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José Antonio Martín Toledano era montador de ascensores cuando en 1954 sufrió un grave accidente al caer por el hueco de un ascensor. Después de dos años de recuperación, decidió no volver a montar ascensores y empezó a reparar motores y arreglar pulsadores. Fue el nacimiento de JMT, que casi 70 años después fabrica desde l'Hospitalet pulsadores, botoneras y componentes de señalización para ascensores de todo el mundo.
Del terrado de casa a una fábrica de 1.000 metros cuadrados
La historia de JMT comienza el 10 de junio de 1954 en Lleida, cuando José Antonio sufre aquel grave accidente. "Después de una caída tan grave, decidió que no quería volver a trabajar dentro del hueco del ascensor", explica Daniel Merino Martín, jefe de producción y miembro de la tercera generación familiar. Como ya conocía el sector y los componentes de los ascensores, decidió abrir una nueva actividad relacionada: "Pasó de montar ascensores a centrarse en los pulsadores, que aunque parecieran pequeños, eran esenciales para el funcionamiento del aparato".
Los inicios fueron domésticos y sencillos: el fundador habilitó un pequeño espacio de trabajo en el terrado de su casa, en la rambla de Barcelona. Eran solo diez metros cuadrados donde reparaba motores y pulsadores con herramientas sencillas y de manera artesanal. "Antes de la fábrica, estaba nuestro abuelo en un espacio pequeño y con muchas ganas de salir adelante", resume Merino.
Merino Martín: "La prudencia de nuestro abuelo hacía que le costara asumir nuevos riesgos"
En 1959, José Antonio Martín convirtió aquella actividad en un proyecto empresarial. Estableció el primer taller en la calle de Toledo en Sants, donde empezó a fabricar pulsadores de baquelita inyectada para ascensores. Los primeros clientes eran empresas instaladoras y mantenedoras de Barcelona que necesitaban estos componentes para los ascensores que montaban o reparaban. La fabricación era principalmente artesanal y los pulsadores tenían una función estrictamente mecánica. Eran piezas necesarias para hacer funcionar los ascensores, pero aún no incorporaban las posibilidades tecnológicas y estéticas actuales.

Los encargos fueron aumentando y el pequeño taller empezó a crecer. Después del taller de Sants, la empresa se trasladó a l'Hospitalet de Llobregat. Pero el gran salto llegaría con la incorporación de los tres hijos del fundador: "La prudencia de nuestro abuelo hacía que le costara asumir nuevos riesgos, pero con el apoyo y la implicación de sus tres hijos, finalmente tomó la decisión de dar el paso".
Aquella decisión comportó el traslado a unas nuevas instalaciones en l'Hospitalet, donde la empresa sigue trabajando actualmente. La nueva fábrica, operativa desde 1987, permitió ampliar la capacidad productiva y consolidar la transformación del negocio. Posteriormente, la incorporación de una nave adyacente facilitó una nueva ampliación. Aquel traslado fue el paso definitivo de un pequeño taller familiar a una empresa industrial, con capacidad para asumir más encargos, incorporar maquinaria y ampliar el catálogo de productos.
El pulsador, de pieza mecánica a elemento de diseño
La evolución de JMT ha ido estrechamente ligada a la transformación tecnológica de los ascensores. Los primeros pulsadores que fabricaba José Antonio Martín eran piezas de baquelita, un material habitual en los componentes eléctricos de la época. Con el tiempo, los materiales, los mecanismos y los acabados han cambiado completamente. "Hoy, los pulsadores son también un elemento de diseño, visible e integrado en la estética del ascensor", explica Daniel.
Mientras tanto, la empresa catalana ha ido ampliando el catálogo, pero sin abandonar su especialización. Actualmente, fabrica pulsadores, pilotos, botoneras y complementos de señalización para ascensores.
Para adaptarse a estos cambios, las instalaciones de l'Hospitalet se han ido modernizando para incorporar maquinaria especializada, como cortadoras y grabadoras láser y plegadoras, que permiten trabajar diferentes materiales y acabados.
De l'Hospitalet a mercados internacionales

El crecimiento de JMT también ha comportado la ampliación del mercado más allá de Catalunya y del Estado español. La compañía trabaja principalmente con fabricantes de ascensores, empresas mantenedoras, instaladores y distribuidores, que llevan sus componentes a diferentes países. Esto ha permitido que los productos de JMT, que destacan por su especialización, lleguen a mercados internacionales, aunque la empresa no siempre conoce el destino final de las piezas.
Un camino que la compañía ha conseguido manteniendo una estructura relativamente pequeña. Actualmente tiene 12 profesionales, muchos de los cuales acumulan una larga trayectoria dentro de la empresa, y unas instalaciones de 1.000 metros cuadrados. "Quizás no somos una gran empresa, pero sí que tenemos detrás más de seis décadas de experiencia, conocimiento y especialización", reivindica Daniel.
Tres generaciones al frente del negocio
Uno de los factores que explican la continuidad de JMT es su carácter familiar. Después del fundador, sus tres hijos participaron en el crecimiento y la modernización del negocio. Actualmente, la tercera generación ha asumido el relevo. Para Daniel, esta continuidad ha sido fundamental para preservar el conocimiento acumulado y la manera de trabajar de la empresa: "Nuestro abuelo era una persona muy trabajadora y exigente. Dedicó muchas horas a la empresa y supo mantener vivo el proyecto incluso en los momentos más difíciles".
El relevo generacional no siempre ha sido sencillo y las visiones y retos de cada generación han podido provocar también debates y discrepancias. Pero Daniel ofrece una visión optimista: "Forma parte de la evolución de una empresa familiar: saber escucharse, encontrar puntos de acuerdo y avanzar juntos".
Merino Martín: "Hay una manera de trabajar que viene de nuestro abuelo y que continúa presente"
La familia identifica tres factores que han definido la trayectoria empresarial: el trabajo, la constancia y la capacidad de adaptación. "JMT ha crecido, se ha industrializado y ha incorporado tecnología, pero hay una manera de trabajar que viene de nuestro abuelo y que continúa presente", asegura Merino. Por eso, uno de los retos es continuar creciendo sin perder los orígenes.
El principal objetivo es continuar desarrollando nuevos productos y mejorando los procesos de fabricación sin perder el carácter familiar que ha definido la empresa desde los inicios: "La continuidad de una empresa familiar no consiste en hacer siempre las cosas de la misma manera, sino en saber evolucionar sin perder la propia identidad".
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