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Mujeres autónomas: cuando el tiempo frena el negocio

El aumento del trabajo autónomo femenino en Catalunya contrasta con la carga de cuidados y las dificultades para garantizar la sostenibilidad de los negocios

La gran mayoría de mujeres autónomas se concentran en el sector servicios, especialmente en actividades como el comercio, la hostelería o los servicios a las personas | iStock
La gran mayoría de mujeres autónomas se concentran en el sector servicios, especialmente en actividades como el comercio, la hostelería o los servicios a las personas | iStock
Elisabet Bach | VIA Empresa
Economista i presidenta de Pimec Autònoms
27 de Marzo de 2026 - 04:55

Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan, dice Shakira. Sobre la primera parte de la afirmación no puedo opinar; sobre la segunda, sí. En Catalunya ya son unas 210.000 las mujeres autónomas, y representan 11,5 de cada 100 mujeres ocupadas. Los datos confirman que las mujeres ganan peso en el trabajo autónomo: desde el 2021, el colectivo de autónomas ha crecido un 5,3%, por encima del 1,3% registrado entre los hombres, y han pasado de 34,4 de cada 100 autónomos en 2021 a 36,8 en 2025.

 

Pero el dato relevante no es este. Porque facturar no siempre equivale a consolidar, crecer o protegerse a largo plazo. La pregunta es, pues, en qué condiciones ejercen este trabajo y qué recorrido les permite construir. Y es aquí donde la fotografía se vuelve más compleja.

En Catalunya ya son unas 210.000 las mujeres autónomas, y representan 11,5 de cada 100 mujeres ocupadas

El trabajo autónomo femenino ha crecido de forma sostenida en los últimos años, pero lo ha hecho con unas características muy concretas. La gran mayoría de mujeres autónomas se concentran en el sector servicios, especialmente en actividades como el comercio, la hostelería o los servicios a las personas. Tradicionalmente son actividades intensivas en trabajo y consideradas de bajo valor añadido, hecho que a menudo se traduce en rendimientos más bajos que en otros sectores. Sin embargo, son actividades esenciales para el funcionamiento cotidiano de la economía: sostienen servicios de proximidad, cohesión territorial y atención a las personas.

 

En este contexto, el volumen de facturación no siempre se traduce en ingresos suficientes. De hecho, facturar no es equivalente a ganarse la vida. Estudios de Pimec Autònoms evidencian que las mujeres autónomas tienen más dificultades para cubrir sus necesidades económicas que los hombres. En cualquier empresa hay dos variables determinantes: los recursos económicos y el tiempo disponible.

El tiempo, sin embargo, es un recurso limitado: no se puede ampliar, solo decidir cómo se distribuye. Y es precisamente en esta distribución donde aparecen de nuevo diferencias entre hombres y mujeres. Tanto hombres como mujeres dedican más de 40 horas a la semana a la actividad profesional. Ahora bien, según un estudio realizado por la Consejería de Igualdad y Feminismos y Pimec, cuatro de cada diez mujeres autónomas afirman asumir mayoritariamente las tareas de cuidado del hogar.

Esto significa que muchas mujeres autónomas aún afrontan una doble jornada: la profesional y la familiar. En este contexto, familia y empresa entran en un juego de equilibrios constantes que dificulta la gestión de los horarios, la continuidad del negocio y, en definitiva, su sostenibilidad económica. Estas situaciones a menudo se gestionan trabajando cuando se puede, recurriendo a ayuda externa, reduciendo la actividad o interrumpiéndola. Todo ello se traduce en mayores costes, parcialidad e intermitencia en la actividad.

Se genera así un círculo que retroalimenta las desigualdades empresariales: la parcialidad y la intermitencia afectan la facturación, el rendimiento y también las posibilidades de continuidad y crecimiento de la empresa. A menudo se dice que la dimensión da eficiencia y rentabilidad a las empresas. Sin embargo, el último estudio de Pimec Autónomos muestra que la voluntad de hacer crecer el negocio es ocho puntos inferior entre las mujeres que entre los hombres. Entre las motivaciones para crecer destacan ganar más dinero, no trabajar sola, ganar eficiencia y reducir la dependencia del negocio respecto de quien lo lidera.

El freno al crecimiento responde realmente a una menor voluntad de las mujeres autónomas o a unas estructuras productivas y sociales que lo condicionan?

Pero es en los inconvenientes donde aparecen diferencias más significativas: las mujeres perciben que crecer implica más dificultades en la gestión y, sobre todo, una mayor dedicación. Es decir, de nuevo aparece el mismo factor limitante: el tiempo disponible. Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿el freno al crecimiento responde realmente a una menor voluntad de las mujeres autónomas o a unas estructuras productivas y sociales que lo condicionan? Hay que tener en cuenta, además, que estas situaciones no solo afectan al presente. También tienen consecuencias a largo plazo para las propias mujeres y para sus familias.

Las mujeres autónomas afrontan una doble brecha en las pensiones: la que existe entre el régimen general y el régimen de autónomos -de un 37% en 2024- y la que se produce entre hombres y mujeres dentro del mismo colectivo de autónomos, de un 27,7%. La principal razón es que el sistema de pensiones es contributivo: lo que se cobra depende de las bases de cotización de la vida laboral. Históricamente, las bases de cotización de las mujeres han sido más bajas que las de los hombres, y esto se refleja en las pensiones.

Esta realidad también tiene impacto en el ámbito familiar. Por ejemplo, las pensiones de viudedad de los hombres de mujeres autónomas son un 32,9% inferiores a las pensiones que perciben las mujeres viudas de hombres autónomos. En el mundo del autónomo y la microempresa, vida y empresa se entrelazan. El sistema está pensado para trayectorias profesionales lineales y estables. Pero hoy las trayectorias son cada vez más discontinuas, especialmente para muchas mujeres y también para muchos hombres que quieren asumir un papel corresponsable en el cuidado de la familia.

En el mundo del autónomo y la microempresa, vida y empresa se entrelazan. El sistema está pensado para trayectorias profesionales lineales y estables

Esto obliga a avanzar en dos direcciones. Por un lado, hacia un reparto más equilibrado de los cuidados dentro de la familia y hacia el reconocimiento de los cuidados como un reto colectivo. Por el otro, hacia un modelo de trabajo autónomo capaz de adaptarse a trayectorias profesionales menos lineales, con mecanismos que faciliten la continuidad de los negocios en momentos de interrupción.

El trabajo autónomo ha sido históricamente una vía de autonomía económica. Pero cuando el tiempo disponible, la continuidad de la actividad y las bases de cotización no son las mismas, esta autonomía no se construye en igualdad de condiciones. Entender esta realidad es imprescindible si queremos que el crecimiento del trabajo autónomo femenino sea también un avance en seguridad económica y sostenibilidad empresarial para las mujeres, las familias y los territorios.