¿Qué tienen en común el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el Park Güell, la Sagrada Família, la Catedral de Santiago de Compostela y la Alhambra? Que, más allá de ser grandes atracciones culturales turísticas, todas sus tiendas-librerías son gestionadas por la misma entidad. Hablamos de Laie, una veterana librería del corazón de Barcelona que, con más de cuatro décadas y media a sus espaldas, no solo se ha posicionado como un comercio de referencia en el Eixample barcelonés, sino también como una de las principales gestoras de comercios de entidades culturales de Catalunya y el Estado.
Fundada hace 46 años por un grupo de amigas encabezadas por Montse Moragas y Conxita Guixà, Laie nació en la calle de Pau Claris como una de las primeras librerías internacionales de humanidades de la ciudad condal, una ubicación y enfoque que se mantienen vigentes. “Estamos convencidos de que la cultura debe llegar a todo el mundo y que es una herramienta que puede cambiar el mundo”, reivindica el director literario de Laie, Damià Gallardo, una idea que dejan bien clara con el lema “cultura responsable” que siempre acompaña el nombre de la librería.
Independencia editorial y fondo de catálogo, las claves de casi medio siglo de historia
La especialización en humanidades sigue siendo una de los pilares de la librería madre, aunque las secciones han ido cambiando con el paso de los años. “Ahora ya no tenemos enciclopedias; de diccionarios o guías de viajes, muy poquitos; la antropología antes era enorme…”, ejemplifica Gallardo. Eso sí, “la esencia es la misma”, dice, y se sintetiza en una frase contundente: “El trabajo más importante del librero es escuchar al cliente”.
Es bajo este dogma que el director literario de Laie compara el funcionamiento de una librería con el de una red social: “Cada compra es un like, y cuantos más likes tiene un libro, más números tiene de pasar al fondo de la librería”. Un fondo que supone la mayor parte de la oferta literaria de Laie Pau Claris, que opta activamente por no trabajar algunos de los géneros más en auge comercial, como el romantasy (historias de amor en ambientaciones de fantasía) o el manga (cómic de origen japonés). “Y no porque estemos a favor o en contra”, puntualiza Gallardo, “sino porque no encajan y piden muchísimo espacio, y ya hay librerías especializadas en Barcelona que lo hacen mucho mejor que nosotros”.

Una de las claves que permiten mantener esta filosofía es la estabilidad que ha caracterizado la propiedad de Laie durante toda su trayectoria. “La estructura accionarial de la SL se ha mantenido invariable todos estos años. Esto hace de Laie una librería absolutamente independiente, que no depende de ninguna gran editorial”, reclama Gallardo. “No destacamos libros con pilas enormes y displays, sino que el equipo tiene la libertad absoluta para destacar aquello que cree que puede ser interesante para los lectores”, asegura el director literario de la librería.
A la apuesta por una oferta amplia, internacional y validada por el gusto de los lectores y el criterio de los libreros se le suma la presencia de una cafetería-restaurante en la planta superior de la librería, una combinación poco común en el centro de la ciudad. “Esto convirtió a Laie en un punto neurálgico de la vida cultural de la ciudad y del mundo de la comunicación y la política”, asegura Gallardo. “La gente venía a encontrarse, a hacer reuniones de negocios… Hay muchos libros que se han contratado en las mesas de la librería”, deja caer el director literario.
Una red de librerías que rechaza el modelo Starbucks
La librería de Pau Claris es, en palabras de Gallardo, el “buque insignia de la empresa”, aquel que marca “el carácter y la manera de hacer” del resto de locales, un total de 35 establecimientos de 24 instituciones culturales repartidos en once ciudades del Estado, un tercio de ellas en Barcelona. Las primeras concesiones que Laie consiguió son las de las tiendas del Park Güell y la Pedrera, y desde entonces ha ido sumando equipamientos emblemáticos: el Museu Picasso, el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el MACBA, el CosmoCaixa, el CaixaForum, el Recinte Modernista de Sant Pau, el CCCB, la Sagrada Família…
Sin embargo, a pesar del volumen ya considerable de equipamientos que coordina la compañía, Gallardo deja claro que “la Laie no es un Starbucks”. Y no lo dice por la cafetería presente en el local de Pau Claris, sino porque no se identifican con el modelo de franquicia que adoptan compañías como la citada cadena estadounidense: “Se mantiene la manera de trabajar, pero nos adaptamos al tipo de público y al lugar donde vamos”. Tanto es así, que la decisión sobre las novedades y fondo literario que mantiene cada una de estas librerías recae en el responsable de libros de la tienda, y no en la dirección editorial de la empresa. “La Laie es una pesadilla para los comerciales, porque no tiene una central de compras”, bromea el encargado.
Laie gestiona las tiendas y librerías de centros culturales como la Sagrada Familia, el CCCB, el CosmoCaixa o el Recinto Modernista de Sant Pau
De hecho, el director literario de Laie defiende que aunque ya supera la treintena de tiendas, el crecimiento de la empresa “no ha sido una explosión”, sino que se ha llevado a cabo de manera orgánica: “Hemos ido asumiendo los proyectos que realmente podíamos trabajar bien”. Para cada nueva tienda, son varios los departamentos que se ponen en marcha: el departamento de libros es el encargado de hacer la propuesta bibliográfica en función de la especialidad del centro y las actividades que lleve a cabo; el departamento comercial es el que se encarga de definir la oferta de merchandising, un ámbito donde priorizan trabajar con talleres y estudios de diseño de proximidad; y el departamento de tiendas es el que diseña los espacios, la organización y la iluminación.

Toda esta tarea requiere un importante trabajo de planificación, ya no solo por la puesta en marcha de la tienda, sino también por su constante actualización en función de las actividades del centro. Gallardo pone el ejemplo de la tienda del CCCB, la cual lideró personalmente durante muchos años: “Meses antes de una exposición ya empezamos a visualizarlo todo. Con el merchandising, la producción local se tiene que hacer con suficiente antelación para no saturar los talleres o llegar tarde a la hora de conseguir un material determinado; y con la bibliografía, normalmente hablamos con los comisarios de las exposiciones”. Un caso claro es la actual exposición Rodoreda, un bosque, abierta hasta el 25 de mayo de este año. Una de las claves de la muestra es “exportar la importancia de Mercè Rodoreda en la literatura universal del siglo XX”, y para hacerlo, en la tienda se coordinaron para poder tener disponible una amplia selección de obras de la autora en muchas lenguas diferentes, de manera que “el público no local pueda entender la exposición y acceder a los textos”.
Para conseguir mantener la forma de trabajar de Laie en cada una de las tiendas y, al mismo tiempo, estar en sintonía con el equipamiento cultural en el que se encuentran, Gallardo defiende dos conceptos clave: la autonomía de los equipos y la estabilidad de las plantillas. “Si tienes un equipo estable, que conoce bien el centro y la librería, es mucho más fácil que la oferta responda a las necesidades del público”, defiende el director literario, que con 24 años de experiencia en la empresa, donde empezó a trabajar de cajero, es un ejemplo claro de este pensamiento.
Gallardo: “Si tienes un equipo estable, que conoce bien el centro y la librería, es mucho más fácil que la oferta responda a las necesidades del público”
Laie ocupa actualmente un total de 320 personas entre el personal de las librerías, las oficinas —recién trasladadas de la planta superior del local de Pau Claris a un nuevo espacio en Via Laietana— y los almacenes, ubicados en Sant Adrià del Besòs. Con unas ventas acumuladas de 54 millones de euros en 2025 y un volumen de visitantes de 37 millones de personas, la compañía se encuentra a las puertas del medio siglo de existencia, un momento en el cual está explorando “nuevas formas de trabajar”, sea con proyectos propios o colaboraciones, “que puedan hacer crecer la librería en nuevos ámbitos”. Eso sí, deja claro Gallardo, “sin perder el ADN de cultura responsable y al alcance de todos”.