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El estrés y la burocracia, el dragón de Sant Jordi del autónomo

El 'burnout' y la carga administrativa exponen a los autónomos a un riesgo crónico que obliga a actualizar la metáfora del dragón

El 'burnout' es un síndrome derivado del estrés laboral crónico, caracterizado por agotamiento físico, mental y emocional, y pérdida de eficacia | iStock
El 'burnout' es un síndrome derivado del estrés laboral crónico, caracterizado por agotamiento físico, mental y emocional, y pérdida de eficacia | iStock
Elisabet Bach | VIA Empresa
Economista i presidenta de Pimec Autònoms
23 de Abril de 2026 - 04:55

Cada año, por Sant Jordi, se repite el relato: un dragón que amenaza, un caballero que lucha y una victoria que restablece el orden. Es una historia que simplifica un conflicto: hay un riesgo identificable y una acción clara para afrontarlo. En el caso de las personas autónomas y las microempresas, el dragón existe, pero no siempre es visible ni fácil de identificar. A menudo, no es único. Y la victoria no es ni simple ni directa.

 

En este contexto, el concepto de burnout ayuda a poner nombre a una parte del problema. Se trata de un síndrome derivado del estrés laboral crónico, caracterizado por agotamiento físico, mental y emocional, y pérdida de eficacia. No es un episodio puntual ni una percepción subjetiva, sino el resultado de una exposición a unas condiciones continuadas de estrés.

En esta línea, la Guía Burnout elaborada por la Fundación Pimec -con la colaboración del Instituto de Investigación del Hospital del Mar, MGC Mútua y Fundación Salud y Persona- incorpora un test de cribado para medir el nivel de burnout entre personas empresarias y autónomas. Sobre una muestra de 962 respuestas, más del 70% presenta niveles de burnout de moderados a graves, un resultado que apunta a una incidencia elevada de este fenómeno en el tejido empresarial en general y en el de pequeña dimensión en particular.

 

A diferencia del relato clásico, aquí el caballero y el reino coinciden en una misma figura: el autónomo. Es quien genera ingresos, gestiona la actividad, asume el riesgo y responde ante cualquier incidencia. Esta concentración de funciones hace que cualquier factor de presión tenga un impacto directo y acumulativo.

El 80% del colectivo autónomo trabaja más de 40 horas semanales, y el estrés aparece de forma recurrente como uno de los principales problemas

Los datos lo corroboran. Según encuestas de Pimec Autònoms, el 80% del colectivo trabaja más de 40 horas semanales. El estrés aparece de forma recurrente como uno de los principales problemas, asociado también a dificultades de descanso, tiempo para las relaciones sociales, conciliación o falta de hábitos saludables. En este escenario, el burnout no es una excepción, sino una consecuencia probable de una exposición sostenida a niveles elevados de estrés con capacidad limitada de recuperación.

Ahora bien, ¿quién es el dragón?

En un entorno cambiante e incierto como el actual, el estrés a menudo se atribuye a la incertidumbre del mercado. Cuando se pregunta a los propios autónomos por los principales factores de preocupación, los primeros puestos no los ocupa la facturación, sino elementos como la carga fiscal, las cotizaciones, la jubilación, las prestaciones o la burocracia. Es decir, factores institucionales y normativos. El hecho de que estos factores aparezcan de manera sistemática en las primeras posiciones indica que no se perciben como elementos accesorios, sino como elementos centrales en el funcionamiento del negocio.

De hecho, el 82% de los autónomos manifiestan tener dificultades para mantenerse al día de la normativa. Cada semana, un autónomo dedica entre tres y cuatro horas a tareas burocráticas y de cumplimiento normativo, a menudo gestionando información que la Administración ya tiene. Además, esta misma burocracia se percibe como una de las principales barreras al crecimiento.

Cada semana, un autónomo dedica entre tres y cuatro horas a tareas burocráticas y de cumplimiento normativo, a menudo gestionando información que la Administración ya tiene

Esto redefine la naturaleza del riesgo: no se trata solo de un entorno económico exigente, sino de un sistema que añade complejidad, consume tiempo, introduce incertidumbre y genera miedo al incumplimiento por error, con impacto directo en el bienestar de la persona y en la toma de decisiones.

En términos de metáfora, no se trata de un único dragón, sino de un ecosistema de presiones que actúan de manera simultánea y sostenida. Esta situación se hace especialmente evidente en microempresas de entre uno y tres trabajadores, donde los niveles de presión son más elevados. En estos casos, la persona autónoma no solo sostiene la actividad, sino también la gestión y la responsabilidad sobre las personas que tiene contratadas, hecho que incrementa la presión de manera significativa.

Otro indicador clave es la relación con la enfermedad. Las personas autónomas cogen menos bajas que las asalariadas (once por cada 1.000 personas, frente a 54), pero cuando lo hacen, la duración es muy superior (87 días de media frente a 27). Esto apunta a una dinámica clara: la actividad no se detiene hasta que el deterioro es significativo. El resultado es un desplazamiento del problema en el tiempo. Ocurre en el caso de las enfermedades en general y del estrés y del burnout en particular.

Ante este escenario, la idea de un Sant Jordi individual que “vence al dragón” resulta insuficiente. La gestión personal del estrés es necesaria, pero no suficiente para abordar la raíz del problema. Desde una perspectiva analítica, el reto es identificar correctamente al dragón. Si una parte relevante de la presión proviene de factores normativos y administrativos, las respuestas deben incidir también en este ámbito: simplificación de procesos, reducción de carga burocrática, mejora de los sistemas de protección y adaptación a la realidad de la microempresa, con mecanismos orientados a la protección de la persona y a la continuidad del negocio.

Cuando el riesgo es crónico y acumulativo, la solución no pasa por un acto heroico puntual, sino por reequilibrar las condiciones en que se desarrolla la actividad

En un tejido productivo donde las empresas de pequeña dimensión son nueve de cada diez, la salud de la persona autónoma no es solo una cuestión individual, sino un factor de sostenibilidad económica del tejido económico y social.

Quizás, en este caso, la metáfora deba actualizarse. No se trata tanto de matar al dragón como de reducir su presión constante. Porque cuando el riesgo es crónico y acumulativo, la solución no pasa por un acto heroico puntual, sino por reequilibrar las condiciones en que se desarrolla la actividad.

En este sentido, el presidente de la Fundación Pimec, Josep González, recuerda que liderar también es cuidarse.

Para que esto sea posible, es necesario que el sistema lo haga viable.