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Guerra en Irán y alimentos en Catalunya

Ante la problemática generada por la guerra, es necesario avanzar decididamente en la mejora del grado de autosuficiencia alimentaria

El incremento del coste de la energía está condicionando seriamente múltiples sectores, como el de la alimentación | Europa Press
El incremento del coste de la energía está condicionando seriamente múltiples sectores, como el de la alimentación | Europa Press
Francesc Reguant | VIA Empresa
Economista, experto en estrategias de la agroalimentación
Barcelona
18 de Marzo de 2026 - 04:55

La guerra de Irán o, tal como alguien ya la llama, la miniguerra mundial, ha impactado de lleno en las bases de la economía mundial. La destrucción de infraestructuras petroleras y el bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía clave en el abastecimiento mundial de combustibles, además de las dificultades crecientes por la navegación por el canal de Suez, ha impactado de lleno con el precio del gas y el petróleo. El petróleo Brent ha superado los 100 dólares por barril con expectativas posibles de superar estos precios en los próximos días. El incremento del coste de la energía está condicionando seriamente la economía global y afectando múltiples sectores productivos. Entre ellos, uno de los sectores más afectados es el de la alimentación.

 

Un viejo refrán dice “que Dios nos dé agua, sol y guerra en Sebastopol”. Con este dicho popular se quiere representar la geopolítica de los cereales, señalando la relación directa en los precios del trigo cuando lejanos productores, Ucrania en este caso, tienen malas cosechas o dificultades para comercializar por un conflicto bélico. Pero Irán no es un gran productor de trigo. No hace falta que produzca trigo. Produce petróleo, y los cereales son un sustituto.

Ciertamente, la búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles ha propiciado el impulso incentivado de la producción de agrocarburantes, es decir combustibles obtenidos a partir de plantas de uso alimentario. Así, desde la crisis de precios de 2007 la curva de precios del petróleo es casi mimética a la curva de precios de los cereales. No, principalmente, por el mismo peso del petróleo como coste de producción de los cultivos sino por la llamada que hace el aumento de precios del petróleo a producir más agrocarburantes, en detrimento de la oferta alimentaria. En concreto, el precio del trigo en el mercado de Chicago (CME Group) entre marzo de 2025 y el de 2026 se ha incrementado un 19,3%, un incremento que se ha producido casi todo en las dos últimas semanas.

 

Otro vector del coste de los alimentos son los fertilizantes químicos. Entre estos fertilizantes ocupa un lugar clave la urea y otros fertilizantes nitrogenados. Para su producción el gas natural es materia prima. Concretamente, La producción de urea se basa principalmente en el gas natural, que se utiliza como materia prima principal para producir amoníaco y dióxido de carbono. Se requieren aproximadamente 700 m3 de gas para producir una tonelada de urea. El incremento disparado del gas afecta el coste y precio de la urea. Concretamente, entre diciembre y mediados de marzo ha pasado de 350 dólares por tonelada a 601, un incremento del 71,7%.

Evolución en un año del precio de la urea | Trading Economics
Evolución en un año del precio de la urea | Trading Economics

El sector agroalimentario catalán no queda al margen de estas tensiones, al contrario. Catalunya tiene un bajo grado de autosuficiencia alimentaria, cosa que la obliga a depender de las importaciones provenientes del mercado global. Es así que nuestro abastecimiento de alimentos está plenamente insertado en la economía global. Un factor que aporta un grado de riesgo para garantizar unas cadenas de distribución seguras, suficientes y estables.

El conjunto de trastornos con cambios imprevistos o, incluso difíciles de imaginar, afectan la economía general con caídas en las bolsas, subidas de tipos de interés, alta volatilidad de los precios y gran incertidumbre. El IPC sufrirá a corto plazo un repunte alcista y el precio de los alimentos tendrá un buen pellizco de esta subida. A partir de aquí, además de los problemas económicos que afectarán a muchas empresas, se añadirá el coste social que repercutirá sobre todo en los entornos sociales más vulnerables por el aumento del precio de los alimentos que necesitan consumir.

¿Qué hacer ante esta tempestad de malas noticias? En primer lugar, a corto plazo, tomar una buena dosis de serenidad y seguir estrechamente los datos para obtener las informaciones que puedan facilitar las respuestas. Las políticas de apoyo que los gobiernos implantarán deberían discriminar positivamente los sectores de la población y de la economía con mayor dificultad. En el ámbito económico se trata, sobre todo, de evitar quiebras que puedan debilitar el tejido productivo. En el ámbito social poner al frente la solidaridad como política imprescindible. Y, en cualquier caso, oponerse en lo posible a esta maldita guerra.

El IPC sufrirá a corto plazo una sacudida alcista y el precio de los alimentos tendrá un buen pellizco de esta subida

Pero las urgencias coyunturales del momento no nos deben evitar las líneas de futuro a desplegar con los ojos mirando a largo plazo. Esta seria crisis nos debe estimular a avanzar en todo de objetivos de transformación que incrementen nuestra resiliencia en situaciones como las que vivimos.

Ante la problemática generada por la guerra, es necesario avanzar decididamente en la mejora del grado de autosuficiencia alimentaria y, a la vez, impulsar urgentemente la transición energética hacia la equivalente autosuficiencia. Dos objetivos que deben complementarse y nunca competir. Por eso que sería una decisión necesaria y responsable la prohibición de instalar placas solares de manera destructiva del cultivo en áreas potenciales de regadío. Las áreas de regadío (un 8% de la superficie catalana) son la base de nuestra suficiencia alimentaria y no hacen ninguna falta para las necesidades de producción fotovoltaica.

Para amortiguar algunos de los aspectos problemáticos sería necesario reforzar la producción de biogás a partir de las deyecciones y residuos orgánicos. Como resultado de esta opción se obtiene energía renovable y fertilizantes orgánicos nitrogenados. Algo que cerraría el círculo virtuoso del ciclo de la bioeconomía de la producción ganadera intensiva y producción cárnica con beneficios de carácter medioambiental y bienestar comunitario. Asimismo, es necesario diversificar fuentes de abastecimiento de recursos críticos y también impulsar el transporte más sostenible y no dependiente del petróleo: transporte público y vehículo eléctrico.

Finalmente, contradiciendo una opinión muy generalizada, es un buen momento para dar valor al acuerdo de Mercosur como fuente de abastecimientos necesarios y refuerzo de la unidad necesaria para hacer frente de manera inteligente a las erráticas políticas de los Estados Unidos y de Rusia.