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De fabricar frenos de tambor para Seat a equipar motos y bicis de marcas internacionales como KTM, Ducati u Orbea. Y de aquellos primeros componentes a acumular más de 150 títulos mundiales junto a pilotos como Àlex Crivillé, Marc Márquez o Toni Bou. Es la historia de Galfer, empresa catalana fundada en 1952 y que se ha convertido en un referente mundial por las frenadas de motos y bicicletas. Desde Montmeló fabrican frenos que llegan a más de 60 países y equipan algunas de las motos más potentes: "La mayor parte de fabricantes fabrican en Asia, nosotros lo hacemos todo en Catalunya".
Un italiano, Seat y los primeros frenos
Maffio Milesi era un emprendedor italiano establecido en Catalunya dedicado a la importación y exportación y vinculado al sector de la automoción. En los años 50, cuando el Instituto Nacional de Industria impulsa la Seat en Barcelona, con el apoyo tecnológico de la italiana Fiat, ve una oportunidad de negocio. "Tenía conocimiento de los sistemas de frenos y empezó haciendo las guarniciones para los frenos de tambor", explica Guillermo Font, director de marketing de Galfer.
La relación con el fabricante español se consolida y va a más: entre los vehículos que incorporaron componentes de Galfer estaba el popular Seat 124, uno de los automóviles más populares de la España de la época. La empresa gana reputación y llegan nuevos clientes, como Pegaso o la mítica Sanglas de motos: "Fue diversificando la clientela, pero siempre especializado en frenos".
Font: "Mantenemos los mismos valores familiares"
El director de Marketing descubre una de las claves que han acompañado el crecimiento de la empresa: "Desde el principio, Maffio marcó la personalidad de Galfer con la confianza de los clientes. Sabían que podían confiar en la calidad de lo que entregaban y en los plazos. Nunca los dejaba colgados". "Unos valores muy familiares" que permitieron cumplir las exigencias de un fabricante como la SEAT. Hoy en día, Galfer todavía está en manos de la familia Milesi: "Mantenemos los mismos valores".
El relevo generacional en las dos ruedas
El gran cambio de rumbo llegó a finales de los años setenta, con la incorporación de la segunda generación de la familia Milesi. Los tres hijos del fundador, actuales propietarios de la empresa, empezaron a impulsar una transformación que acabaría redefiniendo el negocio. En aquel momento, aproximadamente el 80% de la facturación de Galfer dependía de Seat. Un negocio de grandes volúmenes, pocos márgenes y mucha dependencia.
La respuesta fue buscar una especialización diferente. Durante los años ochenta, Galfer empieza a mirar a las motos. "Fue una decisión de negocio, pero también de pasión", explica Font, que añade: "Los tres hermanos eran muy moteros y vieron la oportunidad de especializarse en un nicho donde podíamos tener más protagonismo". La transición se hizo gradualmente, empezando con fabricantes concretos como Ducati, Vespa y otras marcas del sector, siempre pensando en las motocicletas de altas prestaciones.
De Àlex Crivillé a Marc Márquez

En 1989 llegó un gran punto de inflexión para Galfer: Àlex Crivillé ganó el Mundial de motociclismo de 125 cc con componentes de frenado de la marca. Era el primer título mundial de la compañía y el inicio de una relación con la competición que, con los años, se convertiría en una de sus principales señas de identidad. Desde entonces, Galfer ha estado vinculada a pilotos como Toni Bou, Marc Márquez, Àlex Márquez o Laia Sanz y acumula más de 150 títulos mundiales en diferentes disciplinas.
Font: "La innovación y la calidad siempre han sido una obsesión para Galfer"
No es solo una estrategia de visibilidad o marketing, recuerda Guillermo: "No patrocinamos un equipo que no lleve producto Galfer. Queremos desarrollar el producto conjuntamente con los equipos y demostrar al mundo que funciona y que gana". Las condiciones extremas de las carreras permiten poner a prueba los materiales, detectar necesidades y trasladar los aprendizajes a los productos comerciales.
"La innovación y la calidad siempre han sido una obsesión para Galfer. Le dedicamos muchos recursos porque es lo que nos ha hecho diferentes durante toda nuestra historia", destaca el director de marketing.
El disco Wave, la patente que dio la vuelta al mundo
Un ejemplo de esta innovación fue el desarrollo del disco de freno Wave, caracterizado por su contorno ondulado. El producto, creado a finales de los años 90, situó a Galfer como un referente mundial en el sector de los frenos. Ahora, con la patente ya caducada, es un freno utilizado por marcas y fabricantes de todas partes. "El Wave nos ha dado mucho, tanto en ventas como en posicionamiento. Nos ha hecho reconocibles en todo el mundo y nos ha situado como una empresa innovadora y disruptiva", explica Font.
También en los años 90 se introducen en el mundo de la bicicleta haciendo pastillas de freno y ahora los sistemas de frenada para bicis ya representan el 50% de su negocio (la otra mitad son las motos). Un negocio que se basa en los recambios para los consumidores finales (70%) y como primer equipo para fabricantes (30%).
De KTM a Orbea y de Montmeló a 60 países
"Trabajamos con marcas de altas prestaciones y motos de mayor cilindrada, porque el producto de Galfer es de alta exigencia", sentencia Font. Como ejemplo, hace más de quince años que el grupo KTM considera la compañía un proveedor A Plus, una calificación vinculada a sus estándares de calidad y servicio. Ducati, Rieju, Beta, Sherco u Orbea son otras marcas con las que trabaja.
La historia de internacionalización de Galfer se inicia en los años noventa, cuando uno de los miembros de la familia Milesi se trasladó a Estados Unidos para impulsar el negocio. A partir de ese primer paso, Galfer fue construyendo una red comercial internacional que hoy cuenta con unos 500 distribuidores y dos filiales, en Italia y en Estados Unidos. Actualmente, los productos de la compañía llegan a unos 60 países y el mercado español solo representa el 20% de las ventas.
Fabricar en Catalunya para competir con Asia
A pesar de su dimensión internacional, Galfer ha mantenido una decisión industrial que la diferencia de buena parte de sus competidores: concentra toda la fabricación en Catalunya. En 2012, la empresa dejó las antiguas instalaciones del Poblenou de Barcelona y se trasladó a Montmeló, junto al Circuit de Barcelona-Catalunya, en una ubicación especialmente vinculada al mundo del motor y desde donde fabrica diferentes componentes para los sistemas de frenada.
La apuesta por Catalunya es un reto en un sector en el que buena parte de los fabricantes producen en Asia, con costes laborales e industriales inferiores. Pero Galfer considera que mantener el control directo sobre la fabricación es una de las claves de su posicionamiento. "Somos una empresa catalana de nacimiento, con la sede aquí, a pesar de estar presentes en 60 países. Queremos controlar todo el proceso y no delegar la calidad", concluye Font.
Font: "La ventaja es que somos una empresa familiar, saneada y con una visión de largo plazo"
Más de siete décadas después de su fundación, Galfer continúa en manos de la familia Milesi. Con unos 130 trabajadores entre la fábrica y la red comercial, la compañía afronta el futuro con la voluntad de mantener un crecimiento gradual y consolidado, sin renunciar a su especialización: "La ventaja es que somos una empresa familiar, saneada y con una visión de largo plazo. Trabajamos pensando en trasladar la compañía a las siguientes generaciones, sin hacer locuras".
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