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Desde Hong Kong: de puerta de entrada a China a plataforma para conquistar Asia

Hoy, la ciudad afronta un nuevo reto: demostrar que continúa siendo un actor imprescindible en una Asia cada vez más integrada, competitiva y decisiva para la economía mundial

Hong Kong no ha dejado de ser un actor global, pero ha cambiado la función que ejercía dentro de la economía internacional | tawatchaiprakobkit (iStock)
Hong Kong no ha dejado de ser un actor global, pero ha cambiado la función que ejercía dentro de la economía internacional | tawatchaiprakobkit (iStock)
Josep Solano | VIA Empresa
Corresponsal en Tokio
Hong Kong
16 de Agosto de 2026 - 04:55

Durante más de medio siglo, Hong Kong construyó su prosperidad ejerciendo de puente entre dos mundos. Para las empresas occidentales, la ciudad era la puerta de entrada natural al mercado chino: un entorno con seguridad jurídica, un sistema financiero internacional, una fiscalidad competitiva y una administración acostumbrada a hacer negocios con el exterior. Muchas multinacionales establecieron allí sus sedes regionales desde donde coordinaban la expansión hacia una China que, entonces, todavía se abría gradualmente a la inversión extranjera.

 

Aquel modelo, sin embargo, ha ido perdiendo exclusividad. La apertura económica de la China continental, el desarrollo de grandes metrópolis como Shenzhen, Guangzhou o Shanghái y la consolidación de infraestructuras logísticas y financieras propias han reducido la dependencia que muchas empresas tenían de Hong Kong. Hoy, una compañía internacional puede operar directamente desde diversas ciudades chinas sin necesidad de pasar obligatoriamente por la antigua colonia británica, una realidad impensable hace solo veinte años.

La apertura económica de la China continental y el desarrollo de grandes metrópolis como Shenzhen, Guangzhou o Shanghái han reducido la dependencia que muchas empresas tenían de Hong Kong

Esta transformación no significa, sin embargo, que Hong Kong haya dejado de ser relevante. La ciudad continúa ocupando una posición destacada en las finanzas internacionales, en la captación de capital y en los servicios jurídicos y profesionales. El reto es otro: redefinir qué valor diferencial puede ofrecer en un contexto en que su función tradicional ya no es suficiente. Más que competir por el papel de puerta de entrada a China, Hong Kong intenta consolidarse como una plataforma de conexión entre la China continental y el resto de los mercados asiáticos.

 

Esta evolución también obliga a revisar una idea muy extendida fuera de Asia: que Hong Kong ha dejado de ser diferente de la China continental. Desde el punto de vista político, la integración con Pekín es hoy mucho más evidente que hace una década. Sin embargo, en el ámbito económico e institucional, la ciudad continúa manteniendo características propias que explican buena parte de su valor estratégico.

Hong Kong conserva una moneda propia, un régimen fiscal independiente, un sistema aduanero diferenciado, un pasaporte propio y un ordenamiento jurídico basado en la common law. También participa de manera separada en numerosos organismos económicos internacionales y mantiene un papel singular en los mercados financieros globales. Estas particularidades, amparadas por el principio de “un país, dos sistemas”, continúan siendo uno de los principales activos de la ciudad ante los inversores internacionales. Precisamente esta combinación de integración política y diferenciación económica es lo que mantiene el interés estratégico de Hong Kong para Pekín.

Esta combinación de integración política y diferenciación económica es lo que mantiene el interés estratégico de Hong Kong para Pekín

Desde Catalunya, como desde otras sociedades europeas, a menudo se observa Hong Kong principalmente a través de las restricciones introducidas durante los últimos años. Estas transformaciones son innegables y han alterado profundamente el panorama político y social. Al mismo tiempo, sin embargo, la ciudad continúa disponiendo de un grado de autonomía económica e institucional que, en muchos aspectos, no tiene equivalente en numerosas regiones autónomas europeas. Reconocer esta realidad no implica minimizar las críticas sobre la reducción de las libertades públicas, sino entender mejor la naturaleza del modelo que Pekín continúa considerando útil preservar.

Este equilibrio explica buena parte de la estrategia actual del gobierno central. El objetivo no parece ser eliminar las diferencias que todavía singularizan Hong Kong, sino asegurar que estas continúen reforzando su papel como plataforma financiera y empresarial al servicio del desarrollo de China y de su proyección sobre los mercados asiáticos. La ciudad ya no es la puerta casi obligada para entrar en China, pero continúa aspirando a ser una pieza clave para que las empresas chinas salgan al mundo y para que el capital internacional continúe encontrando en Hong Kong un entorno familiar desde el cual operar en la región.

Esta nueva función ya se puede observar en las prioridades del propio gobierno hongkonés. La promoción de la Greater Bay Area, la atracción de family offices, el desarrollo de las finanzas verdes, el impulso de la internacionalización del renminbi —popularmente conocido como yuan— o la captación de empresas tecnológicas forman parte de una estrategia orientada a consolidar Hong Kong como un centro de servicios de alto valor añadido dentro de una economía asiática cada vez más integrada.

En este esquema, Hong Kong comparte protagonismo con Shenzhen como polo tecnológico y financiero y con Macao como centro internacional de turismo, ocio y congresos, en una apuesta por especializar las funciones de cada uno de los territorios de la Greater Bay Area. La competencia, sin embargo, es más intensa que nunca. Singapur, Dubái y otros grandes hubs regionales también aspiran a ocupar este espacio.

Para las empresas europeas, este cambio también obliga a revisar algunas ideas establecidas. Hong Kong sigue ofreciendo ventajas competitivas en ámbitos como la financiación, el arbitraje internacional, la gestión patrimonial o los servicios profesionales. No obstante, su papel ya no consiste tanto en facilitar la entrada al mercado chino como en actuar como una plataforma desde la que operar en una región que concentra algunos de los principales motores del crecimiento económico mundial.

Quizás esta sea la transformación más relevante de la ciudad durante la última década. Hong Kong no ha dejado de ser un actor global, pero ha cambiado la función que ejerce dentro de la economía internacional. Durante muchos años conectó Occidente con China. Hoy, sin abandonar esta vocación internacional, intenta convertirse en una plataforma desde donde empresas y capitales puedan operar en una Asia que cada vez pesa más en la economía mundial.

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