La transferencia tecnológica no es un camino fácil ni, mucho menos, rápido. Desde el momento en que una investigación muestra signos de poder convertirse en algo de valor para la sociedad hasta que, efectivamente, llega al mercado, pueden pasar lustros o décadas. Y especialmente si entramos en el mundo de la biomedicina, en el que las pruebas que hay que pasar para confirmar la efectividad y seguridad de los productos son altamente exigentes. De acuerdo con un informe publicado en 2020 por la Federación Europea de Asociaciones e Industrias Farmacéuticas (EFPIA), el tiempo medio que pasa entre el momento en el que se sintetiza el primer activo hasta que el producto llega al mercado es de entre doce y trece años. “A veces se generan productos en entornos académicos que, después de mucho esfuerzo de investigación, todavía están muy lejos del mercado y las fases clínicas. Pero para continuar haciendo el esfuerzo, las agencias financiadoras públicas te dicen que no se puede financiar todo, y que hay que pasar el relevo al sector privado”, relata la doctora en materiales moleculares funcionales e investigadora en excedencia del Institut de Ciència dels Materials de Barcelona (ICMAB) del CSIC, Nora Ventosa.
Este “valle de la muerte” que suponen las etapas tempranas de las investigaciones es el que quiere ayudar a superar Delbios Pharmaceuticals, una compañía creada en 2024 con la voluntad de actuar como “aceleradora” de investigaciones biomédicas hasta las fases clínicas. “Cogemos licencias de patentes desarrolladas en entorno académico, a veces en colaboración de empresas; continuamos el desarrollo del producto y lo transformamos hasta que llegan a una fase u o fase dos”, explica Ventosa, CEO y cofundadora de la compañía. Un modelo de “licensing in, licensing out”, según lo define la científica, que se especializa no solo en las pruebas científicas que hay que hacer para evolucionar el producto, sino también en la gestión administrativa y burocrática del proceso y en la captación de fondos públicos y privados.
Nanotecnología y fases preclínicas
La apuesta de Delbios tiene dos líneas de actuación muy claras. La primera, al menos de entrada, es que no tiene intención de llegar al mercado con las soluciones: el objetivo es conseguir resultados suficientemente positivos en las pruebas de eficacia y toxicidad para conseguir el interés de grandes farmacéuticas, que serán las que llevarán a cabo las fases clínicas.
Delbios apuesta por un modelo de “licensing in, licensing out” con patentes basadas en soluciones de nanopartículas para biomedicina
La segunda línea tiene que ver con la especialización de las propuestas en las que trabajarán: “Toda la parte de manufactura, los productos que desarrollamos, son basados en nanopartículas, y no saldremos de aquí”. Aquí es donde entra el compañero de viaje de Delbios, Nanomol Technologies, una compañía catalana con quince años de trayectoria especializada en la aplicación de técnicas de nanotecnología al mundo farmacéutico. La firma es autora y propietaria de una plataforma de formulación patentada llamada DELOS, que hace uso de dióxido de carbono comprimido como ecodisolvente de compuestos activos.
“Nosotros hacemos el acompañamiento a todo el proceso que ejecuta Delbios para hacer que los productos avancen y se pueda producir la transferencia a una empresa con más capacidad económica”, define el CEO de Nanomol y cofundador de Delbios, Santi Sala. Hasta ahora, la actividad de Nanomol se había limitado a “trabajar para otras empresas a quienes nuestra tecnología podía ser útil para conseguir productos más innovadores, eficaces y seguros”. Pero ante la oportunidad de hacer escalar proyectos interesantes todavía en ámbitos académicos, vieron necesario cocrear una nueva empresa para enfocarse en las fases de desarrollo.
Combatir enfermedades minoritarias
El producto concreto que motivó la creación de Delbios es una nueva terapia basada en nanotecnología para combatir la enfermedad de Fabry, una enfermedad minoritaria que forma parte de los trastornos de almacenamiento lisosomal y puede afectar el corazón, los riñones, los ojos o la piel, entre otros. Los pacientes de Fabry carecen de una enzima específica, que es la que se suministra en los tratamientos, y lo que hace la metodología que han desarrollado es protegerla con nanopartículas para mejorar su eficacia. “Así, queda protegido hasta que llega a las zonas más afectadas del cuerpo”, describe Ventosa, líder de la investigación. “La nanopartícula tiene en la superficie una especie de moléculas que la dirigen de manera preferente a la zona más afectada”, continúa.
El primer proyecto de Delbios es una terapia con nanotecnología para combatir la enfermedad de Fabry
Con los primeros resultados obtenidos en fases preclínicas, la agencia reguladora que lo evaluó reconoció que ofrecía una eficacia superior a la de las soluciones que hay hoy en el mercado. “Y cuando terminamos la investigación, vimos necesario tirar adelante y constituir una empresa”, relata la CEO de Delbios. La compañía surgió en el marco del proyecto europeo Nano4Rare, financiado por el Consejo Europeo de Innovación (EIC) con 2,5 millones, y también ha obtenido financiación del programa Neotec 2025 promovido por el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI) del gobierno español.
Este es, hoy, el proyecto estrella en el que trabajan conjuntamente Delbios, Nanomol y el CSIC, con el objetivo de alcanzar buenos resultados en fases posteriores y poder transferir la tecnología a una farmacéutica de mayor envergadura. La investigación se encuentra en una “fase preclínica muy avanzada”, según Ventosa, y ya se ha comenzado el testeo con una segunda especie animal.

Pero la actividad de Delbios no se limita a este fármaco, y el equipo ya ha comenzado a trabajar en otros productos. “Todos los productos con los que trabajamos están basados en partículas, pero que encapsulan proteínas o ácidos nucleicos para terapias génicas, que es un ámbito donde nos querríamos expandir”, asevera la cofundadora.
Con un modelo de negocio claro y proyectos para trabajar en él, Delbios desarrolla su actividad desde el Parc de Recerca de la UAB (PRUAB), un entorno donde Nanomol también tiene su sede. “Como nosotros llevamos quince años allí, estamos en la mejor ubicación posible para acompañar a Delbios dentro de esta carrera de desarrollar productos”, valora Sala. Por su parte, Ventosa considera que los parques de investigación “juegan un papel muy importante”, ya que ofrecen un “acceso a muchos servicios y mucho conocimiento” y proximidad a sus grupos de investigación. “Tienes generación de conocimiento a raudales, es un buen entorno para nacer”, asegura con confianza.