En los últimos cuarenta años hemos vivido tres grandes revoluciones digitales. Primero, los ordenadores se volvieron domésticos. Después, todos se conectaron. Y ahora empiezan a tomar decisiones. De esta manera tan gráfica resumía Genís Roca, presidente de Accent Obert, las últimas décadas de evolución tecnológica, un punto de inflexión que nos sitúa a las puertas de una nueva era en todos los ámbitos sociales.
Si en algún momento lo había podido parecer, ahora ya sabemos que la Inteligencia Artificial no es solo una nueva herramienta, por potente que pueda ser, que ciudadanos, instituciones y empresas puedan decidir si incorporan o no a su día a día cuando tengan suficiente tiempo, presupuesto o curiosidad. Apenas dos años después de su irrupción masiva en el mercado generalista, ya sabemos que esta nueva generación tecnológica reordenará procesos, servicios, modelos de negocio y cadenas de valor. Como predice Roca, muy pronto dejaremos de hablar de aquellos que usan la IA y hablaremos, sencillamente, de quien trabaja con software actualizado y quien todavía lo hace con programas obsoletos.
¿Las estrategias respecto de la IA tienen realmente en cuenta aquello que, precisamente, hace nuestra cultura singular ante estas nuevas tecnologías?
Para nosotros, esta revolución tiene, como mínimo, una triple dimensión. Es una cuestión de productividad y competitividad. También de gobernanza y ética. Pero lo que la hace singular, sobre todo, es una cuestión de lengua y cultura, de soberanía y presencia en las infraestructuras digitales que ordenan desde ahora mismo el futuro a escala global. Las dos primeras ya están de manera inevitable en el foco de administraciones y empresas. ¿Pero lo está la tercera? ¿Las estrategias respecto de la IA tienen realmente en cuenta aquello que, precisamente, hace nuestra cultura singular ante estas nuevas tecnologías?
Una base sólida para competir en la era de la IA
La IA ya no es en ningún lugar un debate abstracto, sino una conversación que sucede en paralelo a la evolución de la tecnología y el impacto de sus consecuencias. No es tarde para posicionarse, pero sí que es urgente. La Estratègia Catalunya IA 2030 del Govern de la Generalitat, presentada en Brussel·les el pasado abril, lo formula en términos de estrategia de país, con 1.000 millones de euros presupuestados, orientada a maximizar las oportunidades del ecosistema catalán de IA y a pilotar su crecimiento desde la responsabilidad.
Es una agenda amplia y prometedora que se apalanca en la realidad de un sector emergente en el país que en 2024 ya ocupaba a más de 14.000 profesionales y que sitúa a Barcelona y Catalunya entre los polos más dinámicos del sur de Europa en cuanto a inversión, startups y adopción empresarial. Un diagnóstico y estrategia similares a la de los gobiernos del País Valencià, aprobada en 2022, la de las Illes Balears, en 2023, o Andorra, que sigue profundizando en su digitalización.
Tenemos muchos activos para hacerlo bien. Solo en Catalunya, contamos con el Barcelona Supercomputing Center, el proyecto Aina, la familia de modelos Salamandra, la futura AI Factory, una unidad ELLIS Barcelona conectada con la excelencia europea, centros como el IIIA-CSIC, el CVC, el IRI, Eurecat, i2CAT o IDEAI-UPC, instrumentos como CIDAI, DIH4CAT, DCA-IA, RDI-IA y OEIAC, y profesionales catalanas y catalanes ocupando puestos relevantes de las principales empresas del sector. Hay ciencia, talento, tejido empresarial, infraestructura y legitimidad institucional.
Es necesaria una estrategia específica de IA para la lengua y cultura catalanas que dialogue con los esfuerzos que ya están haciendo empresas, administraciones y academia
Pero ¿están todas estas piezas, tan valiosas individualmente, alineadas en un horizonte común? ¿Es realmente un ecosistema propio, conectado y viable, en el universo de la IA? Porque en esta nueva era, tanto la fragmentación como la homogeneización son una manera lenta, pero inevitable, de perder. Por eso es necesaria una estrategia específica de IA para la lengua y cultura catalanas que dialogue con los esfuerzos que ya están haciendo empresas, administraciones y academia y los unifique y refuerce en aquellos aspectos que los hacen singulares y, por este motivo, universales. Y esta estrategia demandará alianzas, amplitud de miras y mucha generosidad.
El catalán como valor añadido
La lengua y la cultura catalanas no pueden ser tratadas como un añadido cultural a una política sectorial tecnológica. En la nueva economía de la IA, la lengua es también una capa de infraestructura. Es el marcador principal que permite educar, vender, comprar, gestionar, generar contenidos o prestar servicios públicos con contexto propio, de manera natural y personalizada, sin obligar a los usuarios a cambiar de lengua por miedo a perder eficiencia. El catalán no desaparecerá cuando cualquier interfaz ya lo entiende y, aparentemente, lo habla. El riesgo real es que pierda su valor de uso en aquellos entornos donde se generará un mayor valor económico y social si las nuevas tecnologías no lo comprenden en toda su complejidad.
El catalán no desaparecerá cuando cualquier interfaz ya lo entiende y, aparentemente, lo habla
Si una empresa descubre que las mejores herramientas funcionan mejor en castellano o en inglés, o bien cambiará de lengua para no empeorar su productividad o asumirá un coste mayor en tokens para realizar la misma tarea). Si una administración encuentra que los asistentes de IA resuelven mejor en otras lenguas, acabará degradando la calidad del servicio que presta al ciudadano. Si un hospital no puede asegurar la precisión de una prueba diagnóstica en catalán, médicos y pacientes catalanohablantes incurrirán en riesgos de salud evitables. En definitiva, si solo se pueden desplegar herramientas fiables en lenguas mayoritarias y entrenadas en contextos ajenos, nuestra manera de ser quedará arrinconada solo para evitar la fricción.
La buena noticia es que esto no es una condena. Porque ya nos hemos encontrado antes con retos similares en el ámbito digital que hemos sabido resolver a nuestro favor, como en el caso del dominio .cat. Estamos en disposición de convertir el catalán en un caso europeo de éxito para lenguas medianas en la era de la IA. No como aspiración identitaria, sino como oportunidad económica. Europa necesita demostrar al mundo con urgencia que, a diferencia de sus competidores principales, puede construir una IA responsable, abierta, competitiva y cultural y lingüísticamente diversa. Y en este escenario, podemos ofrecer nuestro modelo singular: una lengua con una comunidad activa y diversa, un ecosistema digital denso y potente, e instituciones, investigación, empresa, medios y sociedad civil con un gran potencial movilizador.
Una estrategia, cinco frentes de acción
Para poder llevarlo a cabo, hay que trabajar en cinco frentes:
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Los datos. La presencia del catalán en la IA dependerá de la cantidad y la calidad de los datos con los que la haya aprendido. Se necesitan corpus ricos, diversos y bien licenciados. No solo textos institucionales ni traducciones automáticas, sino sobre todo fuentes propias y originales provenientes de medios, editoriales, instituciones culturales y científicas… en todos los formatos, registros y dialectos posibles.
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La infraestructura. Se necesitan modelos, recursos, catálogos, herramientas y puntos de entrada fáciles de usar para empresas, escuelas, administraciones o creadores de contenido. La investigación solo transforma cuando se integra en los procesos productivos reales. Es necesario trabajar con urgencia en la dirección de la soberanía tecnológica para dotar correctamente a los sectores prioritarios, tanto públicos como privados.
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La adopción. Las empresas necesitan identificar casos de uso que les permitan ensayar integraciones, calcular retornos, revisar procesos, formar equipos, elegir proveedores, gobernar riesgos e incorporar herramientas sin perder criterio, contexto ni control.
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La gobernanza. La IA no se despliega sola ni siempre lo hará en beneficio del interés general. Es necesario decidir quién fija prioridades, quién valida los criterios, quién mide los resultados y quién representa el ecosistema ante las grandes plataformas que hoy dominan el mercado.
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La proyección internacional. Este esfuerzo no tendrá éxito solo trabajando puertas adentro. Es necesario tener presencia y voz en los principales consorcios europeos y en las organizaciones internacionales, una relación fluida con los grandes proveedores, incidencia en los corpus globales y alianzas con otras lenguas medianas. La diplomacia tecnológica es hoy una política económica de primera magnitud y no puede vehicularse solo a través de los canales institucionales clásicos y formales.
Estos cinco principios, si se desarrollan de manera coordinada y convencida, son los fundamentos básicos para una auténtica estrategia de IA catalana. No se trata de sustituir lo que ya existe, sino de conectarlo y ponerlo al servicio del progreso y el bienestar compartidos. Ordenar en lugar de duplicar. Articular en lugar de dispersar. Porque solo así se conseguirá el efecto multiplicador imprescindible que acelerará y potenciará el alcance y efecto del conjunto. Todo el mundo es invitado a participar porque todo el mundo es imprescindible para hacer que el catalán pase de ser una lengua presente a ser una lengua plenamente operativa en la IA.
Solo se podrá liderar si trabajamos juntos
No partimos de cero. De hecho, estamos mejor que muchas otras culturas y territorios comparables gracias a décadas de trabajo del conjunto del ecosistema. Pero esto también aumenta nuestra responsabilidad. Si hay talento, infraestructura y una red de actores movilizada, no puede haber excusas. Estamos en un momento crucial que determinará quién participará de la era de la IA con protagonismo y quién será un espectador. Quién tendrá voz propia y quién obedecerá las decisiones tomadas por terceros.
Si hay talento, infraestructura y una red de actores movilizada, no puede haber excusas. Estamos en un momento crucial que determinará quién participará de la era de la IA con protagonismo y quién será un espectador
La IA puede concentrar todo el poder en manos de pocos actores globales, pero también puede abrir una ventana para que culturas con visión y ambición construyan una posición propia. Catalunya (y el resto de territorios de habla y cultura catalanas) tiene una oportunidad real porque tiene una combinación muy poco habitual de factores que la convierten en un caso singular en el contexto global.
Pero ahora hay que dar el paso más difícil: trabajar, de nuevo, juntos a favor de nuestra lengua y cultura. No como una excepción que hay que proteger, sino como una infraestructura que genera valor. No como una causa identitaria, sino como un ejemplo con vocación universal. Para liderar, no para resistir. Porque una estrategia de IA para el catalán es, en realidad, la estrategia de IA para Catalunya.