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In Vitro, el laboratorio catalán que crea millones de plantas para todo el mundo

Josep Grau fundó la empresa en 1986 con 23 años y sin experiencia empresarial; cuatro décadas después, exporta el 65% de las ventas

Josep Grau, fundador de In Vitro | Cedida
Josep Grau, fundador de In Vitro | Cedida
Bernat Bella
Periodista
05 de Octubre de 2026 - 05:00

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Cuando Josep Grau terminó la carrera de Ingeniería Agrónoma y el servicio militar, no encontraba ninguna oportunidad laboral que le acabara de convencer. Era 1986, tenía 23 años y, junto con dos compañeros de carrera, decidió explorar una tecnología que apenas empezaba a abrirse camino: la multiplicación de plantas mediante cultivo in vitro. Ninguno de los tres tenía experiencia empresarial, comercial ni suficientes conocimientos técnicos para convertir aquella idea en un negocio. Construyeron el primer laboratorio con sus manos y, cuarenta años después, aquella aventura es In Vitro, una empresa de biotecnología vegetal de Sant Feliu de Llobregat que produce alrededor de dos millones de plantas anuales que vende a 35 países de cuatro continentes.

 

La aventura de emprender

La semilla de la empresa se plantó lejos de Catalunya: una profesora puso a los tres jóvenes en contacto con un investigador belga especializado en cultivo in vitro. Visitaron su laboratorio y volvieron convencidos de que aquella tecnología podía tener recorrido comercial: "No teníamos la más remota idea. Pero éramos jóvenes y nos lanzamos". Los tres emprendedores aprovecharon unos almacenes familiares para instalar el primer laboratorio. "No teníamos dinero para nada", recuerda Josep. Por eso, ellos mismos se encargaron de construir el laboratorio, la instalación eléctrica, el mobiliario y los invernaderos. Incluso reconvirtieron unas antiguas cámaras frigoríficas en cámaras de cultivo.

El mercado de la producción in vitro de plantas era totalmente incipiente y la teoría científica aún no estaba plenamente consolidada para la producción comercial. Una cosa era conseguir multiplicar una planta en un laboratorio y otra hacerlo de manera regular, en grandes cantidades, cumpliendo plazos y a un precio asumible por el mercado. "Tuvimos que investigar y desarrollar nuestra propia tecnología", explica Josep. Era a través de la micropropagación, que permite reproducir a partir de un material vegetal seleccionado un gran número de plantas genéticamente idénticas en menos tiempo que con determinados sistemas tradicionales y con garantías sanitarias.

 

Josep Grau: "Fueron unos años muy duros, trabajando sin sueldo durante siete días a la semana"

Empezaron con plantas ornamentales, pero pronto orientaron la actividad hacia especies leñosas y portainjertos de frutales. En aquel momento, en Catalunya solo había dos pequeños laboratorios vinculados a viveros que trabajaban con ornamentales y en Valencia había otro dedicado a los frutales. Además, Josep se quedó sin compañeros de viaje muy pronto: uno se marchó a Italia a hacer prácticas y se quedó allí y el otro también acabaría abandonando la empresa. Al cabo de dos o tres años, estaba solo al frente de In Vitro. "Fueron unos años muy duros, trabajando sin sueldo durante siete días a la semana".

De empezar de cero a escribir las reglas

Uno de los invernaderos de In Vitro en Sant Feliu de Llobregat | Cedida
Uno de los invernaderos de In Vitro en Sant Feliu de Llobregat | Cedida

Los primeros clientes llegaron a través de un vivero de Lleida, que abrió a Grau las puertas de otros profesionales del sector: "Fue un crecimiento muy lento, pero firme". El fundador da las claves de su crecimiento y supervivencia: "Hacer un buen trabajo, ser serio, honrado y explicar siempre la verdad, incluso cuando comercialmente podía resultar más difícil".

En 1990, In Vitro se convirtió en el primer laboratorio del Estado en obtener la certificación oficial como seleccionador, que le permitía producir plantas dentro de los correspondientes esquemas de certificación y ofrecer material con más garantías sanitarias. No fue fácil, ya que tuvo que superar la oposición de algunos grandes viveros españoles, que lo veían como un posible competidor. Con los años, algunos acabarían convirtiéndose en clientes suyos. Aquel reconocimiento tuvo una consecuencia relevante: el Ministerio de Agricultura le encargó la elaboración del reglamento para la producción de plantas in vitro certificadas en España. "Yo debía tener unos 25 o 26 años", recuerda Josep. Unas reglas todavía vigentes hoy.

Ocho años para encontrar la mejor planta

Si hay un desarrollo que acabaría marcando la historia del laboratorio es la Paulownia In Vitro 112®. Josep conoció esta especie después de recibir encargos de diferentes lugares del mundo para multiplicar plantas en exclusiva o desarrollar las técnicas de cultivo. En la reproducción in vitro, las plantas resultantes son genéticamente idénticas al material de partida.

Esto hacía especialmente importante seleccionar bien el ejemplar que se quería multiplicar. Por ello, dedicó ocho años a observar su evolución en el campo antes de elegir el que consideraba mejor: "Me podía haber equivocado... pero parece que no". Ahora, su variedad de paulownia se comercializa para proyectos forestales, de biomasa y de producción de madera y es el principal producto de la compañía, que dispone de protocolos de multiplicación y producción de más de 50 variedades. Aparte de la paulownia, destaca el garnem y el morus alba fruitless.

Dos millones de plantas y 65% de las ventas en el exterior

Las instalaciones de In Vitro en Sant Feliu de Llobregat disponen de una nave de 482 metros cuadrados en una parcela de más de 2,6 hectáreas y viveros con capacidad para más de 650.000 plantas. La producción actual se sitúa alrededor de los dos millones de plantas anuales, aunque la capacidad instalada permite llegar a los cuatro millones.

La dimensión internacional también ha crecido. A lo largo de su historia, la empresa ha suministrado plantas a 35 países de cuatro continentes y en 2025 las exportaciones representaron el 65% de las ventas, según explica el CEO de la compañía, Nicolas Nagy. "Ahora queremos dar un paso más y convertir esta experiencia internacional en una estrategia de crecimiento más estructurada", señala. Europa será una de las prioridades, pero mirando también más allá: la compañía ya cuenta con acuerdos de micropropagación bajo licencia en Brasil y México.

Un nuevo propietario cuarenta años después

El 2026 ha abierto el cambio más profundo de la historia empresarial de In Vitro. Coincidiendo con el 40 aniversario, la totalidad de la compañía ha sido adquirida por un nuevo grupo accionarial, con Alex Weil como principal accionista. Josep Grau deja así la gestión cotidiana de la empresa que fundó, aunque sigue vinculado como consejero honorario. La internacionalización, la innovación y la investigación en biotecnología vegetal son los tres grandes ejes de la nueva etapa, que se fija el objetivo de superar los 9 millones de euros de facturación en 2030.

"El principal reto es crecer sin perder aquello que ha hecho fuerte a In Vitro durante estos 40 años: el conocimiento técnico, la especialización y la calidad de la producción", resume Nagy. Para Josep, el final de esta etapa sirve también para mirar atrás. A los 23 años empezó sin dinero, sin experiencia empresarial y construyendo con sus manos un laboratorio para experimentar con una tecnología que prácticamente desconocía. Cuarenta años después, deja una empresa capaz de producir millones de plantas y que ha llevado su tecnología a cuatro continentes. "No busquéis el éxito inmediato", resume como filosofía que le ha acompañado en este viaje.

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