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Flexibilidad y “más y mejor Europa”, la receta contra el caos geopolítico

La Cambra de Terrassa celebra la 10ª Jornada Internacional en la sede de Grifols con una reafirmación crítica del proyecto europeo

Pere Amat, Ramon Tremosa, Xavier Vives y joan Raventós, participantes y moderador del debate principal de la 10 Jornada Internacional de la Cambra de Terrassa | Cedida
Pere Amat, Ramon Tremosa, Xavier Vives y joan Raventós, participantes y moderador del debate principal de la 10 Jornada Internacional de la Cambra de Terrassa | Cedida
Marc Vilajosana, periodista de VIA Empresa | Mireia Comas
Periodista
Sant Cugat del Vallès
14 de Mayo de 2026 - 03:50

El 2026 se celebra el 40º aniversario de la adhesión del Estado español a la Comunidad Económica Europea, el precedente de una Unión Europea que, con 27 miembros y más de 450 millones de habitantes, enfrenta hoy uno de los momentos geopolíticos más convulsos de las últimas décadas. Después de un período de euroescepticismo con el Brexit británico como gran representante, la sucesión de amenazas externas como la covid, los aranceles estadounidenses o los conflictos armados en Ucrania y Oriente Medio parecen haber reforzado la cohesión entre sus miembros. Una cifra redonda, los 40 años, como también lo son los diez que celebra la Jornada Internacional de la Cambra de Comerç de Terrassa, que bajo el título Decidir dónde crecer en el mundo y la conducción del director de VIA Empresa, Carlos Rojas, ha dedicado su debate principal a preguntarse dónde está y hacia dónde va el proyecto común europeo desde la sede central de Grifols, en Sant Cugat del Vallès.

 

El primer consenso ha sido unánime: la adhesión a la actual UE se ha constatado como una noticia positiva para Catalunya y el Estado. “Si no hubiéramos estado, España se parecería más a Argentina que a Dinamarca”, ha aseverado el profesor de Economía y Finanzas en Iese Business School, Xavier Vives. De acuerdo con el académico, la permanencia en la Unión ha aportado al Estado español una “estabilidad institucional y monetaria crucial”, a la vez que también ha permitido a España recibir “muchos subsidios de Europa”. Ahora bien, no todo el monte es orégano: el “mundo convulso” en que vivimos hoy, “el de la ley del más fuerte”, ha evidenciado, según Vives, que Europa “no es un estado, sino una confederación híbrida que va muy lenta y tiene una capacidad de ejecución, de momento, limitada”.

Esta visión compartida ha elevado varios grados de eurooptimismo en la intervención del economista, exparlamentario del Parlamento Europeo y colaborador de VIA Empresa, Ramon Tremosa, quien ha calificado de “fantástico” el momento europeo actual. Para defender su tesis, ha citado a todos los países interesados en estrechar la relación con los 27: la voluntad de Armenia, Ucrania y Noruega de entrar en la UE, la de Suecia y Hungría de hacerlo en el euro e, incluso, el comportamiento de Canadá, que “actúa como si, de facto, fuera el país 28 de la UE”. A esta serie de peticiones se suma la contención de figuras hasta hace no mucho euroescépticas: “Meloni no ha tocado ni una coma del consenso europeo desde que es primera ministra, y Grecia, que hace diez años casi sale del euro, hoy es su mejor alumno”. Una miscelánea de actitudes que, a juicio de Tremosa, deja claro que “fuera del euro hace mucho frío”. “Lo que ocurre en Estados Unidos y en el golfo Pérsico está creando una necesidad de más y mejor Europa, y ahora solo nos faltan los actores que lo saquen adelante”, ha remarcado.

 

Tremosa: “Lo que ocurre en Estados Unidos y en el golfo Pérsico está creando una necesidad de más y mejor Europa, y ahora solo nos faltan los actores que lo saquen adelante”

Menos entusiasta se ha mostrado el director ejecutivo de Neklar, Pere Amat, que si bien ha valorado positivamente la pertenencia a la UE, también ha recordado que la industria necesita “un regulador más ágil, más rápido y más preciso”. Como representante del sector automovilístico, Amat ha reconocido que la suya es una “industria poco flexible”, marcada por las altas inversiones y gastos en activos y personales y la persistencia de “cadenas logísticas realmente complejas”. Haciendo autocrítica, el director ejecutivo de Neklar ha concedido que la industria europea tiene problemas propios a la hora de adaptarse a los cambios de mercado y a la presión de los competidores, pero también ha incidido en el peso que supone la regulación, que ha tildado “de un poco torpe” por no haber tenido en cuenta “las necesidades de los clientes y de la industria”.

La regulación europea, entre la lentitud y la falta de ejecución

La regulación ha sido, de hecho, uno de los protagonistas centrales del debate, como ya hace tiempo que lo es en el seno de la industria y de la propia Unión Europea. Vives ha reconocido que es “necesaria”, pero cree que Europa “no ha calibrado bien los costes” que supone para las empresas. El ejemplo “evidente”, ha dicho, es la transición verde: “Ha tomado el liderazgo, que es bueno, pero tenemos que tener en cuenta que no resolveremos el problema mientras los Estados Unidos y China vayan por otros lados, y lo único que hemos conseguido es que la industria se marche de Europa”. En este sentido, el profesor de Iese ha señalado mecanismos como el ajuste de carbono en la frontera —unos aranceles que gravan los productos con alto contenido de emisiones de carbono— como posibles medidas para que el continente “no pierda competitividad”. Pero también ha criticado que Bruselas “se ha metido en cosas en las que no se tenía que meter”, como la composición de ciertos alimentos o la elección de las tecnologías que se tienen que impulsar o hacer retroceder.

Ante el peso de la “burocracia europea” denunciado recurrentemente, Tremosa ha querido trasladar la responsabilidad a los Estados miembros, a cuyos políticos acusa de “nacionalizar éxitos europeos y europeizar fracasos nacionales”. Un “gran lastre” que, ha asegurado, ofusca el buen rendimiento del cuerpo de 25.000 funcionarios que tiene la Comisión Europea: “Un grupo de pescadores de Palamós llamó un viernes y los recibieron el siguiente miércoles. A ver cuándo vemos esto en Madrid o en Barcelona”. En esta línea, Tremosa ha considerado que “el salto que tiene que dar Europa choca con el hecho de que París, Roma o Madrid pierden poderes”, pero también con una concepción diferente de qué quiere decir la Unión para los países que forman parte de ella: “Los nórdicos no tienen una visión de la UE como una transfer union, sino como una best practices union”. “Esto quiere decir”, ha continuado, “que si Finlandia tiene el mejor modelo de educación; Dinamarca, el mejor modelo de trabajo; Austria, la mochila austriaca en pensiones; Países Bajos, el mejor sistema de puertos, y Alemania, la mejor formación profesional, compartámoslos y copiémoslos todos”.

Vives: “El gran acierto de la Unión Europea es el mercado único, pero estamos muy lejos de tenerlo”

A las consecuencias de la regulación europea se suma un segundo factor, que es la falta de capacidad punitiva para asegurarse de que la ley comunitaria se cumpla en todos los estados. El ejemplo que ha puesto Vives y que han compartido el resto de ponentes es el uso que ha hecho el Estado español de parte de los fondos Next Generation para pagar pensiones y otros gastos corrientes. “Los Next Generation fueron un primer paso de emisión conjunta de deuda, que eliminó las primas de riesgo e hizo que todo el mundo viera la deuda de Grecia tan sólida como la de Alemania. Y esto, que es un primer paso fantástico, se lo ha cargado Pedro Sánchez de la manera más cutre posible”, ha criticado Tremosa. A esta visión, el profesor de Iese suma la falta de cumplimiento de los compromisos asumidos por el Estado ante la concesión de los fondos europeos: “España tenía que implementar o peajes o viñetas para circular por las autopistas, y se ha negado del todo. El gran acierto de la Unión Europea es el mercado único, pero estamos muy lejos de tenerlo”.

Tampoco se ha perdido la fiesta la productividad, uno de los indicadores más señalados negativamente en el continente europeo —y en Catalunya, como hacía esta misma semana el presidente de Pimec, Antoni Cañete—. Para Vives, una de las razones principales de la diferencia entre Europa y China o los Estados Unidos es que “hemos cogido tarde el tren de la revolución digital”. “No tenemos las grandes plataformas tecnológicas, tenemos algunas pequeñas que empiezan a competir”, ha remachado, a la vez que ha indicado que “nos hemos quedado atascados en la tecnología media”, en referencia a apuestas como la de Alemania por la industria del automóvil con motor de combustión.

Con las debilidades identificadas, las amenazas exteriores también juegan un papel, y últimamente se concentran con el nombre y apellido del presidente estadounidense. “Trump nos hará pasar de la adolescencia a la adultez, y es una gran oportunidad”, ha aseverado Tremosa. El eurodiputado ha expuesto el caso de Suecia, que en los últimos años ha reducido significativamente el gasto público sin alterar el estado del bienestar, como un ejemplo de que “hay posibilidad de enmienda en este sur de Europa tan hiperregulado en que vivimos”. Un toque de atención que también ha hecho ponerse las pilas a una industria que, según Amat, está aprendiendo a “ser más ágiles que nunca”: “En una empresa de compras como la nuestra, en función del tuit o la bomba de Trump tenemos que pasar de comprar en China a hacerlo en México o en otro lugar”. Y para acabar con una nota positiva, Vives ha asegurado que “tenemos mucho campo que correr” y ha alabado el avance del régimen 28, el régimen jurídico al que podrán acogerse las empresas para poder actuar en todo el continente sin tener que adaptarse a 27 regulaciones diferentes.

Amat: “Estamos aprendiendo a ser más ágiles que nunca”

Es ante este contexto complejo que las empresas catalanas se ven obligadas a internacionalizarse de manera acelerada y adecuada. Daniel González, responsable de los Servicios de Comercio Internacional de la Cambra de Terrassa, ha identificado tres grandes tendencias en este proceso: la multiculturalidad de los equipos internacionales, la irrupción de la digitalización completa y la importancia de tener capacidad de adaptación a las “50.000 situaciones de irrupción e incertidumbre” que vivimos. También hay que tener en cuenta, ha alertado, que la interacción con los clientes ha cambiado y que a pesar del auge de las vías digitales, los encuentros presenciales aún son necesarios, “porque si no, la gestión pura y dura del cliente se pierde”. ¿Y cómo se concentra todo esto en la internacionalización de las pymes catalanas? Con un concepto clave: la flexibilidad. “O tienes cintura, o tu empresa se queda atascada”, ha sintetizado González.