiencia individual. También depende de la capacidad de organizar recursos, repartir funciones y generar escala
El análisis de los datos apunta a una conclusión menos evidente de lo que podría parecer a primera vista. Cuando se habla de productividad, los autónomos suelen salir malparados. De hecho, las empresas sin personal contratado tienen una productividad inferior a la de las empresas con trabajadores. La conclusión rápida sería, pues, que estas empresas unipersonales son menos productivas.
Esta es, probablemente, la lectura más habitual. Pero los datos apuntan a una explicación diferente: el principal freno de los negocios unipersonales no parece ser cómo trabajan, sino hasta dónde pueden llegar trabajando solos. La productividad no depende solo de la eficiencia individual. También depende de la capacidad de organizar recursos, repartir funciones y generar escala.
Analicemos, pues, el dato con más detenimiento: un negocio sin personal contratado genera 52.748 euros de valor añadido por ocupado, mientras que una microempresa genera 69.597 euros por ocupado. El salto es de casi el 32% de incremento. Los datos agregados muestran que pasar de trabajar solo a microempresa multiplica por 3,4 el valor total generado por el negocio.
Cuando se analiza de dónde sale este incremento, solo una pequeña parte se explica por una mayor eficiencia individual. Buena parte responde a la mayor dimensión que adquiere el negocio y al efecto multiplicador que esta genera. Y es que, cuando una empresa incorpora los primeros trabajadores no solo gana manos, gana capacidad de organización, especialización y escala. En definitiva, gana capacidad productiva y generación de valor.
Un negocio sin personal contratado genera 52.748 euros de valor añadido por ocupado, mientras que una microempresa genera 69.597 euros por ocupado
Una sola persona tiene una capacidad productiva limitada y difícilmente puede especializarse por funciones. Debe captar clientes, producir, gestionar, facturar y planificar a la vez. Cuando incorpora al primer trabajador, no solo suma una persona más, sino que empieza a repartir funciones.
El análisis muestra también que no todos los sectores funcionan igual. Por ejemplo, el impacto es mucho mayor en sectores como la industria y la construcción, seguramente porque son más intensivos en inversión y la primera contratación transforma mucho más la capacidad productiva. En sectores como los servicios, el porcentaje de incremento es más moderado, ya que muchas actividades profesionales pueden ser relativamente eficientes sin estructura.
Más allá de las diferencias sectoriales, los datos apuntan que el principal salto en la capacidad de generar valor se produce cuando un negocio deja de ser unipersonal. En esta línea, tiene sentido que las políticas públicas intenten reducir las barreras asociadas a la primera contratación.
Las empresas sin asalariados representan el 57,8% de todas las empresas catalanas, pero solo generan el 6,7% del valor añadido
Los negocios sin asalariados no muestran tanto un problema de eficiencia como las limitaciones inherentes a trabajar solo. Estos límites se rompen cuando incorporan una estructura mínima. Por eso, el gran salto empresarial no se produce tanto cuando una empresa se hace grande, como cuando el empresario deja de trabajar solo, ya que el primer trabajador es un cambio que combina simultáneamente más capacidad productiva y más productividad.
Las empresas sin asalariados representan el 57,8% de todas las empresas catalanas, pero solo generan el 6,7% del valor añadido. No es una diferencia menor. Llegados a este punto, el debate no es si se puede hablar de productividad o no en las empresas unipersonales; el debate es qué frena que aquellas que tienen potencial den el paso que, según los datos, más transforma su capacidad de generar valor: dejar de trabajar solas.