Sean granos de arena para construir un castillo o gotas de agua para llenar un cubo, la metáfora es clara: las pequeñas aportaciones individuales de suficiente gente, sumadas y con un objetivo común, pueden alcanzar metas mucho mayores. Bajo este pensamiento, ya hace años que plataformas como Goteo o Verkami en nuestra casa, o Kickstarter a nivel internacional, promueven el denominado micromecenazgo como método de financiación puntual para proyectos o eventos únicos, como el rodaje de una película o la edición de un libro. Pero existe también una alternativa más perenne, la del micromecenazgo continuo: pequeñas aportaciones mensuales para mantener la actividad continuada de un proyecto o creador en el tiempo. Una tendencia que, en internet, Patreon ha popularizado en todo el mundo, y que en Catalunya tiene su propia versión, la única en Europa, con L’Aixeta.
Impulsada en 2019 por la escritora, editora y traductora Liz Castro, L’Aixeta nace originalmente como una plataforma para dar apoyo económico a “proyectos y propuestas vinculadas a la cultura y la lengua catalana”, según explica a VIA Empresa el actual director del proyecto, el cantautor y escritor Cesk Freixas. La propuesta era clara: los artistas y creadores de contenido se abrían una página desde la cual sus seguidores, llamados mecenas, hacían unas pequeñas aportaciones económicas mensuales, de dos euros, cinco, diez o la cantidad que fuera, a cambio (o no) de contenido exclusivo. El sistema estaba funcionando en Estados Unidos y aquí había sectores necesitados de un apoyo extra que no se limitara exclusivamente a proyectos puntuales. Y más aún cuando, justo un año después de empezar, la pandemia bloqueó la presencialidad en todo el mundo cultural.
Es en este contexto aparentemente desfavorable que L’Aixeta empezó a “coger vuelo” y a visibilizarse como una posible fuente de ingresos alternativa “para muchos creadores que, en aquel momento, veían el canal digital como única ventana de relación posible”. El mismo Freixas se sumó a la plataforma primero como creador, en las versiones beta de 2019, una experiencia que le ha servido en la gestión del proyecto a partir de 2023, cuando tomó el relevo de Castro. En esta nueva etapa liderada por Freixas, el equipo se ha centrado en invertir los ingresos que recibe de las comisiones de gestión en mejorar internamente la plataforma, con nuevas funcionalidades y cambios sugeridos por los mismos creadores y una nueva identidad visual, a la vez que afinaba la “pedagogía” necesaria para dar a entender el proyecto.
L'Aixeta tiene más de 13.000 usuarios y supera los 860.000 euros recaudados para proyectos y creadores desde 2019
Y, de momento, parece que funciona. Hoy, L’Aixeta tiene más de 13.000 usuarios registrados, más de la mitad (unos 6.900) mecenas activos de alguno de los 251 creadores que operan en la plataforma. Desde su lanzamiento, L’Aixeta ha recaudado más de 860.000 euros de micromecenazgo continuado, un volumen que se ha ido incrementando progresivamente año tras año y que en 2025 ya concentró 200.000 euros. “Este año seguramente será un poquito más; posiblemente no el doble, pero nos acercaremos, porque ya llevamos unos 150.000 euros recaudados”, desvela Freixas. En las aportaciones de los mecenas, L’Aixeta aplica una comisión del 5% para financiar la plataforma, que en campañas puntuales (un formato secundario más similar al que proponen Goteo o Verkami) se reduce hasta el 2,5%.
Territorio, asociacionismo y sin ánimo de lucro
Hemos mencionado Patreon como principal referencia de este modelo de negocio, y los promotores de L’Aixeta no se esconden a la hora de identificarla como principal “competencia” en términos de modelo de financiación. Pero el proyecto también marca distancias con la propuesta estadounidense a partir de tres ideas clave.
La primera es una fuerte vinculación a la lengua y el territorio catalanes, una “comunidad lingüística y cultural que, todo parece indicar y los datos lo demuestran, no tiene organismos y administraciones que den un pleno apoyo”. La segunda es que no son una empresa, sino una asociación cultural sin ánimo de lucro, de manera que su objetivo, “por los mismos estatutos, nunca será el económico”. Y la última es su voluntad de tejer alianzas con asociaciones, entidades y cooperativas vinculadas a la economía social y solidaria (ESS), “entes de cualquier clase que trabajen para hacer de nuestro país un lugar más habitable, útil y justo”.
En esta travesía, L’Aixeta ha financiado su actividad principalmente con financiación privada, a través de Caixa d’Enginyers, que les han creado líneas de crédito “adaptadas a nuestra realidad”. En este sentido, Freixas lamenta las dificultades para acceder a la financiación pública catalana: “Nos habría gustado que la administración de este país entendiera que L’Aixeta no deja de ser una herramienta de país, una infraestructura que quiere ser útil”. El proyecto ha recibido algunas subvenciones de la Generalitat, pero el actual director identifica más dificultades desde la entrada del actual gobierno.

De la divulgación de nicho a los pódcasts y creadores audiovisuales
Pero ¿cuál es el perfil del creador que usa L’Aixeta y ha conseguido crear una comunidad fiel? Freixas explica que la variedad de propuestas es muy grande -se pueden encontrar desde artesanos tradicionales a clubes deportivos-, pero identifica una tendencia en los formatos más populares. En los inicios de la plataforma, el tipo de creador que más triunfaba era el de los divulgadores en catalán sobre temáticas nicho como la ciencia, la tecnología o la educación. En cambio, la nueva hornada de creadores apuestan más por los formatos audiovisuales, en plataformas como Instagram o TikTok, o bien por los pódcasts.
Dentro de estas tendencias destacan algunos de los nombres más reconocidos de la plataforma, que han conseguido reunir “cientos” de mecenas mensuales. Encontramos, por ejemplo, el grupo de música folk El Pony Pisador, que sustenta “una parte importante del proyecto con las aportaciones de L’Aixeta”; o bien el creador audiovisual Enric Luzan, que está financiando la vuelta al mundo a pie con el micromecenazgo de la plataforma. También destacan el colectivo de periodismo y economía Cuellilargo, que abandonó Patreon para traer su comunidad a L’Aixeta; la editorial de ciencia ficción y fantasía en catalán Raig Verd; y pódcasts como Mossega la Poma, Gent del Barris o L’Arrabassada. “Son perfiles muy diversos que funcionan muy bien en sus ámbitos”, resume Freixas.
El grupo de música folk El Pony Pisador, la editorial Raig Verd o el pódcast 'Mossega la poma' son algunos de los principales proyectos activos en L'Aixeta
Esta diversidad ya apunta hacia un ecosistema que va más allá de lo que entendemos tradicionalmente como cultura, y el director del proyecto deja claro que no ponen puertas al campo: “Nuestra lógica es que lo aceptamos todo; queremos que sea útil para todo lo que se cree en nuestra casa”. La única limitación que impone el equipo director, y que usan para determinar si un proyecto puede estar disponible o debe ser sancionado, es el respeto a la carta de los derechos humanos. “Es el único filtro que aplicamos”, remarca Freixas.
Dentro de esta visión expansiva, la plataforma está habilitada en tres idiomas -catalán, castellano e inglés- y quiere tener una “voluntad muy internacional”. Con todo, el tamaño actual del equipo y las exigencias que ya supone actualmente limitan una expansión internacional que, a medio plazo, aspira a habilitar la plataforma tanto en Andorra como en la totalidad de estados miembros de la Unión Europea. Y es que, como único servicio de esta tipología nativo del continente, el equipo ha recibido “muchas peticiones de otros países” europeos cuyos creadores también quieren participar. De momento, L’Aixeta ha habilitado recientemente la posibilidad de crear contenidos no solo desde el estado español, sino también desde Francia e Italia, y entre sus planes tiene previsto incorporar el gallego y el euskera como lenguas disponibles en la plataforma.
Freixas: “Queremos que, cuando la gente nos quiera elegir, vea que en L’Aixeta no haya nada que no podamos ofrecerles”
Con esta voluntad clara, L’Aixeta afronta la segunda mitad de 2026 con una colección de planes de futuro y una idea muy clara: ser una alternativa real a Patreon para los creadores y creadoras catalanohablantes. “Queremos que, cuando la gente nos quiera elegir, vea que en L’Aixeta no haya nada que no podamos ofrecerles. A nivel de funcionalidades ya estamos muy cerca, y dentro de poco podremos tener funciones que Patreon todavía no tiene”, se aventura Freixas, en referencia a recursos para facilitar la facturación y la fiscalidad de los creadores. Unos deseos que solo serán posibles si el agua sigue fluyendo, gota a gota, sin parar.